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01-03-2010 |

Educación - Madres y Padres

De eso, ¿no se habla?

A cuatro años de aprobada la ley que incorpora a la educación sexual en la enseñanza, la problemática sigue siendo postergada en la mayoría de las escuelas. Tema arduo y siempre polémico, la sexualidad infantil merece una atenta reflexión y una mirada renovada de parte de padres y educadores. Así lo proponen los investigadores consultados para esta nota.

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por Gabriela Baby

 

Cuando se habla de sexualidad, pocas veces se aclara a qué refiere el concepto. Para algunas personas, remite a genitalidad, anatomía del cuerpo humano y mecanismos de reproducción. Para otros, tiene que ver con una perspectiva erótica más amplia, que implica a las relaciones sexuales. En definitiva, antes de abordar el tema, vale la pena definir el término.


Para la Organización Mundial de la Salud, “sexualidad” refiere a “una dimensión fundamental del hecho de ser un ser humano. Basado en el sexo, incluye al género, las identidades de sexo y género, la orientación sexual, el erotismo, la vinculación afectiva y el amor, y la reproducción. La sexualidad se experimenta o se expresa como pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, actividades, prácticas, roles y relaciones. La sexualidad es el resultado de la interacción de factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales. Si bien la sexualidad puede abarcar todos estos aspectos, no es necesario que se experimenten ni se expresen todos. Sin embargo, la sexualidad se experimenta y se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos”.


Tomada como una cualidad inherente al ser humano, la sexualidad es un aspecto a observar en los chicos en cada etapa, en diversas acciones y pensamientos. Así lo expresan Elina Aguirre y su grupo de trabajo en el libro La sexualidad y los niños. Ensayando intervenciones (Lugar Editorial, 2008): “Desde Freud, la sexualidad no es pensada como algo que tiene el ser humano, como si pudiera no tenerlo, sino como condición de humanización desde el inicio de su vida. Declarar la existencia de la sexualidad infantil, ya no como desviación sino como la norma de la infancia, implica decir que la sexualidad es lo propio del mundo humano”.

 


Pequeños sexuados

 

La psicoanalista Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres (www.escuelaparapadres.net), señala: “La sexualidad infantil empieza a manifestarse en lo vincular claramente cuando una nena o un nene dice o demuestra que le gusta estar con otro: le gusta darle la mano, acercarse con un caramelo o, al contrario, se inhibe y no puede acercarse. Estos gestos, estas acciones, forman parte de su modo de relacionarse con otros”.


Un nene cuenta: “Me animé a decirle a una nena del jardín que se siente al lado mío en el micro. Y estoy muy contento, porque me animé y porque me dijo que sí”. Rotenberg explica: “Animarse o no animarse. Poder mostrar sus ganas y su cuerpo. No estar inhibido, pero tampoco tirarse encima del otro: estos son datos y formas de vincularse impregnados de sexualidad, que luego se proyectan en la adolescencia y en la vida de adultos”.


Modos infantiles –y aparentemente inocentes o inocuos- de relacionarse, que sin embargo pueden ser a veces poco felices. “Los padres deben estar muy atentos al tipo de vínculos que establecen los chicos. Porque si los chicos no saben manejar sus preferencias por alguien o si siempre se conforman con perder en las negociaciones (con un hermano, por ejemplo) o si siempre maltratan a otro, son actitudes que se pueden proyectar en su futura sexualidad adulta”, advierte Rotenberg.

 

Cuando el adulto era niño, también lloró a mares por cosas que ahora raramente recuerde, pero que dejaron huellas en su modo de vivir. Entonces, es clave mirar con ojos de niño: “Si llora por una pelea o por alguna desilusión, no se trata de una pavada, como piensan muchos adultos. Se trata de cosas muy importantes, porque son su conexión con los otros y establecen su lugar en el mundo. Es fundamental entonces atender ese llanto y decirle que se defienda, que no se permita ser siempre el perdedor. Porque esto es una enseñanza para el futuro: se trata de sacarlo del lugar de víctima y enseñarle a hacerse valer, a defender su posición, sus ideas y sus necesidades. Y esto será muy importante para sus relaciones humanas y especialmente en el aspecto sexual de su vida futura, porque lo va a sacar del lugar del maltrato”, subraya Rotenberg.



Súper curiosos


La sexualidad, entonces, es parte del crecimiento: “es motor de la constitución subjetiva. Y como fuerza pulsional presente desde el comienzo de la vida humana tiene la cualidad de ser indeterminada y caótica. Es decir, no está genéticamente organizada al modo en que lo está en los animales, sino que es altamente modelizable, diversificable de acuerdo a cómo el medio cultural y los vínculos cercanos procedan con sus prácticas en su moldeamiento”, dicen los investigadores de La sexualidad y los niños.


