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01-04-2001 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Graciela Cabal, escritora

Graciela Cabal es una de las escritoras infantiles con más trayectoria. Es autora de más de sesenta libros para niños, jóvenes y adultos, y fue una de la primeras en incluir temas “de grandes” como el sexismo, la religión, el suicidio o la discriminación en sus cuentos y novelas para chicos.

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Los libros de Graciela Cabal son leídos también por los adultos y muchos chicos se engancharon con su última novela, “Secretos de Familia”, aunque está dirigida a los grandes. También es conocida por su trabajo de promoción de la lectura. Es narradora y como presidenta de Alija (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil) fundó más de cuarenta bibliotecas escolares.

En sus libros para chicos incluye temas de adultos. En función de eso, ¿cuál es la particularidad de la literatura infantil?

Yo no hago diferencia entre literatura y literatura infantil. Sé que hay ciertas marcas de género, pero en general se considera a la literatura infantil como una literatura menor o menos prestigiosa. Incluso muchos escritores que escriben para adultos y también para chicos cuando nombran sus libros publicados no nombran a los libros para chicos. Yo escribo para chicos y para grandes, todos los géneros, y la actitud es la misma. Y toco todos los temas: la muerte, la enfermedad, la discapacidad, la desocupación. Para mí no hay temas tabú, los que no toqué fue porque no tuve la necesidad pero no porque me parezca mal.

¿Por qué elige temas que podrían resultar duros para un chico?

Porque la vida es dura. Pero yo no eligo los temas, sino que el tema me elige a mí. Yo toco mucho el tema de la mujer, por ejemplo, y no es que me lo proponga. Estoy haciendo un cuento de gatos y, de repente, me doy cuenta que lo que está saliendo es un tema de estereotipos de lo masculino y lo femenino. Y yo empecé hablando de esta gata y su novio. Pero la ideología sale, se me impone.

Toco unos temas terribles, pero como lo hago desde el humor puedo decir cosas que de otra manera serían insoportables. Yo en la cosa más dramática pongo el humor. Es lo que me sale, no lo puedo evitar. Pero como de la primera persona con la que hago bromas y de la que me río es de mí (llegué a esa gran sabiduría de poder reírse de uno mismo y no tomarse tan en serio la tragedia ni creerse los grandes éxitos), me puedo reír de los demás sin ofenderlos.

Ya que el tema de la mujer es recurrente en su literatura ¿Porqué hay tantas mujeres asociadas con la literatura infantil?

Uno de los motivos, justamente, es que se piensa que la literatura infantil no es cosa de escritores, sino de maestros, de madres o de buenas personas. Y no es así, la literatura infantil es cosa de escritores y de escritoras. Y no tiene que ver para nada con las buenas intenciones. Porque la literatura no tiene buenas intenciones. Yo no me propongo enseñar nada. Yo escribo y de ahí cada uno sacará lo que necesita, su propia moraleja.

¿Tiene en cuenta la complejidad del lenguaje cuando escribe para chicos?

Yo tengo una forma sencilla de escribir también para los adultos. Aunque llegar a esa aparente sencillez me cuesta muchísimo trabajo, uso un lenguaje accesible para todos. Pero me doy cuenta que a veces es compleja la sintaxis. Uso muchos paréntesis, subordinadas y, si se me cruza una palabra que pienso que los chicos no la van a entender, la pongo igual.

Si yo dudo entre lo que le conviene a la literatura y lo que le conviene a los chicos, por respeto a los chicos, elijo a la literatura. Porque los chicos son mucho más inteligentes de lo que pensamos. Si pueden entender el mecanismo de una página de internet ¿cómo yo no voy a poder poner una subordinada?.

Muchas veces las maestras jardineras, cuando están leyendo un cuento, cambian las palabras que les parecen difíciles por otras más fáciles. Yo pido, ruego y exijo que con mis libros no lo hagan. Porque una de las características de la literatura es dejar picando cosas que vos no entendés.

Una particularidad de sus libros es que son leídos por los chicos pero también por los adultos.

La literatura tiene varios mensajes, mis libros tienen en general eso. Lo puede leer en un nivel un chico chiquito o un adulto. Los chicos se divierten en algunas partes y los grandes en otra. Y lo mismo pasa con mis libros para adultos. Secretos de Familia es mi autobiografía vista desde el humor, contada por una nena que quiere entender el mundo y que no lo comprende. Y el libro está lleno de malas palabras, yo jamás pensé que fuera para niños pero los chicos se matan por leerlo.

¿Cuáles son sus estrategias para mantener la atención de los lectores?

Yo no tengo estrategia, yo escribo. Y no sé por qué pero los chicos se enganchan. Lo que yo hago es contar historias donde pasan cosas. Historias que no son estancas y que no siempre tienen un final feliz, algunas terminan muy mal o terminan sin que nadie sepa bien que pasó.

