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01-04-2015 |

Educación - Madres y Padres

De los mitos a las realidades escolares

Un compilado exhaustivo de frases hechas, creencias populares y leyendas acerca de la escuela fue el punto de partida desde donde un sociólogo y un investigador de la educación se lanzaron a analizar de manera profunda y rigurosa el sistema educativo actual. Emilio Tenti Fanfani desmenuza algunos de esos mitos y verdades a medias sobre la calidad educativa, la relación familia-escuela y la formación docente, entre otros temas.

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por Gabriela Baby



“Antes la educación era de mejor calidad, y además había orden y disciplina”. “Hay que adecuar la escuela a las demandas del mercado”. “La culpa la tienen los sindicatos”. “La educación mejoraría automáticamente si se invirtiera más”. Estas son sólo algunas de las frases que fueron puestas bajo la lupa y analizadas con todas las herramientas de las ciencias sociales en el libro Mitomanías de la educación argentina. Crítica de las frases hechas, las medias verdades y las soluciones mágicas (Siglo XXI, 2014), de Emilio Tenti Fanfani y Alejandro Grimson. En charla con Revista Planetario, Tenti Fanfani desarma algunos de esos mitos y lugares comunes sobre el sistema educativo actual. Y propone “pedirle a la escuela aquello que solo ella puede dar”.


Muchos maestros y directivos culpan a la familia cuando un chico no anda bien en la escuela. Mientras que la familia se queja de los docentes. ¿De dónde viene esta tensión permanente entre padres y maestros?

El diálogo de padres y maestros es necesario, pero en las circunstancias actuales resulta muy difícil porque las familias han cambiado más que la escuela. La escuela es una institución que tiene una forma propia del siglo XIX, sobre la que ha habido variaciones pero que, desde el punto de vista jurídico, pasando por el uso del tiempo, el espacio físico… es decir, la constitución dura de la escuela, responde a un orden bastante antiguo. Y la familia que estaba en vigencia cuando se inventó este esquema era muy diferente de las familias actuales.

¿Cuál fue el cambio fundamental que provocó este desacople?

Un dato muy importante es que las mujeres han entrado al mercado de trabajo. Y esto es fundamental porque, en el modelo tradicional, la mujer era la responsable de la reproducción biológica y social de la población: acompañaba al chico en sus tareas escolares, le ordenaba el tiempo de hacer los deberes y el de jugar. Y la escuela está diseñada suponiendo que hay una madre que colabora, pero esa madre no está.

Entonces aparece un pedido permanente de participación a las familias que no es del todo claro.

La participación tiene tres acepciones posibles. La primera entiende participar como colaborar con tiempo o con dinero. En los sectores populares, las madres ayudan en el comedor y los padres pintan o arreglan paredes. En la clase media, en cambio, ponen dinero. La segunda acepción de la palabra participar sería intervenir en el proceso de toma de decisiones. Invitar a los padres a través de representantes a pensar y decidir qué se enseña, cómo se enseña, cómo distribuimos el tiempo en la escuela, etc. Esta participación es más complicada, pero hay países en donde los padres tienen una participación orgánica en todos los grandes temas: proyecto escolar, decisiones institucionales, incluso en la elección de los directores.

¿Y la tercera dimensión de la palabra participar?

La tercera dimensión requiere la participación de los aprendices. Porque el conocimiento, como la salud, no se puede repartir. Uno va al médico pero tiene que contribuir en la mejora de su salud. En la enseñanza pasa lo mismo: si el alumno no estudia, no hace los ejercicios y no presta atención en clase, no hay manera de que aprenda. Porque el aprendizaje se coproduce. Por eso la mejor escuela es donde están los mejores alumnos, los que quieren aprender.


NO SÉ QUÉ HACER CON ESTOS CHICOS
En el libro ustedes cuestionan un mito: “antes los chicos tenían más interés en aprender”. O, dicho al revés, “a los chicos de ahora no les interesa nada”. 

Antes los chicos iban con el trabajo de motivación hecho por la familia: “andá a estudiar porque es importante”, le decía el padre. Ahora, en general tienen interés, pero a veces hay que generarlo. Y hay técnicas de motivación que los maestros podrían estudiar. Antes de enseñar cualquier contenido, el maestro tiene que conocer los intereses del chico. Romper con este prejuicio que dice que a los chicos no les interesa nada.

¿Conocer a los chicos, compartir con ellos, entrar en el mundo joven o infantil?

Exactamente. El maestro tiene que conocer a los chicos no sólo desde el punto de vista psicológico, tiene que conocer su lenguaje, su cultura. Entonces, va a haber un respeto y un reconocimiento. Y desde ahí el maestro va a poder abrir el horizonte y compartir saberes. No puede despreciar o desconocer la cultura del chico. Aunque tampoco tiene que ser demagógico.


MAESTROS, ¿Y COMPAÑÍA?
Muchos dicen que el objetivo de la escuela es socializar. ¿O enseñar?