De este modo, esa curiosidad sobre el propio cuerpo y sobre el mundo será encausada por la mirada de los padres, la escuela y otros ámbitos y vínculos. Al respecto, la psicóloga Liliana Pauluzzi, autora del libro ¿Qué preguntan los chicos sobre sexo? (Homo Sapiens, 1993) dice: “Desde el nacimiento se experimenta placer genital: los niños tienen erecciones y las niñas lubricación vaginal. Cerca de los dos años, niñas y niños exploran diferentes partes de su cuerpo para aprenderlos e incorporarlos a su esquema corporal. Cuando la curiosidad infantil con respecto a sus propios genitales se convierte en algo novedoso y excitante, las conductas inducidas por las personas adultas serán dicótomicas, lo que irá desarrollando una actitud positiva o negativa respecto a su cuerpo”.


Entonces, ¿dónde ubicarse frente a la exploración sexual de los chicos? En La sexualidad y los niños se afirma: “Como pulsión, la curiosidad puede ser moldeada: sofocada (‘eso no’), estimulada (‘muy bien’), contextuada (‘acá no’), diferida (‘ahora no’). Una presencia invasiva o, por el contrario, precarizada, puede llegar a generar afectos de terror, amenaza, impidiendo delinear esa perspectiva enigmática relativamente confortable que abre a la curiosidad”.


El equilibrio entre dejar hacer y poner un límite se juega en el adulto, que a la vez carga con su propia historia de censuras y permisos. Desde una perspectiva de género, la actitud del adulto tiene diferencias entre niños y niñas. “En general, se pone mayor cuidado en coartar el conocimiento y tocamiento de los genitales a las niñas más que a los niños. Lo que contribuye a que las niñas no puedan apropiarse de su sexo, permaneciendo extraño y sustraído a la comprensión,” dice Pauluzzi.


La psicóloga Elina Aguirre y los coautores de La sexualidad y los niños confirman ese lugar incómodo que tiene generalmente el adulto frente a algunas manifestaciones sexuales de los chicos: “Hoy, las exteriorizaciones sexuales de los niños siguen siendo de alguna manera intolerables para los adultos. Para quien pasó por el proceso de represión de su propia sexualidad infantil, el enfrentarse con los niños que aún no han sido atravesados por ese proceso lo confronta con situaciones desestructurantes”.


Entonces, se trata una vez más de encontrar una zona donde poder dar cauce al desarrollo saludable de los chicos. Sin coartar libertades e interviniendo en donde se crea necesario.



En la escuela


La historia de la educación sexual en la Argentina es una historia de silencio y omisiones. Tema tabú que proyecta un cambio desde el 2006, cuando se aprobó la Ley Nacional de Educación Sexual Integral (Ley Nº 26.150) y sus lineamientos curriculares.


Esta ley se enmarca en los tratados internacionales de derechos humanos y se propone “contribuir a provocar cambios cognitivos, es decir, no sólo el suministro de información científicamente validada acorde a cada etapa evolutiva, sino también al trabajo sobre prejuicios y creencias que sostienen actitudes discriminatorias como también el conocimiento de derechos y obligaciones”.


“Esta ley y los lineamientos curriculares son producto de más de 25 años de estudios, a nivel nacional e internacional, para la promoción de la salud sexual. El tema tabú está en relación con la connotación negativa sobre este tema, en la que hemos sido formados”, declara Pauluzzi, quien se dedica desde 1986 a la investigación de la educación sexual en escuelas primarias de Rosario. “El hecho de que todavía no está la aplicación en la gran mayoría de nuestras provincias es una presión de fundamentalistas y, por otro lado, es fruto del desconocimiento de la ciudadanía acerca de qué se trata la educación sexual integral”, afirma la especialista.


Alejandro Villa es investigador en temas de salud reproductiva. Compilador de Sexualidad, relaciones de género y de generación (Editorial Novedades Educativas, 2009), lleva adelante diversos programas de formación docente en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. De su experiencia, Villa comenta: “Se está trabajando a nivel de formación con docentes y se han producido documentos para los diferentes niveles: medio, primario e inicial”. Estos documentos son herramientas de las que disponen los docentes para abordar en las aulas diversos temas de sexualidad, especialmente un gran tema para pensar con los chicos de todas las edades: el abuso.


“El abuso es la papa caliente que tiene la educación. Es el tema complejo, que necesita ser trabajado para la prevención”, dice Villa. ¿Cómo abordarlo? Sin dar información de más, sin asustar, generando responsabilidad, herramientas de defensa, creando conciencia. “Si el maestro está atento y puede escuchar lo que pasa en el aula, los temas de la sexualidad –incluyendo el tema de abuso- salen a la luz. De todos modos, se propone a los maestros herramientas para abordar temas de sexualidad desde la literatura, por ejemplo, con cuentos y guías de trabajo,” explica Villa. Algunos de los títulos sugieren contenidos y problemáticas interesantes: Los mayores me dan miedo, de Virgine Dumont; De cómo decidí convertirme en hermano mayor, de Dimiter Inkiow; Eso no me lo quita nadie, de Ana María Machado, entre otros.


