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01-10-2016 |

Educación - Madres y Padres

El desafío de la lectoescritura

Mi-ma-má- me-a-ma-, mi-ma-má-me-mi-ma: de la silabificación clásica al método de las hipótesis, aprender –y enseñar– a leer y escribir siempre fue un gran desafío. En tiempo de diagnósticos cruzados, la psicopedagoga Mariana Wassner invita a acompañar a cada niño en su tiempo personal de entrar al maravilloso mundo de las letras.

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Por Gabriela Baby


El lenguaje escrito es la puerta de entrada a un universo infinito de conocimientos y aventuras. Es también la llave mágica al mundo del estudio, de la vida en sociedad, de la cultura. Pero aprender a leer y a escribir es una tarea ardua, que los adultos naturalizamos, a la que muchos chicos se enfrentan con dificultades.

Con la certeza de que todas las personas tenemos la capacidad de aprender, docentes y especialistas buscan, siempre, nuevas formas de enseñar: sin palotes ni renglones llenos de rulos y sin silabeo coreado de “mamás que miman y aman” indiscriminadamente. La Lic. Mariana Wassner, psicopedagoga y especialista en proyectos de inclusión escolar, responde algunas preguntas sobre ese momento tan especial que implica el pasaje al mundo de la lectoescritura.


¿Aprender a leer y escribir es aprender a decodificar un sistema de signos?

Así como leer no es convertir las imágenes gráficas en sonidos, ni escribir es convertir los sonidos en letras escritas, aprender a leer y a escribir es un proceso muy complejo, en el que intervienen tanto aspectos biológicos como una época histórica, el momento social, la situación familiar y la historia personal de cada niño, sus aspectos emocionales, su modo de aprender, sus tiempos personales, el modo de enseñanza, la función de la escuela y las características específicas de este objeto de conocimiento que es el lenguaje.

Es decir, la lectoescritura implica un proceso de construcción en el que los chicos van formulando hipótesis. Porque leer es interpretar y dar sentido. Y lo primero que hacen los chicos en este proceso es diferenciar el dibujo de la escritura, que aparece como portadora de significado. Pensemos, por ejemplo, cuando un niño de 4 años ve un cartel de una marca que conoce y dice “ahí dice tal cosa”, o, aún siendo más pequeños, quieren escribir, toman un lápiz y hacen trazos bien diferenciados de los dibujos.

¿Hasta dónde los chicos pueden aprender de sus propias hipótesis?

Una vez que pueden diferenciar lo escrito de lo gráfico puro, los chicos comienzan a buscar reglas, leyes que le den sentido a estas escrituras. Usan letras, números y pseudoletras, hacen letras al revés e intentan explicar por qué escriben como escriben. Por ejemplo, pueden decir que un objeto grande amerita mayor cantidad de letras que uno más chico: que “elefante” lleva más letras que “ratón”. Todas estas hipótesis sobre el lenguaje ocurren mucho antes de la fonetización de la escritura, es decir, antes de que los chicos pongan en relación lo sonoro con lo gráfico. Y todo esto sucede, por supuesto, ¡mucho antes de que los chicos empiecen primer grado!

¿Y en la escuela?

Cuando llegan a primer grado, estas concepciones e ideas de los chicos tienen consecuencias pedagógicas y didácticas: no es lo mismo explicar “la m con la a, ma” que indagar cómo piensan los chicos, cómo piensan la escritura y, en función de eso, enseñarles. En el aula tiene que estar el abecedario, tiene que haber textos de todo tipo y libertad para indagar. Yo creo que el gran desafío del docente es pensar cómo se promueve la curiosidad en los niños, el deseo de saber, que es el motor del aprendizaje. Y, desde ya, aceptar la diversidad, las diferencias: los chicos son distintos, cada uno tiene su tiempo, y entender esto resulta enriquecedor.

¿Por qué muchos chicos salen del jardín leyendo y otros llegan a cuarto grado con muchas dudas en su lectoescritura?

No se espera que los chicos salgan del jardín leyendo y escribiendo, cosa que se ha puesto de moda a pesar de que el diseño curricular no lo avala. Es esperable, sí, que al terminar tercer grado los chicos lean más o menos fluidamente. Pero la realidad es que nos encontramos con chicos de 8 años en adelante que apenas leen, y que, además, no comprenden lo que leen, que escriben mal, juntando y separando palabras, y con errores de ortografía. Esto genera bastante angustia en los padres y preocupación en las escuelas. Lo cierto es que no se aprende a leer y a escribir bajo la idea de repetición, entrenamiento o adiestramiento. Los chicos son chicos, y nadie “no aprende” porque sea vago o no tenga ganas, sino porque le pasan cosas. Hay que poder pensar acerca del entorno familiar, sin juzgar ni culpabilizar a los padres; entender los tiempos de cada niño; evaluar cómo está aprendiendo, qué mecanismos se ponen en juego en esas propuestas de aprendizaje desde lo emocional y desde lo intelectual; cómo está enseñando la escuela; cómo es la situación del niño con sus compañeros. Muchas veces, el hecho de analizar todas estas cuestiones ayuda a que podamos mirar al niño de otra manera, aliviándolo y abriendo canales para que aprenda. 

