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01-03-2001 |

Cultura - Madres y Padres

Escuelas de circo

Desde los tres años, los chicos pueden concurrir a clases y talleres de iniciación al circo. Con elementos específicos trabajan integralmente todas las disciplinas: acrobacia de piso, acrobacia aérea, malabares y equilibrio. La actividad circense implica el desarrollo tanto de las capacidades psicomotrices como de las expresivas.

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Por Ariel Saidón



Tradicionalmente, la única forma de aprendizaje que tenían los artistas de circo era la de un padre transmitiéndole a sus hijos lo que a él le había enseñado su propio padre. Así fue generación tras generación. Los artistas del circo viajaban con la carpa de pueblo en pueblo y, en cada lugar, dedicaban parte de su jornada a enseñar el oficio a sus descendientes.


Esta forma de trabajo garantizaba la supervivencia del espectáculo pero, con el tiempo, produjo el estancamiento del arte circense que no permitía la fusión con otras artes. Dispuestos a cambiar la situación, no sin resistencia de sus colegas, algunos artistas de circo comenzaron a transmitir sus técnicas a los que estuvieran interesados.


De esta manera surgieron las primeras escuelas a las que se acercaron actores, bailarines y artistas provenientes de diversas experiencias con la idea de completar su formación. Trajeron un aire nuevo al circo, tomaron elementos de distintas disciplinas y renovaron el espectáculo. Así surgieron el Nuevo Circo, los espectáculos callejeros y otros en los que las técnicas circenses juegan un papel fundamental.


La gente volvió a encantarse con el circo y, en los últimos años, las escuelas y los talleres se multiplicaron. También los chicos se interesaron por esta actividad y hoy es una más en la oferta de actividades extraescolares.


"Mi familia era equilibrista y naturalmente yo tenía facilidad para eso. Pero a mí me gustaban los malabares y la acrobacia. Entonces lo molesté tanto a mi papá que le pidió a un malabarista y a una familia de acróbatas que me enseñara", cuenta Mario Pérez, artista de quinta generación de circo y uno de los primeros en enseñar sus disciplinas a personas que no provenían de familias circenses. "Antes se aprendía de forma diferente. Por ahí en una gira aprendías malabares y, dos años después, aprendías acrobacia o equilibrio. Pero en el circo tenías que aprender todo, tenías que conocer todas las disciplinas”.


Luego de treinta años de trabajar profesionalmente en algunos de los circos con más renombre, Pérez decidió dejar la vida trashumante y dedicarse a la enseñanza. Fue docente en la Escuela de Circo Criollo de los Hnos. Videla (la primera del país), creó la Escuela Municipal de Circo en Berazategui y dictó talleres en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Dirige, junto a Gabriela Ricardes, El Coreto, una escuela del barrio de Palermo. "Coreto" es el detrás de escena del circo, algo así como las bambalinas en el teatro o el backstage en los recitales.


"Nuestro objetivo es que se abran espacios de trabajo y que el circo sea un recurso dentro de otras artes.", explica Pérez. "Darle al alumno herramientas que pueda orientar hacia el teatro o la danza." En su escuela dictan cursos de iniciación a las artes del circo para chicos desde los tres años. Las clases son grupales y abarcan todas las ramas del circo. Incluyen una primer parte de preparación física y otra de conocimiento de las distintas disciplinas.


También en el barrio de Palermo está la escuela de circo La Arena, creada a principios de los 90 por Gerardo Hochman, Mariana Paz y otros artistas provenientes del teatro y la danza, formados en las técnicas circenses en escuelas del exterior.


Mario Sehtman, coordinador pedagógico de La Arena cuenta cuáles son los objetivos del proyecto. "La idea no es formar artistas sino que los chicos disfruten de una actividad grupal, conozcan su propio cuerpo y desarrollen sus capacidades creativas y expresivas. El énfasis no está puesto en el aprendizaje de la técnica; se trata de juego circense en un marco grupal".


En las clases con chicos trabajan en forma integral cuatro grandes disciplinas: acrobacia de piso, acrobacia de altura o aérea, malabares y equilibrio. Los grupos están divididos por edad: de 4 y 5, de 6 a 9, de 10 a 12 y un grupo "bisagra" para adolescentes de 13 a 15 años. Luego, los que desean continuar su formación, se incorporan a las clases para adultos de la disciplina que elijen.
En El Coreto los grupos también están divididos por edad, aunque son más amplios: hay un grupo de preescolar (de 3, 4 y 5 años) y uno de primarios (de 6 a 12). Es que, como sostiene Gabriela Ricardes, "la diferencia física que tienen entre sí, sobre todo el grupo de primarios, les permite complementarse y hacer muchas cosas juntos".


Ricardes cuenta que en sus planes estaba el de abrir un tercer grupo de secundarios (de 13 a 18 años) "pero los adolescentes quisieron venir a las clases de adultos", donde también trabajan todas las disciplinas aunque se deja más tiempo para profundizar en la que cada alumno prefiera.
"El trabajo es diferente en cada grupo - explica - En el de preescolar la actividad es muy recreativa. Se trabaja con elementos específicos (colchones grandes, elementos de goma espuma, etc.) para que tengan un acercamiento a la acrobacia a través del juego y puedan ir conociendo diferentes posibilidades de su cuerpo."


Mario Sehtman, de La Arena, explica que la acrobacia sobre colchoneta da el soporte a las otras tres disciplinas. En efecto, los profesores de educación física hablan del rol, la medialuna y la vertical, tres ejercicios que permiten el desarrollo del equilibrio, la fortaleza en los apoyos y la visión del espacio. A partir de conocer estas cuestiones los objetivos para cada grupo son diferentes. "En el caso de los más chiquitos, el principal objetivo es que logren un buen rolido, que tengan una noción de la medialuna (porque implica una noción del cuerpo invertido) y una introducción a la vertical. En el caso de los chicos de 6 a 9 años se intenta que utilicen menos las manos para salir de su rol y, con los más grandes, se apunta a lograr una mejor vertical y una mejor medialuna."


Mario Pérez, sin embargo, no cree en ninguna disciplina básica. Según él, la base está en la preparación física. Por eso, en El Coreto crearon un programa específico de desarrollo físico en el que trabajan aspectos como lo aeróbico, elongación, fuerza y coordinación.

 

Pero si bien comparte ciertas cuestiones con el deporte y la educación física, el circo implica también el desarrollo de cuestiones expresivas. "Muchos de los chicos que llegan a las escuelas de circo, vienen de la gimnasia deportiva y buscan romper con lo estricto de la disciplina", cuenta Sehtman.


Pérez, que también trabajó como entrenador de gimnasia artística y acrobática, sostiene que "Hay un punto medio entre el deporte y el arte. Y la forma de cuidarse es diferente. En el deporte se prepara al atleta para competir dos o tres veces al mes, con una durabilidad de 7 a 10 años y en el circo necesitamos que estén 'compitiendo' tres espectáculos por día, por lo menos durante 40 años."

 

Los primeros espectáculos en los que participan los alumnos de una escuela de circo son las muestras de fin de curso. Allí los chicos demuestran lo que aprendieron en forma de números artísticos, con una unidad estética o un tema que los aglutine. A veces incluso eligen la música y el vestuario que van a utilizar.


"De esta manera los pibes empiezan a tener una visión integral del circo, que por un lado sirve para desarrollar las capacidades psicomotrices pero también las expresivas, lúdicas o de la creación", dice Mario Sehtman. "La expresión artística no pasa solamente por demostrar cuánto sabés de una técnica, sino por presentar lo que vos sabés hacer de la forma más creativa."

 

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