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01-04-2000 |

Educación - Madres y Padres

El fascinante mundo de los más chiquitos

Antes, sólo las guarderías y los jardines maternales se ocupaban de los chiquitos mientras sus padres trabajaban. Pero en los últimos años, empezó a desarrollarse una gran variedad de actividades orientadas a los más chicos: escuelas de natación, talleres de arte y escuelas de música. Opciones de Educación Temprana.

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Por Ariel Saidón



Promediando el año 1983 Beatriz Saal, licenciada en Ciencias de la Educación, desarrolla un campo específico dentro de la educación de los más pequeños, el de la Educación Temprana, definiéndola como “aquella que se desarrolla en los primeros años del niño y está dirigida a él y a sus padres”, crea así el Primer Centro de Educación Temprana, Planeta Juego.


Surgió a partir de la necesidad de los padres de intercambiar experiencias y revisar sus conceptos sobre crianza. “En la sociedad moderna, donde los cambios son tan rápidos y hay exceso de información, los padres se desorientan, sobre todo teniendo en cuenta que los chicos actualmente están expuestos a estímulos diferentes de los que recibieron ellos en su momento. Ante esta situación, la educación temprana intenta “acompañar a los padres en el proceso de crianza y de construcción de su propio modelo familiar.”


Saal diferencia educación temprana de estimulación temprana: “no se trata, desde la educación temprana, de estimular al bebé para que sea más inteligente o se destaque en alguna tarea, sino de acompañarlo en su desarrollo, ofreciéndole desafíos acordes a su edad en un entorno social. En cambio la estimulación temprana se dirige a niños con algún déficit que requiera una atención especial.”


En 1999 se abre en Argentina la delegación de ACEI (Asociation Childhood Education International) en la que trabajan profesionales de la salud y la educación, siendo uno de sus objetivos lograr que el Estado promueva la educación desde el nacimiento, como parte de un programa de desarrollo social.


Hugo Sverdlof, médico pediatra y miembro de ACEI Argentina, dice: “Consideramos que es desde el campo de la prevención donde podemos intervenir para promover la mejor calidad de vida posible, tanto para el niño como para su familia”.


Para poder insertarse en la escuela y más adelante saber cómo desempeñarse en la vida no basta con una buena alimentación. Además de los nutrientes necesarios para su desarrollo físico, un niño pequeño tiene que recibir otras cosas. “Si a los seis años un chico no tuvo suficiente estímulo del medio, el sistema escolar lo expulsa y el chico queda marginado”, aclara Saal, quien preside la asociación. Y esto sucede, sobre todo, entre los chicos de las clases sociales más bajas.


Volviendo al tema de los padres, la licenciada Saal nos cuenta que “los padres que se acercan a Planeta Juego lo hacen porque se dan cuenta que los chicos necesitan una vida social, buscan estar con otros chicos; el bebé entra en contacto con otros bebés y los padres, a su vez, están contenidos e informados acerca de lo que sus hijos necesitan.”


En el centro de educación temprana integral, donde se cubren todas las áreas del desarrollo, los grupos están divididos por edades. “Con los bebés de tres meses se trabaja todo lo que tiene que ver con la percepción y los sentidos; en los grupos de seis a nueve y de nueve a doce amplían el conocimiento del mundo que los rodea a través de imágenes, voces, tacto y contacto, actividades musicales, juegos con el cuerpo y se los prepara para las nuevas adquisiciones: sentarse, gatear, caminar…” Y así con las diferentes edades. “El programa se desarrolla respetando los tiempos y la evolución de cada niño”, concluye Saal.


Pero lo que caracteriza a la educación temprana es la inclusión de la familia y allí está puesto el acento. A diferencia de los jardines maternales, aquí los docentes generan su actividad para el grupo que está conformado tanto por los chicos como por sus padres. “Las mamás toman contacto con otras madres para entender qué está pasando en esa etapa de la vida de su hijo”. Además aprenden un lenguaje sin palabras para comunicarse con él y, así, descubren qué necesita y cuáles son sus deseos.


“Entre los bebés se da una comunicación que los adultos desconocemos”, agrega Saal. De hecho, hacia allí apunta la capacitación de los profesionales que se desempeñan en este área, a desarrollar su sensibilidad para un lenguaje no verbal al que no están acostumbrados, y que los remite a experiencias muy tempranas de su propia vida. “Por eso -dice Saal- es muy importante que el docente las revise antes de ponerse a trabajar.”

 

Por una cuestión de disponibilidad de tiempo, las madres son quienes concurren más habitualmente. Pero los papás, e incluso los abuelos, también participan de las actividades. Estos últimos, por su influencia sobre los padres, ocupan un papel muy importante en la formación del chico. Ellos mismos buscan, también de esta manera, un canal de comunicación con sus nietos.

 

“Los padres disfrutan mucho -concluye Saal-, aunque no desde la tarea de cuidar a su hijo sino desde el placer de jugar.”

 

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