Si no hay socialización, no hay aprendizaje. Si el chico escupe, contesta o no se sienta, no puede aprender matemática. Entonces, la vida en comunidad, el respeto al otro, la estabilidad emocional requieren aprendizaje. Incluso en algunos estudios se habla de la “terapeutización” de la escuela. Es decir, el uso del tiempo del aula para pacificar, calmar, aliviar y poder entrar al aprendizaje. Pero esto acarrea una crisis en muchos profesionales porque han sido preparados para otra cosa.

¿Vamos por ese camino?

En la medida en que la escuela no se transforme en una institución diferente, que tenga otros recursos (no sólo dinero sino otros profesionales), no sabemos qué puede pasar. Tiene que haber especialistas que atiendan necesidades prioritarias y básicas de los chicos, para que el maestro pueda generar interés y dar su clase. Porque otro mito es que el maestro tiene que ser un apóstol consagrado: tiene que saber de matemática, ser generoso y tener valores morales, ¿qué más le podemos pedir: que sea psicólogo, médico, trabajador social?  La escuela tiene que dedicarse a aquello para lo cual ha sido pensada, que es enseñar. Hay que pedirle a la escuela lo que solo ella puede hacer.


EL VIEJO TEMA DE LOS CONTENIDOS
¿Y qué debería enseñar la escuela?

La escuela debe trabajar para que un chico tenga pleno conocimiento de las habilidades de escritura, para que pueda poner por escrito sus opiniones y que sepa hacer sentido de un texto. Y el otro gran tema es la matemática. El chico tiene que tener estas dos grandes herramientas, porque sin ellas no va a aprender ni Física, ni Sociología, ni Economía. Nada.

La educación sexual y otros contenidos transversales, ¿dónde quedarían?

Todo el resto de enseñanzas las puede dar la familia o los medios masivos de comunicación. Con el tema de la educación sexual, por ejemplo, seguro que los chicos aprenden mucho más de los consumos culturales que de la escuela. Entonces, ¿la maestra se debe ocupar de esto? ¡Que las reglas de tránsito o la prevención del sida las enseñen en campañas publicitarias!

Rever la formación docente, la organización escolar y los contenidos… ¿Se trata de volver a inventar la escuela?

Sí, se trata de enriquecer a los maestros como profesionales y enriquecer a las instituciones pero no sólo con presupuesto sino con nuevos reglamentos, formas de organización, liderazgo, y otras cuestiones. Por ejemplo, ¿por qué las horas escolares duran 40 minutos y se pasa de historia a matemática? ¿Por qué no hacemos tres horas de matemática a ver qué resultados da? Seguramente vamos a llegar más lejos. Pero todo esto tiene que ser discutido. Y tomar decisiones de cambio es una política estatal.



PLANETA TENTI FANFANI
Emilio Tenti Fanfani es Licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional de Cuyo y Diplôme Supérieur d’Etudes et Recherches Politiques. Es consultor de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) y se desempeña como profesor titular de Sociología de la Educación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Fue docente e investigador en diversas universidades y centros de investigación de Colombia, México, Francia y Argentina. Ha sido consultor de Unicef-Argentina y del IIPE-Unesco para América Latina. Ha publicado La escuela y la cuestión social (2011), Nuevos temas en la agenda de política educativa (2007), El oficio de docente (2006), La condición docente (2005) y Mitomanías de la educación argentina (2014), en coautoría con Alejandro Grimson.



TENTI FANFANI DIXIT
“Las reformas educativas por lo general apuntan a modificar las dimensiones estructurales de los sistemas: es decir, la legislación, los reglamentos y el financiamiento. Otras apuntan a cambiar el factor humano o subjetivo: es decir, el conocimiento, las actitudes, los valores de los docentes introduciendo modificaciones en su formación inicial y permanente. En el fondo, detrás de estas reformas ‘parciales’ están aquellos que creen que las acciones de los seres humanos son determinadas por una realidad estructural: dime qué posición ocupas en una institución, cuáles son las funciones y recursos que te asignan, y te diré qué haces. Otros, por el contrario, creen que hombres y mujeres hacemos lo que hacemos en virtud de nuestros conocimientos, valores, voluntad, etc. Por lo tanto, para cambiar las prácticas, unos apuntan a modificar las estructuras e instituciones y otros quieren ‘cambiar al ser humano' (docente, director, etc.) para volverlo más competente y virtuoso. Estas dos posiciones, cuando van por vías paralelas, son parciales y, en consecuencia, ineficaces. Lo que se necesita es una política integral que modifique y enriquezca a las instituciones y a los seres humanos que les dan vida”.

Tenti Fanfani, Emilio – Grimson, Alejandro en Mitomanías de la educación argentina. Crítica de las frases hechas, las medias verdades y las soluciones mágicas. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 2014.

 

 

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