El papel del ilustrador en la literatura infantil es muy importante, sobre todo en los libros para los más chicos. ¿Trabajan en conjunto escritor e ilustrador?

Normalmente no. Por lo general uno escribe el texto y después el ilustrador hace su propia lectura del cuento o le agrega una historia paralela en los dibujos. Y tiene derecho a hacerlo. Pero por ahí un escritor está diez años para que una idea se le ocurra y después el ilustrador la interpreta y no es lo mismo. Por eso yo generalmente pido quien quiero que me ilustre.

En el caso del libro Azul y el de Carlos Gardel, la historia es distinta. La idea de hacer un cuento sobre el color azul se le ocurrió a la ilustradora y Carlitos Gardel no empezó como siempre, con un texto que yo le presento a alguien, sino que empezó con dos dibujos que la ilustardora me mostró. Ese fue un trabajo hecho en conjunto: ella hacía las ilustraciones y yo iba escribiendo los textos.

Usted también es narradora. Cuando narra sus historias, ¿las modifica?

Algunas cosas cambio porque a veces para narrar se necesitan otras palabras pero en general las vuelvo a escribir, tengo dos versiones. Yo me considero una narradora totalmente atípica, porque sólo cuento mis historias. Es una cosa curiosa porque empecé a narrarlas hace unos años. Una historia se completa cuando otro la lee pero ahora yo necesito además contarla y ver a la gente. Ahí es cuando yo siento que la historia terminó.



Cabal dixit

 
“A mí me contaban muchos cuentos cuando era chica. Entonces yo vivía con una confusión muy grande entre la fantasía y la realidad. Me acuerdo que me acostaba a dormir y me arreglaba el camisón y el pelo para que si viniera un príncipe me encontrara bien. Y cuando fuí un poco más grande le tenía miedo a las cosas de la literatura, vivía según lo que estaba leyendo. Con Tarzán, tuve una época en que tenía miedo de ir a la plaza por las arenas movedizas o las plantas carnívoras.”

“Yo escribo desde que era muy chica y antes de saber leer y escribir yo narraba, inventaba cuentos y los contaba. Donde iba me subía a una silla, me paraba y contaba, sin ninguna vergüenza. Mi papá era maestro y me llevaba al colegio de visita y yo lo único que quería era subirme a su escritorio y contarle cuentos a los chicos.Como yo decía que no iba a ir a la escuela, mi mamá me enseñó a escribir y yo empecé a transcribir eso que ya contaba: historias copiadas de los cuentos que me contaban. Y no paré nunca de escribir.”

“Yo no escribía para chicos, hasta que en la editorial en que yo trabajaba me pidieron que hiciera un cuento infantil. Escribí Jacinto, un cuento que la directora de la colección no quería aceptar porque tenía un lenguaje muy atípico, muy coloquial. Pero el dueño de la editorial dijo: sí, que este cuento salga. Y tuvo mucho éxito. Era la época del proceso y en algunas provincias del interior lo prohibieron. Es un cuento sobre el nacimiento de un hermanito pero dijeron que daba una imagen deformada de la familia, los chicos eran más inteligentes que los padres y había una cosa de desorden familiar. Pero el libro se siguió editando en Buenos Aires. Después escribí Tomasito pero ese no se animaron a publicarlo. Era un bebé que hablaba desde adentro de la panza. Años después lo publiqué en otra editorial y ahora Tomasito es una serie. Ya va por el cuarto Tomasito.”

“Una vez fundé una biblioteca en una escuela de chicos discapacitados, donde los maestros mismos me decían que no valía la pena porque eran chicos con discapacidad muy grande. Sin embargo yo hice lo mismo que hacía con otros chicos. Puse los libros en el suelo y los dejé ahí a ver que hacían. Y no hacían nada. Eran chicos que nunca habían estado en contacto con libros.


Entonces, de a poquito uno se fue acercando a un libro, lo agarró y hacía como si fuera un barquito. Después uno logró abrir el libro y ¿sabés lo que hizo? A cada dibujo y a cada página le dió un beso. Para todos nosotros fue una alegría, los maestros se fueron a llorar al baño. Yo digo que esa es su manera de leer, cada uno lee como puede, viendo un dibujito, tocando.”

“Yo siempre decía que nunca iba a escribir sobre el suicidio. Pero una vez fuí a una escuela y un chiquito me dice: Señora, ¿por qué, su personaje Barbapedro se suicidó? Y yo casi me muero. Porque ahí me dí cuenta que el personaje de mi cuento, que termina que se va en un barco, en realidad se suicida. Pero yo ni siquiera me animé a pensarlo, porque mi conflicto con el suicidio es muy grande. Era tal mi negación, que ni siquiera me había dado cuenta.”

 

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