¿Por qué parece que en este presente hubiera más problemas que antes con el aprendizaje de la lectoescritura?

En estos tiempos del “todo ya”, todo rápido y “ya fue”, se trata a veces de eludir la necesidad o el tiempo del chico. Y la verdad, es imposible evitarles los problemas a los chicos. Por eso hay que darles herramientas para que puedan resolverlos, y esto significa pensar cómo nos ubicamos los adultos frente a lo que les pasa.

Todo esto se puede trabajar, tanto en el ámbito escolar como en el consultorio. En todos los casos, podemos pensar junto al docente estrategias pedagógicas que ayuden al niño a construir experiencias de aprendizaje placenteras y significativas.  



LA MODA DEL DIAGNÓSTICO
Mariana Wassner es integrante de Forum Infancias, una organización de psicólogos y psicopedagogos que propone instalar un debate en la sociedad sobre la patologización y medicalización de las diversas infancias actuales. “Construir juntos intervenciones subjetivantes que posibiliten a los niños, niñas y adolescentes crecer en un mundo sin estigmatizaciones”, sostiene su declaración de principios.

En momentos en que se debate la Ley de Dislexia, Forum Infancias sostiene que esta ley perjudicaría los derechos de los niños poniendo una patología donde no la hay. “El concepto de dislexia hace referencia a un trastorno de origen neurobiológico, que se expresa en la dificultad de los niños para leer. Hoy en día, se han abierto nuevos debates sobre el tema de la dislexia: si existe o no, cuál es su origen, cómo se trata. El problema que plantea el diagnóstico de dislexia, es que no basta con un trastorno neurobiológico para que un niño no aprenda a leer y escribir”, dice Wassner.

¿El diagnóstico alivia o estigmatiza?

Un buen diagnóstico supone escuchar, entender el padecimiento del niño, en primer lugar, y de su familia. Diagnosticar no es “poner un nombre” sino evaluar la complejidad de la situación, tomando al niño en contexto y no como “un cerebro” al que hay que reprogramar o aplicar terapias de entrenamiento.

¿Por qué una definición podría ser perniciosa?

Cuando se atribuye el problema a una sola causa, y se concluye que hay una solución en la que no están involucrados los afectos, ni la época, ni la familia, ni los modos particulares de aprender, estamos cayendo en una lógica patologizante y medicalizadora que suele obedecer a ciertas leyes del mercado. Esto no ayuda porque se está responsabilizando solo al niño de una situación y no se está pensando en términos de responsabilidades compartidas. No hablo de echar culpas, sino de pensar que algo les está pasando a los chicos, y que necesitan de nuestro sostén, amparo y apoyo como adultos para acompañarlos.

 

 


 

WASSNER DIXIT 
“El conocimiento, en tanto construcción, es creciente, no es innato ni se arma por imposición. Es un interjuego dialéctico entre lo que el medio ofrece, con intencionalidad de enseñar, en este caso la escritura, y los saberes previos de los niños, los esquemas y marcos asimiladores que les permiten comprender la realidad. Por lo tanto, pensar en función de las dificultades que tienen los niños en el aprendizaje de la lengua escrita supone considerar el modo singular en que cada niño formula hipótesis, cómo resuelve situaciones de conflicto que motorizan el aprendizaje.

Las intervenciones, tanto en la clínica como en la escuela deben apuntar a promover experiencias significativas, que generen curiosidad y el deseo de aprender. No se trata de evitar situaciones de conflicto cognitivo sino que el niño construya herramientas internas, intelectuales y simbólicas, como para poder avanzar en sus aprendizajes.

Una concepción centrada exclusivamente en los aspectos neurobiológicos, dejaría al niño atrapado y sin salida, a la vez echaría por tierra la enorme complejidad de lo que significa aprender, en un tiempo y espacio, desde cada singularidad, y en un contexto escolar, social, e histórico. (…) Cabe preguntarse, entonces, quién es el que aprende, si el cerebro que un niño porta, o el niño en su singularidad".

Lic. Wassner, Mariana en “La construcción del lenguaje escrito en los chicos: una mirada desde la clínica psicopedagógica”, Revista Novedades Educativas, febrero de 2016.




PLANETA MARIANA WASSNER
Mariana es psicopedagoga y trabaja desde 1990 en los Equipos de Orientación Escolar del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. También es miembro de Forum Infancias, “un grupo de profesionales de la salud, la educación y las ciencias sociales, preocupados por el auge que ha tomado en los últimos años la patologización y medicalización de la infancia”. Mariana es miembro de Redesa (Red de Proyectos en Educación y Salud) y de la Fundación Sociedades Complejas. Trabaja en su consultorio particular y como supervisora de psicopedagogía clínica. Publicó varios artículos en las revistas Novedades Educativas, El Cisne, Aprendizaje Hoy, entre otras.

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