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01-09-2016 |

Educación - Madres y Padres

Curiosidad por el conocimiento

Es posible acercar a los chicos los saberes de las ciencias de manera lúdica, atractiva e interesante. Al menos así lo sostienen Carla Baredes e Ileana Lotersztain, las editoras de Iamiqué, sello editorial que publica títulos repletos de preguntas, colores y hasta chistes sobre las temáticas más diversas. Los museos como forma de despertar la curiosidad. El rol de la escuela.

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Por Gabriela Baby

 

Química, biología, física y también historia y antropología: el saber no tiene por qué ser aburrido y solemne. Ni difícil de entender. Ni lejano. Pero: ¿cómo lograr que las ciencias duras resulten amigables y divertidas? ¿Qué pueden aportar los libros de divulgación científica a la curiosidad innata de los chicos? ¿Sirven los museos para despertar las ganas de aprender? Y la escuela: ¿qué parte tiene o debería tener en la formación científica? Además: si todo está en Internet, ¿para qué queremos más?

 

Ileana Lotersztain y Carla Baredes son egresadas de Ciencias Exactas y fundadoras de la editorial Iamiqué, un sello cuya propuesta es poner el conocimiento científico al alcance de chicos de todas las edades a través de libros llenos de preguntas, de colores, de chistes. ¿Por qué está trompudo el elefante?, ¿Por qué se rayó la cebra?, ¿Por qué el agua moja?, son algunos de los títulos editados que se plantean como invitaciones (irresistibles) al universo del saber. “Acercarse a la ciencia, y a cualquier disciplina del conocimiento, no es ni tiene que ser aburrido, solemne o tedioso”, dicen. Y proyectan un camino de acceso al mundo del saber sembrado por el entusiasmo, la curiosidad y el placer de aprender.

 

¿Por qué es importante que un chico tenga acceso a los saberes de las ciencias?


Carla Baredes: Las ciencias, como todas las áreas del conocimiento, son importantes porque son formativas. Claro que hay cosas que no son tan placenteras. Por ejemplo, el aprendizaje de las reglas ortográficas o de las tablas de multiplicar. Pero son cosas que se tienen que saber. Y enseñar esos contenidos es tarea de la escuela. En cambio, hay otros saberes que, aunque pueden estar en la escuela y está muy bueno que estén ahí, no son funcionales a la institución educativa. Pueden estar en libros, en museos, en experiencias directas… El placer por aprender y conocer cosas nuevas viene de la mano de la curiosidad.

 

Ileana Lotersztain: Y los chicos, a la hora de preguntar, no tienen ningún tipo de prejuicios. Preguntan con frescura, aceptan su ignorancia… no se preocupan por demostrar que son inteligentes, como pasa muchas veces con los adultos.

 

Los libros de divulgación cientifica para chicos son muy distintos a los libros de texto que se utilizan en la escuela. ¿A qué se debe esa diferencia?


Carla: Los libros de texto tienen otra intención, otra razón de ser. En principio, cumplen con un programa, o con varios según los distintos distritos escolares del país. Es decir, que siguen la currícula. Pero además están producidos por editoriales muy grandes, que tienen un plan de negocios trazado, están focalizados en la venta y tienen una lógica diferente a los libros que hacemos en Iamiqué. Los libros de texto además necesitan una producción rápida porque tienen que estar en el mercado en determinada fecha y en general son renovados muy pronto, y esto es parte del negocio.

 

Ileana: Y hay temas que quedan afuera. A veces lo más curioso, lo novedoso, las aplicaciones de determinadas leyes o saberes quedan afuera porque no es rentable, por ejemplo, agregar más páginas para ampliar un tema.

 

La escuela entonces no propone contenidos interesantes en ciencias?


Carla: En la escuela pasan muchas cosas. Yo creo que los educadores le ponen ganas y, cuando tienen los elementos, en general hay buenas producciones en talleres de ciencias y mucha energía puesta en hacer cosas interesantes. Pero a veces las escuelas no proveen materiales o libros de divulgación o salidas o la posibilidad de acceder a Internet. Y a veces ocurre también que ante la pregunta de un chico, el docente se asusta un poco, y entonces dice “nos estamos yendo de tema, no vamos a llegar con lo que tenemos que ver”.

 

Ileana: También ocurre a veces que el docente no sabe la respuesta y en vez de decir “No sé, busquemos, investiguemos o pensemos juntos”, prefiere cambiar de tema. Cuando en realidad no podemos pretender saber todo de todo. Y mucho menos en el presente.

 

¿Porque todo está en Internet?


Carla: Sí y no. Todo está en Internet, pero tenemos que saber buscar, chequear, constatar fuentes, trabajar con sitios confiables, verificar informaciones… Ese es el trabajo del divulgador, y también el del maestro. Poder guiar la búsqueda de respuestas a las preguntas curiosas y frescas de los chicos. Todo está en la web, o en los libros, pero la escuela tiene mucho para dar y mucho para hacer.

 

También hay lugares donde se invita a aprender de una manera lúdica y participativa, como Tecnópolis, el Museo Participativo de Ciencias o el más nuevo C3 en el Polo Científico Tecnológico. ¿Son efectivas esas propuestas?


