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01-11-2003 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

“Frente al teatro comercial, debemos conformar una opción diferente”

A pesar de la enorme cantidad de espectáculos para niños y adolescentes que se presentan en nuestro país, el teatro infantil sigue siendo un género desvalorizado. Intentando revertir esta tendencia, actores, autores, productores, directores y otros profesionales dedicados al teatro para niños se reunieron en Atina, Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes.

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Por Ariel Saidón

 

 

La unión hace la fuerza. Y el intercambio de experiencias enriquece las posibilidades de creación. Los teatristas que destinan su producción a los niños y adolescentes, parecen tener en claro estas dos ideas. Es por eso que a mediados del año pasado le dieron forma a Atina (Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes) con el objeto de mejorar las condiciones del teatro para niños y adolescentes en la Argentina, promover su desarrollo, difundirlo en el exterior y establecer espacios de intercambio entre los distintos grupos y personas dedicadas a la actividad.

“Atina está integrada por todas aquellas personas que desde su actividad tengan algún tipo de contacto con el teatro para niños: actores, directores, escenógrafos, periodistas, investigadores, músicos, etc. Se fundó el año pasado con la idea de lograr un espacio y un reconocimiento para el teatro para niños y también de mejorar su calidad. Pero sobre todo nos propusimos difundirlo hacia el exterior y comunicarnos con grupos del interior del país que está prácticamente aislado”, señala María Inés Falconi, dramaturga especializada en niños y adolescentes e integrante del Grupo de Teatro Buenos Aires.


Juntarse para crecer

De entre la gran cantidad de espectáculos para niños que se presentan en el país, los realizados por grupos independientes constituyen una inmensa mayoría. A diferencia de los que se presentan en salas oficiales, sostenidos por la nación, provincias o municipios, y los que se presentan en teatros comerciales, apoyados por fuertes producciones y muchas veces por la televisión, los primeros dependen casi en forma exclusiva de sus propios medios para la producción y la difusión de su trabajo.

Pero si bien uno de los objetivos de Atina es el de lograr una mayor difusión del teatro independiente para niños y adolescentes, la idea no es competir con el teatro comercial. “Es prácticamente imposible competir con los espectáculos que vienen promocionados desde la televisión. - se resigna De Urquiza - Nuestro objetivo es conformar para el público una opción diferente. Permitir la alternancia de ese espectador de una cosa a la otra.”

Durante muchos años, los diversos grupos desarrollaban su labor en forma aislada, recorriendo escuelas, realizando giras, y en algunos casos, manteniendo incluso sus propias salas. La necesidad de intercambiar experiencias también los impulsó a agruparse. Mónica Spada, de Puro Grupo, destaca este aspecto. “La idea fue juntarnos para crecer, para generar un espacio de reflexión. Porque somos todos pares que nos pasan las mismas cosas, que tenemos los mismos problemas. Entonces, nada mejor que juntarnos en un espacio para poder enfrentarlos juntos.”

A pesar de su reciente formación Atina ya ha realizado diversas actividades que apuntan en ese sentido: en septiembre de 2002 organizó un foro de teatro para niños y adolescentes donde discutieron sobre problemáticas específicas de su actividad y posteriormente dictó un ciclo de seminarios donde se abordaron diversos aspectos vinculados a la producción de espectáculos para niños y adolescentes.

Es que a pesar de la inmensa producción existente, y la muy buena calidad de algunos espectáculos, el teatro infantil sigue siendo considerado un arte menor. “El teatro para niños obtiene lo que se merece -admite Carlos de Urquiza, presidente de Atina y director del Grupo de Teatro Buenos Aires - sino basta con ir a ver los espantosos bodrios que uno puede encontrar en muchas salas”.

En el camino de revalorizar el teatro para niños, los socios de Atina se encontraron con el problema de la falta de capacitación. “El problema es que muchos artistas consideran al teatro para niños como un primer paso en su carrera y se largan a hacer espectáculos para los pibes sin tener una capacitación específica. Uno de los objetivos de nuestra asociación es trabajar para revertir esta situación”, señala De Urquiza.

