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01-12-2005 |

Cultura - Madres y Padres

Hacedores de ilusión

La Asociación Ajugar está integrada por un grupo de productores argentinos abocados al diseño y la fabricación de juegos y juguetes didácticos, mamás y papás que trabajan para que jugar sea siempre la posibilidad de todos los chicos.

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Por Marisa Rojas



Después del 2001 algunas cosas ya no fueron igual en la Argentina del nuevo milenio. Las consecuencias económicas de aquel estallido político-económico-social que viviera el país determinaron no sólo un nuevo mapa para el consumo sino también para la producción en sus más diversos órdenes. Y entonces, buenas nuevas historias empezaron a tomar forma. La de Ajugar, Asociación de Productores Argentinos de Juegos y Juguetes, es una de ellas.

“Tras la crisis del 2001 hubo cada vez menos juguetes interesantes en el mercado, lo importado no sólo se volvió difícil de comprar sino también muy difícil de importar, lo que se traía era cada vez de menor calidad, llegaban muchos productos chinos de bajo costo y de muy mala fabricación. Y para los que entonces habíamos empezado a apreciar cierto tipo de productos y nos interesaba que nuestros hijos jugaran con ellos... bueno, tuvimos que salir a hacerlos nosotros, a cubrir de algún modo ese vacío”, cuenta a modo de explicación de los orígenes de quienes hoy conforman Ajugar, Javier Bendersky, responsable junto a la ilustradora Paula Spritz, de Juegos del Caracol.


Así como Javier también hubieron otras mamás y otros papás, profesionales de las más diversas ramas, que ante la necesidad de juegos y juguetes para sus niños, productos que fueran de calidad, con diseño, confeccionados con buenos materiales, divertidos y especialmente seguros, decidieron armar sus propios emprendimientos. “Yo no tenía ninguna experiencia en este campo, si bien siempre como arquitecta diseñé productos, los juegos fueron algo nuevo para mí, pero también algo necesario ante la ausencia de productos que cubrieran las necesidades de juego de mis hijos”, comenta Liliana Stravitz, responsable de Armadillos.

Sería un seminario dictado en el marco de la edición 2003 de “Jugueteando”, la feria de jugueteros organizada por el Centro Metropolitano de Diseño, el espacio que originaría la unión de estos productores y la definitiva conformación de Ajugar. “Al principio nos costó vencer el miedo de asociarnos con competidores, porque aún cuando nuestras propuestas son distintas entre sí también compiten unas con otras, especialmente porque no hay mercado para todos todo el tiempo, pero afortunadamente tuvimos claro que juntos teníamos mucho por ganar”, coinciden hoy los miembros de la asociación. Entre los objetivos generales de Ajugar se cuentan: alentar la conformación de asociatividades, compartiendo la información y los recursos; promocionar las marcas y los productos de los asociados para favorecer su comercialización, difundir las normas de seguridad y los sellos de calidad en los juguetes y promover su cumplimiento. Pero, ¿cuánto hay de cierto en el dicho popular que reza ‘la unión hace la fuerza’?, ¿cómo se trabaja grupalmente sin perder la propia identidad? ¿Qué significa el trabajo como asociación para los productores de juguetes nacionales?


“Una de las características más importantes de Ajugar es que se respetan las individualidades. La asociación no es una masa y dónde va Ajugar vamos todos, no. Cada productor decide por sí mismo de qué acciones de las que se proponen participa. Y puede decir que no sin ningún problema. Cada productor conserva su identidad, su marca, su forma de producir y su estrategia de comercialización, si nos unimos es para potenciar nuestras fortalezas”, explica Javier. Para Liliana, “el grupo es muy importante como soporte, en particular cuando recién comenzás y te encontrás ante infinidad de cosas desconocidas; lo mismo en relación al apoyo y el encuentro con los jugueteros, los animadores, los maestros”. Claudia Rofman, la arquitecta que junto a Ruth Soifer creó Juguetes Clap, sostiene que: “Lo bueno de estar juntos es la sinergia del grupo, se crea algo que individualmente sería imposible, desde cosas sencillas pero importantes como el dato de un cliente que no es bueno porque no paga a tiempo hasta compartir proveedores o espacios”.

