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01-08-2007 |

Notas y Entrevistas - Teatro Infantil

Escuela de Titiriteros

Reconocidos y premiados, los Titiriteros del San Martín, celebran este año el 30º aniversario de su creación. Co-fundadora de la compañía, y actual directora, Adelaida Mangani le contó a Planetario cómo se soplan 30 velitas, con guantes, entre hilos y varillas.

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Por Marisa Rojas


¿Qué significan 30 años de historia, tres décadas ininterrumpidas de trabajo, para una compañía de títeres y en el marco de una institución estatal?

Es una locura. Más allá de las personas, de los artistas, de los funcionarios, es algo muy importante porque significa, desde el momento mismo de la planificación del presupuesto de una gestión, desde que se dispone y aparece un dinero destinado a pagar a gente que hace este tipo de arte, darle a los títeres un lugar en lo que es la planificación de la cultura. Es asumir que los títeres forman parte, deben formar parte, de un proyecto de ciudad. Esa es mi mirada macro. Ahora, mirado esto desde el hecho real, desde lo que es la vida cotidiana de la Ciudad de Buenos Aires, insisto, es un delirio, es algo insólito, un ataque de locura de Kive Staiff a cuya visión más que de avanzada debemos mucho.

¿Qué recuerdos conserva del momento en que se fundó el Grupo?

Fue en el año 1977. Kive, en ese momento director del teatro, lo convocó a Ariel Bufano para la adaptación y co-dirección, junto a Ruth Schwarez, de David y Goliat. Aquella primera experiencia de Ariel en el ´77 en el San Martín fue muy exitosa y entonces los tres, el Director del Teatro, Ariel y yo, empezamos a pensar en cómo seguir adelante con este particular arte de los títeres. Los recuerdos son muchos, pero entre los hitos creo que vale recordar El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca con dirección de Ariel. Es un espectáculo muy importante en la historia del Grupo porque fue el primer espectáculo que hicimos para el público adulto. Con El amor… se inauguró en el año '79 la Sala Cunill Cabanellas que hasta entonces era una confitería y que dejó de serlo para transformarse en un espacio experimental.

Y vaya forma de experimentar presentando teatro de títeres para adultos, ¿verdad?

En realidad, en esa época los titiriteros profesionales montaban de tanto en tanto un espectáculo para adultos. Pero no sólo lo hacían muy de vez en vez sino que además se trataba de una sola función, en algún pequeño reducto under al que íbamos el resto de los titiriteros y algunos intelectuales a quienes les gustaba eso. Con la obra de Lorca nosotros hicimos temporada durante dos años, en un teatro oficial, en plena calle Corrientes, mientras que por las tardes hacíamos la tradicional temporada para niños.

¿A qué se debe ese fuerte enlace en el imaginario cultural local que vincula casi con exclusividad el teatro de títeres con el público infantil?

Yo creo que para responder al respecto hay que mirar en dos sentidos. Por un lado, puedo decirte que se vincula fuertemente a este tipo de teatro con la infancia porque el teatro de títeres es un género que necesita de la presencia del público para que el hecho estético se concrete más que cualquier otro género teatral. El fenómeno títere requiere del público una creencia, un estado del creer, de asumir la convención teatral, que es muy superior a la que exige el hecho teatral de actores. La convención que exige el teatro de títeres, que es una convención que podríamos llamar ‘redoblada', con el niño se da, prácticamente, de manera inmediata.

¿Por qué?

El niño cree porque su vida se desarrolla a partir del juego. Si juega crece, si no juega no crece. Entonces, como la actividad central de la infancia es el juego, son los niños el público privilegiado para creer en algo que es verdad pero que no es real. Cuando el público adulto acepta la convención del teatro de títeres, también es un público como yo digo ‘privilegiado'. Una vez que al público adulto le sucede eso es imbatible, porque si atravesó toda esa convención es porque ya está entregado.

Habló ud. de dos sentidos en que pueda darse respuesta a este viejo prejuicio…

Sí. En el otro sentido, no podemos dejar de observar que en Argentina hay una corriente pedagógica respecto a los títeres, a su uso. En la formación de los maestros jardineros, en los programas escolares de la etapa educativa inicial, los títeres ocupan un lugar fuerte como recurso pedagógico. No así en las escuelas para adolescentes y mucho menos en las de adultos. Esto también es una cuestión cultural. En la Facultad de Filosofía, cuando se ve Historia del Arte, los títeres no aparecen, como si los títeres no fueran un arte; tampoco a los actores se los forma con títeres, ni a los artistas plásticos. Claro, cuando alguno los descubre enloquece. Pero en general, excepto para el público infantil, los títeres son considerados un arte menor. Los títeres son un tipo de arte marginal, que queda como de costado; para la gran masa cultural los títeres no existen.

¿Qué implica para un titiritero, en su desarrollo como artista, formar parte de un arte menor?

Yo la primer mirada que tengo al respecto es a favor. El lado positivo de la marginalidad es que, como todo arte en sus etapas marginales, los títeres nunca son apoderados ni interesan a las estructuras de poder. Podés trabajar muy libremente, porque además los mecanismos de los títeres te permiten cosas que con un actor nunca podrías hacer, como cortarle la cabeza. Ahora, este carácter marginal de los títeres tiene, entre sus desventajas, que si no fuera por la mente delirante de alguien como el director del teatro, el Grupo no existiría, ni ahora ni nunca hubiese existido. Y tampoco serían de importancia los títeres para ningún otro evento cultural, y no me refiero sólo a la ciudad. Este carácter menor de los títeres también es negativo cuando precisamente por considerárselo menor la calidad no entra como exigencia, y esto involucra tanto al público como al que lo hace.

