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01-05-2008 |

Cultura - Madres y Padres

El circo de todos

Hay artistas que creen que su función social va más allá de su desempeño sobre un escenario. Entre ellos, los integrantes del Circo Social del Sur, quienes encienden la fantasía en los barrios más castigados por la marginación social y la exclusión económica. Estos artistas aseguran que el circo puede ayudar a integrar a los chicos a la sociedad desde una nueva perspectiva.

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Por Fernanda Martell

 

En Parque Patricios, en el sur de la ciudad de Buenos Aires, hay un viejo edificio en el que antiguamente funcionaba una fábrica. A simple vista, no parece distinguirse de otras tantas edificaciones del mismo tipo, que abundan en el barrio. Pero si se echa una mirada en su interior, esta vieja fábrica de la calle Iguazú guarda una sorpresa. Entre cintas y trapecios, acrobacias y malabares, un grupo de artistas trabaja con entusiasmo y compromiso para generar algo invalorable: oportunidades para todos.

Desde hace un año, en este edificio funciona la sede del Circo Social del Sur, una organización que trabaja con chicos en situación de riesgo social, con el arte circense como herramienta de desarrollo personal y de integración social.


Una idea de alto vuelo

La historia del Circo Social del Sur comienza tiempo atrás, a mediados de los años ’90, cuando los artistas circenses Mariana Rúfolo y Pablo Holgado decidieron trabajar con los chicos que generalmente estaban excluidos de otros espacios de formación. Como de lo que sabían, y mucho, era de circo, pensaron que este era un buen camino para llegar a la comunidad.

Junto a profesionales de disciplinas sociales y pedagógicas, con el apoyo de organizaciones de base que trabajaban en comunidades marginadas, el Circo Social del Sur comenzó su trabajo en barrios de la ciudad y del Gran Buenos Aires. El objetivo era (y es) formar a los chicos en las disciplinas de los malabares, las acrobacias, los aéreos y los equilibrios, y generar un espacio en el que prevalezcan los lazos de solidaridad y respeto mutuo. Así surgen los Talleres de Iniciación al Circo, donde “se trata de acercar a los chicos a las técnicas a partir del juego. El circo tiene mucho de lúdico y mucho de desafío también, de proponerse objetivos y lograrlos,” explica Rúfolo.

La prueba piloto se realizó en Florencio Varela, en el sur del Gran Buenos Aires, con tan buena repercusión que rápidamente la propuesta se fue extendiendo hacia otros barrios: José León Suárez, la villa 24 de Barracas, Ciudad Oculta, el barrio Zildañas de Mataderos, la villa 31 de Retiro y Villa Corina, en Avellaneda. En cada uno de estos lugares, el Circo Social del Sur cuenta con el apoyo de alguna institución que les cede el espacio para realizar los talleres. También trabajan con chicos en situación de calle en Plaza Constitución a través del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ).

Además, son varios los artistas que permanentemente se acercan a la organización para prestar su colaboración. A Rúfolo y Holgado se sumaron Vanesa Zambrano y Natalia Lazzaro en la coordinación general del proyecto.

Los Talleres de Iniciación están dirigidos a niños y jóvenes de entre 7 y 25 años. Según cuentan los coordinadores del Circo Social del Sur, son los pequeños los más entusiastas y quienes al abrir un taller, rápidamente “van a ocupar su espacio”. Los talleres tienen una duración de 9 meses y culminan con una gran presentación que se realiza en el mismo barrio. “Se trata de compartir con los pares y volver a resignificarse dentro del barrio”, explica Zambrano, artista de circo y estudiante de comunicación que desde hace 8 años es parte del Circo Social del Sur.

Más de 2.500 chicos participaron de los Talleres de Iniciación al Circo desde el año 1995. Y, según calculan los coordinadores, más de 160 niños y jóvenes realizan este año los cursos de manera continua. “Cada vez que terminamos una muestra, al año siguiente empezamos los talleres con más niños. El planteo es permanecer en los mismos barrios y así construir una relación con los chicos, con las familias, con la comunidad”, relata Zambrano.

“Estos niños y jóvenes están excluidos de un montón de espacios en la sociedad. Entonces la propuesta es que puedan construir un espacio propio, en el que cada uno ocupe un rol”. Rúfolo asiente y agrega que “el circo propone que éste sea un espacio creativo. Los chicos aprenden este juego y luego le suman otras experiencias, su propio juego, para crear un número artístico nuevo. Algo que pueden representar en un escenario y por el que la gente los aplaude”. De esto se trata. De animarse a crear, a dar rienda suelta al juego y la imaginación, para convertirse en protagonistas de su propia historia.


Educar a través del arte y del juego

¿Qué es lo que más atrae la atención de los chicos? “La altura”, aseguran Rúfolo y Zambrano. El trapecio, la tela. ¿Cómo se trabaja con ellos? De a poco. Llegan a los talleres con una mezcla de inseguridad y ansiedad. “Empiezan diciendo ‘yo no sé’, entonces les hacemos ver que nadie sabe, que por eso estamos acá, para compartir, para aprender”, cuenta Zambrano. “Lleva su trabajo, y eso es interesante, porque a las disciplinas uno no las agarra enseguida. Eso templa el carácter. El compromiso, el interés que cada uno manifiesta modifica la propia actitud y la de todo el grupo. En la vida todo requiere esfuerzo, y este es un aprendizaje que después se puede aplicar en cualquier lado.”