“La idea es que la gente que haga teatro para niños pueda especializarse, que tenga una formación específica, que el actor que hace teatro para niños no sea el que recién empieza o el que hace su primer obra sino que realmente sea jerarquizado”, explica Patricia Dorín, secretaria de Atina.

Con el doble objetivo de permitir un mayor desarrollo y mejorar la calidad del teatro infantil, Atina desarrolló una biblioteca de teatro para niños y adolescentes con material editado e inédito proveniente de diversos lugares del país. Funciona en la Universidad Popular de Belgrano (Ciudad de la Paz 1972) y se puede consultar personalmente o a través de internet (www.atinaonline.com.ar).


Festivaleando

Tal vez la realización de un festival, donde puedan mostrar su trabajo frente al público y conocer el de sus pares, sea un hecho fundacional para cualquier asociación de artistas de teatro. Pero es también la oportunidad de apuntar al mismo tiempo a los distintos objetivos de integración, difusión y formación que se trazaron.

En ese camino, y con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro, Atina realiza el I Festival Nacional e Internacional de Teatro para niños y Adolescentes ATINA 2003. Del 4 al 9 de noviembre, se presentarán 17 espectáculos nacionales e internacionales que realizarán 36 funciones para escuelas y público en general en 6 salas distintas de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. También habrá talleres de perfeccionamiento para profesionales y mesas redondas a cargo de invitados especiales.

“El objetivo del festival surgió a partir de que los que hacemos teatro para niños, incluso en la Ciudad de Buenos Aires, estamos muy aislados y pocas veces tenemos la posibilidad de ver lo que está haciendo el otro. Y en relación a los grupos del interior, con quienes estamos más desconectados todavía, la intención era darles la posibilidad de conocerlos y que nos conozcan”, señala Falconi.

Pero la idea es ir más allá de las fronteras nacionales y que el festival funcione a modo de presentación del teatro para niños de Argentina en el mundo. “Porque salvo movimientos individuales de grupos o personas que viajan a festivales por iniciativa propia, no sabemos como está posicionado el teatro argentino para niños en el exterior. -explica la dramaturga-. Por lo que he visto afuera, creo que es muy bueno y merece la pena hacer este esfuerzo para posicionarlo desde un lugar más institucional.”

Además de los espectáculos nacionales seleccionados por el jurado (integrado por Juan Garff, Nora Lía Sormani y Silvina Reinaudi), fueron invitados a participar dos espectáculos del exterior: Animales, una obra de títeres de Pablo Vergne, presentada por el grupo español El Retablo y Malas Palabras, de Perla Szuchmavcher, presentada por Grupo 55 de México. También fueron invitados diversos especialistas y organizadores de festivales de Canadá, España, México y Bolivia.


Entre niños y adultos

Para los integrantes de Atina, no hay grandes diferencias entre un teatrista que elige dirigirse a los niños y el que realiza espectáculos para adultos.

“La diferencia está en el receptor”, dice De Urquiza. “Aunque -reconoce- esto modifica la totalidad del proceso. El autor debe tener en cuenta que está orientando su mensaje a un espectador que tiene una experiencia de vida más corta y determinados centros de interés. Y el actor debe saber que se maneja con un público que tiene un nivel de dispersión mucho mayor”.

“El teatro para niños es un género muy especial. -resume Falconi- A pesar de que integra diversos lenguajes (mimo, títeres, circo, danza, teatro, etc.) tiene sus particularidades. Cuando un adulto trabaja para los chicos tiene que tamizar lo que quiere transmitir a ese espectador y trasladarlo a un lenguaje que no es el suyo. Sino, corre el riesgo de que no lo entiendan o de aniñarse demasiado. Ese tamiz requiere de mucha oreja, mucho contacto con los chicos, estudio y especialización.”

Pero más allá de las especificidades de la actividad, todos coinciden en que se trata de una cuestión de elección. “Cuando alguien elige dirigirse a los niños es porque tiene con ellos un imaginario común. -asegura Dorín- La conexión se da cuando uno vibra en ese lugar.”

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