¿Cómo se define, por nombre pero más específicamente, por desarrollo artístico, un titiritero del San Martín?

Un titiritero debe tener básicamente formación actoral. De hecho, en el Taller Escuela del San Martín la formación actoral es estricta. Pero el titiritero no es una especialidad del actor, sino que es un lenguaje específico. Lo que el titiritero tiene que saber hacer no tiene por qué saber hacerlo el actor, y es un trabajo que el titiritero tiene que hacer durante toda su formación y toda su vida. Me refiero a transformarse en alguien que, concentrando en sí mismo toda la capacidad expresiva de la situación que tiene que transmitir, pueda transferirla a un objeto de manera que lo expresivo sea el objeto y no él. Ese camino, ese andar hacia el objeto, es el lenguaje del titiritero. Podés ser un actor espléndido, pero si no podés transferir al objeto expresión, el público sólo va a ver un guante o un pedacito de madera. Si logra hacerlo, si esa síntesis persona-objeto está correcta, entonces ha de verse un objeto expresivo. El camino para lograr esa síntesis cuerpo-objeto, es la formación del titiritero.


Un estreno para celebrar

En el año de su 30º aniversario, el Grupo de Titiriteros del San Martín presenta El maravillo viaje de Maese Trujamán y su extraordinaria compañía, un recorrido entre el corazón y la memoria que incluye pasajes de La historia de Guillermo Tell y su hijo Gualterio, Teodoro y la luna, Pepe, el niño de papel, Pulgarcito, El pájaro azul, Pepita, Romance del Señor Titiritero, Historias de gatos, Una vez en la selva, Paso a paso, Robin Hood, entre otras obras de su trayectoria, y donde también hay lugar para La orquesta, El cilindro mágico y los personajes de El Gran Circo, agrupados en ejes temáticos -los niños, el amor, los poetas, los animales, los héroes-, a modo de guía por la larga y rica historia de la emblemática compañía. “Cuando empezamos a pensar con el Director del Teatro cómo íbamos a abordar este año y de qué modo íbamos a celebrar y a homenajear todos estos años de trayectoria, pensamos en un espectáculo que fuera una gran fiesta que el grupo realizara sobre el escenario. A mí se me ocurrió que ese espectáculo tuviera fragmentos de muchas de las piezas que estrenamos en todo este tiempo, y que cada parte estuviera enlazada a través de la participación de los personajes que son emblemáticos del Grupo, luego apareció además la idea de englobar cada fragmento en grupos temáticos y así llegamos a este maravilloso viaje", cuenta Mangani.

Consultada sobre aquellos personajes que no podían faltar en esta celebración, considerando las generaciones que crecieron junto a ellos pero también los nuevos espectadores, la directora del Grupo no duda en mencionar a: La Bella y la Bestia, “ese gran trabajo de adaptación y de dirección que hizo Ariel partiendo de la historia de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont y que además significó todo un quiebre en el modo de abordar un espectáculo de títeres en su momento”; tampoco David y Goliat, ni los números del ‘Circo’ y por supuesto menos aún ‘Goleto’ “porque es el más famoso de los héroes".

Teatro San Martín. Sala Martín Coronado.
Av. Corrientes 1530. 0800-333-5254.
Sáb. y dom. 14:30 hs. Entrada $ 10.



Planeta Titiriteros del San Martín

El Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín, que dirige Adelaida Mangani y que integran Carlos Almeida, Ana Alvarado, Ariadna Bufano, Alejandra Castillo, Eleonora Dafcik, Roberto Docampo, Alejandra Farley, Silvia Galván, Román Lamas, Tito Lorefice, María José Loureiro, Mabel Marrone, Hernesto Mussano, Esteban Quintana, Marta Raggi, Guillermo Roig, Ivo Siffredi, Daniel Spinelli y Florencia Svavrychevsky, fue creado en 1977. Por entonces, Kive Staiff, Director del Teatro, actual Director General y Artístico del Complejo Teatral de Buenos Aires, convocó al titiritero Ariel Bufano para adaptar y dirigir la obra David y Goliat, de Sim Schwarz. Tras aquella primera y exitosa experiencia, Staiff y Bufano, junto a Mangani, gestaron la creación de un elenco estable de titiriteros que contara con el apoyo económico y técnico necesario para desarrollar y experimentar alrededor de un arte milenario, poco difundido en la Argentina de esos años.

El estudio permanente, la incansable investigación, la búsqueda del perfeccionamiento constante, el empleo de las más variadas y novedosas técnicas, dieron al Grupo de Titiriteros el reconocimiento de público y de artistas, trascendiendo incluso las fronteras del país. En su repertorio, que excede la treintena de obras, se cuentan piezas como Pierrot Negro, Gaspar de la Noche, El pájaro azul, Romeo y Julieta, La zapatera prodigiosa; y entre sus distinciones, el premio "Salimos" al mejor espectáculo del año 1982 por La bella y la bestia; el premio del Festival Cervantino de Guanajuato, México, en 1988, por El gran circo criollo y el premio Clarín 2003 al Mejor Espectáculo Infantil por la misma pieza.

Paralelamente a la evolución de la compañía, en 1987 se creó el Taller Escuela de Titiriteros Ariel Bufano del Teatro San Martín con el objetivo de volcar las experiencias obtenidas en las nuevas generaciones de titiriteros. El plan de estudios del Taller se desarrolla intensivamente a lo largo de tres años e incluye formación en dramaturgia así como entrenamiento corporal, formación actoral, musical y por supuesto, manipulación de objetos y títeres. Muchos de los egresados del Taller han integrado, e integran, el Grupo. Otros, se destacan fuera del San Martín en sus propias compañías, pero con el sello inconfundible de "la escuela" de titiriteros de Buenos Aires.

 

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