Rúfolo aprendió de la experiencia que “el circo es una herramienta mágica para educar a través del arte y del juego. En los talleres de iniciación no sólo se dan las técnicas de circo sino que también se propone un espacio donde transmitir valores” ¿Cómo? A través de hechos muy concretos. “Si vos te proponés subir a los zancos, al principio te va a resultar difícil pero en 4 o 5 clases lo lográs. Ahí estás trabajando en la autoestima y la confianza. Si armás una pirámide humana y estás en la base, si te movés se viene toda la pirámide al piso. La solidaridad y el respeto se demuestran en la práctica”.

El Circo Social del Sur tiene una metodología de trabajo inspirada en la educación popular. La idea de participación es entendida en su sentido más exacto y creen que el proceso de enseñanza y aprendizaje se produce en el encuentro entre el educador y los chicos, entre lo que unos y otros tienen para decir. “Cada uno desde su particularidad tiene la posibilidad de crear, jugar y aprender. Lo mismo que el docente. Es una relación recíproca,” explica Rúfolo.

Lejos de imponer una norma que iguale, en sus talleres tienen en cuenta las particularidades. “Desde esta pedagogía se aborda un método que parte de las capacidades de cada uno para proponer los objetivos hacia los que vas guiando a los niños en lo técnico. Si un niño es más gordito o tiene menor elongación, encontrás la forma para que se integre y pueda lograr cosas en lo físico. Y quizás su deseo más grande es ser payaso, ponerse una nariz y hacer humor. Entonces, hay que saber escuchar los intereses de cada uno, sus deseos.”


Iniciación… ¿y después?

Desde hace un año, el Circo Social del Sur tiene su propio espacio en el barrio de Parque Patricios. Si bien proyectan dictar allí sus Talleres de Iniciación para los niños del vecino barrio Monteagudo, el principal objetivo de esta sede es desarrollar los Cursos de Profesionalización y de Formación de Formadores.

Esta formación en las técnicas del circo, ¿abre a los jóvenes posibilidades laborales? “Es lo que intentamos”, responde Rúfolo. “Por un lado, les brinda la posibilidad de divertirse, de jugar y de crear. Por otro, la posibilidad de capacitarse, para los que tienen el deseo, la iniciativa y el compromiso, con una formación profesional, ya sea como artistas o como educadores.”

Formando a nuevos educadores de circo social, así es como la red se extiende. Y el proyecto crece. ¿Qué expectativas tienen a futuro los hacedores de este Circo Social del Sur? Sumar más barrios, más chicos y más profesores. En dos palabras: seguir creciendo. Y que el circo llegue, cada vez más, a todos lados.


El Circo Social en el mundo

“Al principio empezamos con este proyecto porque era lo que teníamos para compartir, y encontramos en el circo una herramienta magnífica para educar. Después empezamos a ver que este tipo de propuestas se realizaba en varios países. El movimiento fue creciendo y, por nuestra historia, fuimos reconocidos a nivel internacional como pioneros dentro de este movimiento de circo social en el mundo”, cuenta Rúfolo.

“Cada país hace circo social con su problemática particular, o quizás con la misma problemática, pero de otra manera, porque tenemos identidades diferentes, somos culturas diversas y hay muchas formas de hacer lo mismo”, explica Zambrano.

El intercambio con organizaciones de todo el mundo que trabajan con circo social es, aseguran, enriquecedor. Por eso, tienen una activa participación en los encuentros que se organizan tanto a nivel latinoamericano como mundial. Rúfolo destaca que “ahora pertenecemos a un movimiento internacional. El circo es así, no somos tantos los que nos dedicamos a esto, y la gente de circo viaja mucho, haciendo espectáculos e intercambios. Eso nos permite recibir a gente de distintos lugares que viene a nuestros talleres y trae técnicas nuevas, con las que nosotros no trabajamos aún.”

Y hablando de intercambios, se entusiasman al contar que esperan para junio la visita del Circo del Mundo de Chile, sus pares trasandinos, que traerán a Buenos Aires su nuevo espectáculo. Y también, sobre de las acciones conjuntas que preparan con el Cirque du Soleil, quienes cedieron entradas en beneficio del Circo Social del Sur y, además, invitaron a 300 niños y jóvenes a presenciar el espectáculo Alegría, que traerán este año al país. El nombre del show del Cirque du Soleil bien representa la sensación que tienen Rúfolo y Zambrano: “Los chicos, felices. Nosotros también. Estamos todos felices,” ríen.


Más información: Circo Social del Sur. Iguazú 451,
Parque Patricios. Tel: 4911- 6349.
E-.mail: contacto@circosocialdelsur.org.ar
www.circosocialdelsur.org.ar


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