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01-10-2005 |

Crianza - Madres y Padres

El turno de los niños

En los últimos años se modificó el uso de los espacios públicos en las ciudades. Según el pedagogo Francesco Tonucci, esto genera seres más dependientes ya que los niños sólo pueden salir a la calle acompañados por un mayor. A través del proyecto “La Ciudad de los Niños”, puesto en práctica en Italia, España y Argentina, propone darle la palabra a los más chicos con el convencimiento de que si una ciudad es apta para los más débiles es mejor para todos.

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Por Ariel Saidón

 


¿Cómo surge el proyecto La Ciudad de los Niños?

La Ciudad de los Niños surge a partir de un análisis que yo hice de la situación de los niños en las ciudades modernas. En las grandes ciudades de los países desarrollados, por diferentes motivos, yo encuentro que los niños están solos. Y generalmente la solución a ese problema es resuelta, o se intenta resolver, desde el ámbito privado y familiar, mayormente a través del consumo. Comprándole juguetes y otros objetos, los padres intentan paliar la soledad del niño, como si eso reemplazara a la falta de tiempo y espacio compartidos, la falta de comunicación. Pero esas soluciones privadas siempre fracasan porque el problema es social y, entonces, las soluciones deben ser sociales y, sobre todo, políticas.

¿Por qué están solos los niños en la ciudad?

La ciudad contemporánea es una ciudad privatizada donde cada vez hay menos espacios públicos donde encontrarse. La gente se mueve en coche entre lugares cerrados autosuficientes. Los Shopping Center y los complejos de entretenimiento no necesitan del afuera, todo está allí dentro. Entonces el espacio público queda vacío y por lo tanto se vuelve peligroso. Hoy los niños están solos porque no tienen espacios donde jugar, quedan encerrados en sus “casas-fortalezas” en vez de salir a buscar amigos.

¿Cómo sería, entonces, La Ciudad de los Niños?

Yo no estoy planteando una ciudad sólo para niños, donde el adulto, el joven o el anciano no tengan lugar. La Ciudad de los Niños no es una ciudad con más espacios para el juego de los niños, sino una ciudad donde haya un espacio público que pueda ser aprovechado por todos. Porque los niños no quieren una ciudad sólo para ellos, somos los adultos, y eso es lo que me asusta cada vez que lo pienso, los que queremos una ciudad sin niños ni ancianos que nos molesten. Entonces pensamos en espacios específicos para que ellos jueguen seguros, ludotecas o parques de juegos. Pero lo único que piden los niños es que los dejemos salir afuera a jugar y poder encontrarse con sus amigos.

A su vez, eso haría más seguras a las ciudades. Porque ya sabemos que la seguridad no se soluciona aumentando la vigilancia. Los niños dicen: “No es necesaria más policía para tener más seguridad.” Nosotros, los adultos, frente a cada problema pensamos en soluciones costosas, pero los chicos no manejan dinero, entonces plantean soluciones mucho más sencillas. La ciudad segura es la ciudad que se vive.

¿Y qué pasa con el tiempo libre de los niños?

Indudablemente, los chicos necesitan de más tiempo libre. Hoy se apunta a un aprovechamiento al máximo del tiempo de los chicos. La escuela, por ejemplo, ya ocupa muchas horas y con los deberes ocupa además un tiempo que debería estar dedicado a otras cosas, a la familia o al juego. Luego están las otras ocupaciones de los chicos como hacer un deporte o estudiar un idioma. Yo creo que los padres deberían dejar más solos a los niños, darles autonomía y no estar todo el tiempo ocupándose de ellos. Porque los chicos necesitan de tiempo sin el control del adulto. Necesitan de cierto riesgo para adquirir su propia autonomía. Con la presencia del adulto, el niño no puede vivir experiencias básicas como explorar, inventar, descubrir, maravillarse, tener miedo, arriesgarse o encontrar obstáculos, porque el adulto le soluciona todos estos problemas antes que ocurran.

¿A qué se refiere cuando propone crear una nueva cultura de la infancia?

Lo que yo propongo es que escuchemos lo que los niños tienen para decir, que tengamos en cuenta su opinión y actuemos en consecuencia. Porque tradicionalmente el adulto piensa en ellos como un ser en potencia, la niñez es valorada por lo que puede llegar a ser en el futuro. Entonces se la protege, se piensa cómo ayudarla, para que sea en el futuro lo más parecido a nosotros. Pero no es tenida en cuenta en el presente. La nueva cultura de la infancia es la cultura del niño de hoy.

¿Cómo se aplica esta concepción de la infancia en la escuela?

En la escuela esto debería estar presente desde siempre. Lamentablemente no es así. Pero es una obligación. Es un derecho de los chicos reconocido por la Convención de los Derechos del Niño en su artículo 12. Yo digo que las escuelas que no tienen en cuenta el punto de vista de los chicos son “escuelas ilegales”.

Es fácil estar de acuerdo desde el pensamiento con lo que plantea, lo difícil es ponerlo en práctica, tomar la decisión y asumir los riesgos...

Es difícil pero es un deber que tenemos los adultos. La Convención de los Derechos del Niño es la ley más universal que existe, sólo dos países en el mundo no se acogieron totalmente a ella: Estados Unidos y Somalía.

Y sé que hay otras prioridades, acá me dicen que hay niños que se mueren de hambre. Esa, indudablemente, es una prioridad pero no la única. Porque los niños tienen que comer pero no por eso tienen que renunciar a su derecho a ser niños. No podemos pedirle a un niño que suspenda su niñez hasta que haya comido. Tenemos que comprender la complejidad del problema, los niños necesitan seguir siendo niños, tienen la necesidad de comer pero tienen también la necesidad de jugar y de ser felices a pesar de todo.



Planeta Tonucci

Investigador del Instituto de Psicología CNR (Consiglio Nazionale delle Riecerche) de Roma, Francesco Tonucci es autor del proyecto “La Ciudad de los Niños”. El proyecto convoca a los alcaldes del mundo para escuchar a los chicos, creando Consejos de Niños, elegidos por sus pares, quienes, debatiendo, jugando y diseñando, llevan adelante iniciativas para transformar la ciudad, reuniéndose con las autoridades en forma periódica, realizando un trabajo imaginativo y provocador.

Tonucci utiliza el ensayo, el lenguaje gráfico y el comic para comunicar los aspectos más relevantes de sus investigaciones. Con el seudónimo de Frato dibuja viñetas y construye humor, a través de las cuales intenta expresar el punto de vista de los niños. Ha publicado numerosos libros: Con ojos de niño (1983), Niño se nace (1985), Cómo ser niño (1985), La soledad del niño (1994), La ciudad de los niños (1996), ¡Si no hacéis como yo! (1995), Cuando los niños dicen ¡Basta! (2003), entre otros.

 

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