Sin embargo, más allá de las herramientas de trabajo que se pongan a disposición del docente y de los alumnos, hay un punto en que el tema de la sexualidad exige un compromiso personal de cada maestro. “Uno de los problemas que hay que discutir con los docentes es que cuando uno habla de sexualidad no habla de sexualidad genital sino de una concepción integral de sexualidad. Esto es lo que se tiene que cambiar en la cabeza de profesores y maestros. Por ejemplo, un tema que trabajé en jornadas de capacitación es el lugar del cuerpo en la transmisión de contenidos, en el acto de enseñar. Analizamos el contenido de las clases: los chistes, el tono de voz, las actitudes del cuerpo, los saberes que estaban en juego y todos los ingredientes que se ponen en acción al enseñar, para relacionar esto con la sexualidad. Pero resulta que muchos suponen que no tiene nada que ver porque la sexualidad es tomada como otra cosa, como algo separado”, señala Villa.

 


Concepción de época


No sólo entre los maestros se pretende despegar la sexualidad de las prácticas humanas, sino que, al contrario, tiene que ver con una concepción de época. En su libro La sexualidad (Librería de Mujeres Editora, 2009), dirigido a los más chicos, Pauluzzi define: “Sexualidad es una palabra que todas y todos conocemos. Generalmente, a las personas adultas les cuesta explicar de qué se trata. Esto ocurre porque la educación que recibieron negaba al sexo. Algunas personas adultas aprendieron en su infancia que la sexualidad era algo malo, sucio, feo y que estaba prohibido”.


Es decir que en el paradigma en que hemos sido formados -los adultos y por supuesto también los docentes- la sexualidad pocas veces ha sido vista como algo positivo y feliz. Con el trabajo de los capacitadores, entonces, se trata de cambiar una mentalidad, una concepción de época. Tarea mayor, sin duda. “Por eso, desde la formación básica del docente es importante trabajar la sexualidad no como materia o conocimiento sino como parte de la relación pedagógica, porque la educación sexual no es transmisión de conocimiento sino que tiene que ver con la formación de valores, concepciones, formas de posicionarse socialmente, modos de actuar y de ver al otro”, afirma Villa.


Reflexionar sobre la relación pedagógica es volver a pensar el vínculo que se establece para enseñar: “Los maestros deben relacionarse desde otro lugar con los alumnos: deben poder involucrarse con su propia historia, su subjetividad y sus valores. Y también tienen que ver al alumno con su marca personal: el alumno no es un compartimento donde poner información y conocimientos. Es un sujeto que trae su cultura, sus ideas, sus saberes generacionales.”


La pregunta del millón: ¿en qué medida la institución escolar posibilita esta práctica pedagógica? “El problema con las escuelas es que hace falta institucionalizar la ley. En las escuelas no se conoce la ley, no se conocen sus contenidos y propuestas y, sobre todo, no se ve el tema de la sexualidad como algo institucional, como algo importante para la escuela. En este plano es un problema de sensibilización de la institución”, resume el investigador.




Preguntas incómodas

La curiosidad sexual también enuncia preguntas, que se desploman en la mesa de domingo y pueden provocar diversos grados de atragantamiento: ¿Cómo se hacen los bebés?


Al respecto, la psicoanalista Eva Rotenberg señala: “Es muy importante que los padres respondan tranquilos, porque se trata de la curiosidad que les da el mundo. Un chico que no pregunta es llamativo: o tiene una fuerte inhibición o ve que sus padres se cohíben o se alteran con la pregunta y esto los inhibe. Cuando el nene pregunta, no quiere una clase de anatomía, sino que está preguntando ‘cómo nací yo’, entonces hay mucho para contar: cómo te esperamos a vos, cómo fue el parto, cómo tomaste la teta, si tenías hambre, etcétera.”


Diversos modos de explicar y de contar para las diversas edades. Lo importante para los adultos es poder escuchar realmente a qué se refiere la pregunta. Para Rotenberg, “se puede decir que hizo falta una mamá y un papá que se quisieron mucho y hubo un embarazo. O, en el caso de los chicos que nacieron con fertilización asistida, se les dirá que a mamá y a papá les costaba, entonces pidieron ayuda a un médico y hubo un tratamiento. Y será otra la historia en el caso de adopción. Cada familia deberá adaptar lo que vaya a decir a su experiencia particular. No se puede contar en abstracto cómo vienen los chicos al mundo, sino que los padres tienen que pensar cómo nació ese hijo que está preguntando.”


Adecuadas las explicaciones a cada caso y a la edad del preguntón, siempre hay una zona para silenciar: “De ninguna manera se puede explicar el acto sexual a un chico, es un abuso psíquico, ya que un chico no puede metabolizar esa información, no la puede pensar, es algo que le puede dar asco o generar gran preocupación. Explicar con detalles el acto sexual es algo intrusivo y puede ser traumático. Hay que respetar el enigma de la sexualidad, porque los chicos –aunque se masturben y tengan sensaciones eróticas- no pueden pensar en la sexualidad adulta”, dice la psicoanalista.

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