Carla: Cuando visitamos esos lugares, generalmente en familia, hay que plantearse claramente un objetivo. Es decir, poder responderse para qué vamos a ir y qué pretendemos de ese lugar. Es importante saber entregarse sin forzar la experiencia. Tecnópolis, el C3, el Museo Participativo de Ciencias, por ejemplo, son lugares cuya razón de existencia y objetivos son bien diferentes y todos son válidos. Pero uno como visitante debería informarse antes de llegar, elegir previamente y dejarse llevar por lo que suceda. Porque a veces los adultos se ponen el objetivo de conocer todas las propuestas, pero quizás el chico se engancha con una actividad, la pasa súperbien y el padre vuelve protestando porque “se pasó todo el tiempo en un solo juego”. Hay que entender que si fuimos es para pasarla bien, y si al chico le interesó una sola cosa y se quedó ahí, vale: pasó bien la tarde, descubrió algo nuevo y podemos volver otro día.

 

¿Los libros de divulgación compiten con las pantallas en el mundo de hoy?


Carla: El ocio y el esparcimiento tienen mucha oferta. Las series de televisión, los juegos de pantalla, amenazan el tiempo de lectura. Por eso son importantes las políticas públicas en relación al libro. Hay que mantener viva la cultura del libro que tiene muchas cosas que aportar: la selección de materiales y temas, la mirada que se da sobre cada tema.

 

Ileana: Porque en Internet, por ejemplo, hay infinitos contenidos… pero infinitos también quiere decir infinitos que son erróneos, infinitos que son aburridos, infinitos que son para adultos, infinitos que están mal fundamentados. Sobre todo ese mar interminable de contenidos, los divulgadores y editores podemos hacer una propuesta manteniendo y respetando la calidad de un bien cultural. Y desde nuestras propuestas formar lectores curiosos, activos, que no se quedan con una sola pregunta, ni con la primera respuesta que se les da. Pero si no hay libros, no hay lectores. Por eso es fundamental el rol del Estado no solo como sostén de editoriales de ciencia, sino tambien como generador y sostén de museos, de espacios como el C3, de planes de lectura y distribución de libros a escuelas.

 


 

EL LIBRO DE LAS ABUELAS

Cuando crearon Iamiqué, Carla Baredes e Ileana Lotersztain, física y bióloga respectivamente, comenzaron publicando textos de su autoría sobre el universo de las ciencias duras. Pero luego abrieron el juego a otrás áreas del conocimento y a otros autores, incluso a temas sobre ciencias sociales. En ese recorrido publicaron Abuelas con Identidad, un libro que cuenta la historia de Abuelas de Plaza de Mayo.

 

“La idea del libro sobre Abuelas surgió en un congreso de libros informativos para chicos –recuerda Carla-. Alguien le preguntó al director de la Biblioteca de Munich por qué en Alemania se hacían tantos libros para chicos sobre el Holocausto y él dijo que por dos motivos: por un lado, porque los adultos no terminaban de entender cómo habían sido capaces sus padres o abuelos de vivir todo eso que pasó durante el Holocausto; y por otro, porque había un compromiso básico de mantener la memoria viva como antídoto para que no volviera a suceder. Entonces, un editor colombiano me dijo: ‘Ustedes tienen mucho para decir al respecto’. Y yo tomé nota. Me quedé pensando y me pareció que desde la ciencia había mucho para decir sobre Abuelas de Plaza de Mayo. Se había publicado muy poco hasta el momento y todo era muy años ‘80, estaba cargado de una cantidad de adjetivos que denotaban la necesidad de hacerle entender al otro que lo que había pasado estaba mal. Leídos 30 años después, esos textos estaban sobrecargados de explicaciones que ya no eran necesarias. El desafío fue hacer un texto fresco, muy triste pero con algo esperanzador: los reencuentros. Fue un libro que editamos con lágrimas en los ojos, con mucha tristeza y mucha emoción”.

 

PLANETA BAREDES - LOTERSZTAIN

Carla Baredes es licenciada en Física por la UBA, lectora curiosa y editora de Iamiqué. Cursó Introducción a la Divulgación Científica en el Insitituo Leloir, donde conoció a Ileana Lotersztain, licenciada en Biología de la UBA. Juntas emprendieron en el año 2000 la aventura de editar libros de ciencias para chicos, libros de divulgación científica que definen como informativos y que entienden conectados, primero, con la curiosidad y el placer por el saber. Desde entonces, ilustradores, investigadores, diseñadores, agentes de prensa y muchos lectores se fueron sumando a la aventura Iamiqué que hoy tiene más de 50 títulos publicados. Las temáticas abordadas van de la geología a la antropología sin dejar de lado las matemáticas y la psicología. Y muchos han sido publicados en otros países como Venezuela, Colombia, Corea y China. También recibieron distintos premios, entre otros: de ALIJA, de Fundalectura (Colombia), del Banco del libro de Venezuela, y de Internationale Jugendbibliothek, Munich, Alemania.

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