A dos años de la formación de la asociación, veinticuatro productores de muñecas, muñecos, rompecabezas, imanes, memotests, dominós, sellitos y maderitas, entre muchos otros productos más, integran Ajugar. En todos los casos, la excelente calidad de las piezas, que se venden en jugueterías didácticas, colegios y hasta en espacios de diseño, es la característica que prima. “Para formar parte del grupo es fundamental que los productos que se fabriquen sean de calidad, que no sean peligrosos, que cumplan con todas las normas de seguridad establecidas, que sean nacionales claro, y especialmente nobles, divertidos, interesantes”, señala Bendersky.


Así como estas específicas características de producción, hay otras, muy especiales, conceptuales y hasta filosóficas, que definen y distinguen a los juegos y juguetes de los productores miembros de Ajugar, esas que hacen que muchos llamen a sus productos como ‘los otros juguetes’. “No podemos decir que nuestros productos son artesanales, no, no es esa la definición. Sí podemos definirlos como ‘juguetes didácticos, alternativos, de calidad y con una alta dosis de diseño’”, coinciden los productores.

Hablar de calidad y de diseño en relación a un juguete didáctico es una posición relativamente novedosa para la industria juguetera. En Ajugar explican que este nuevo paradigma es posible, en particular, por la avanzada del diseño, a nivel mundial, sobre distintos órdenes de la vida. El diseño puso color, alegría y belleza en productos como los juguetes didácticos que tradicionalmente no eran más que maderitas aburridas, pintadas siempre con los mismos colores que no podían así competir frente al juguete masivo que se publicitaba en televisión. “Lo bueno del juguete didáctico es que no se termina en sí mismo sino todo lo contrario, todo niño puede sumarle su parte, completarlo tanto como su imaginación le permita”, enfatiza Stravitz. “En Juguetes Clap somos muy claros en esto, nuestro slogan dice: ‘Te damos algunas ideas pero seguramente la más linda será la tuya’, así invitamos a los chicos a seguir jugando”, explica Rofman. Para Bendersky es muy importante, igualmente, aclarar que: “Se trata primera y principalmente de juguetes, es decir, son productos que aportan algo más que juego pero no por ello significan que si un niño juega con ellos está todo el tiempo como dando un examen de geografía”.


Con la firme convicción de que el juego es fundamental en la vida de todo ser humano, y que cada hombre es lo que como niño ha jugado, los productores de Ajugar se enorgullecen de saber que trabajan haciendo ‘juguetes verdaderos’. Y como la verdad nunca es única ni definitiva, también en la variedad de las propuestas lúdicas de cada producto está la riqueza de la asociación.

“En Armadillos fabricamos espacios que permiten a los chicos imaginarse como diferentes personajes viviendo distintas aventuras cada vez. Tenemos toda una serie que permite desarrollar la psicomotricidad de los niños. Los papás nos cuentan historias maravillosas de cómo los chicos se apropian de sus túneles o casitas y viven allí todo un mundo. Yo recuerdo que de chica me encantaba hacer experimentos en el patio de mi casa, y no sé si mi propuesta actual tiene que ver con eso o no pero sí sé que lo que pretendo es que los chicos que jueguen con Armadillos sepan ir más allá de lo que parece que ya está listo y acabado”, relata Stravitz. Para Bendersky: “La idea que propone Caracol es que los chicos puedan jugar creando, apuntamos a desarrollar ciertas capacidades perceptivas pero en todo momento a través del juego porque sabemos que es algo que no acaba nunca. Estos tiempos son momentos de profesionalización casi extrema, por eso es importante trabajar para que no se pierda el jugar porque es el mejor modo de desarrollar capacidades inteligentes”. También Rofman destaca como característica de sus productos la posibilidad de ir siempre por más: “En Clap todos los juegos tienen una idea primera de cómo jugar, pero de ahí en más cada pibe se apropia de una parte del juguete como más le gusta y entonces arma su propia propuesta a partir de eso. Apostamos a que sepan que siempre pueden hacer su propia historia”.

Y si de hacer la propia historia, de ir por más, de potenciar la imaginación y dar curso a la creatividad se trata, sin duda los miembros de Ajugar saben de qué hablan.

 

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