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01-06-2000 |

Cultura - Madres y Padres

Construyendo la propia danza

El lenguaje no verbal es la primer forma de comunicación de los chicos. A diferencia de los adultos, más pendientes de las convenciones sociales, los chicos juegan y se expresan con el movimiento de su cuerpo. La expresión corporal es una tarea artístico-educativa que se propone mantener viva esta necesidad de comunicarse a través del movimiento y el desarrollo de habilidades que favorezcan esa comunicación.

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Por Ariel Saidón



La posibilidad de expresarse con el cuerpo surge en los primeros años de vida, sin embargo para desarrollarla es necesario aprender su lenguaje. Perla Jaritonsky, profesora de expresión corporal y autora del Diseño Curricular del área para el Nivel Inicial, explica que el proceso de aprendizaje es similar al del lenguaje oral. “El chico aprende a hablar a partir del vínculo que tiene con el afuera, con el mundo de los adultos -dice- Incorpora la palabra para ampliar su espectro de comunicación. Pero, en su etapa de evolución, primero está lo corporal y para expresarse con el cuerpo también aprende de ese vínculo con el afuera.”

Como disciplina artística, la expresión corporal comparte con la danza la mayoría de sus premisas, sobre todo la de transmitir emociones, ideas y sentimientos a través de un cuerpo en movimiento. No establece pasos de baile ni determinadas formas de moverse; el intérprete los crea en el momento de la ejecución. “Yo creo que nuestros chicos bailan. -dice Jaritonsky- Pero lo hacen con un lenguaje propio, con un lenguaje que se construye desde la improvisación y que no tiene un código predeterminado de movimientos posibles. En nuestro lenguaje, si es auténtico, si parte de una necesidad interna de comunicación, cualquier movimiento es válido”.


El trabajo con los chicos

Paula Etchebehere, hija de Perla Jaritonsky, coordina los grupos de niños en el estudio que comparten en el barrio de Belgrano. Sostiene que los chicos tienen más posibilidades de “repentizar”. Repentizar la respuesta es resolver, accionar en forma efectiva y con rapidez frente a determinada propuesta. “La respuesta veloz, repentina, directa de un chico no es la misma que la del adulto, donde los pensamientos funcionan de otra manera.” - dice.

Pero aunque todo surja desde la improvisación, para comunicar algo con el cuerpo, es necesario contextualizar los movimientos, y los chicos no se dan el tiempo suficiente para hacerlo. “La idea es que vayan adquiriendo la capacidad de desarrollar un trabajo en el tiempo”-continúa Etchebehere.

La expresión corporal, si bien es una disciplina autónoma, también es utilizada como recurso para la enseñanza de otras. Los profesores de música, de teatro y de danzas son los que la usan con más frecuencia. Del mismo modo, la expresión corporal utiliza recursos de otras disciplinas como la música o el teatro. Incluso, sin desviarse del objeto del trabajo con el cuerpo, para construir un personaje se permite incorporar la palabra. “La idea es que se utilice todo el repertorio corporal para comunicar algo -dice Jaritonsky-. La palabra se incluye como parte del sentir de ese cuerpo en movimiento.”

Pero en los niños, la situación es distinta. “Los chicos tienden a acompañar el movimiento charlando o contándose cosas” - cuenta Etchebehere-. El objetivo es lograr un momento de silencio que permita la concentración, la escucha de la música y la observación del objeto intermediario.


Desde el jardín

Desde hace unos años, la expresión corporal forma parte de la currícula de las escuelas en el nivel inicial aunque todavía no está incorporada en la formación de las maestras jardineras. “Es la maestra la que tiene que capacitarse en esta nueva disciplina”, dice Jaritonsky y reclama una decisión política que la establezca como materia obligatoria en los profesorados. Pero la formación de un profesor no se limita a la lectura y la reflexión sobre la disciplina. En este caso, es de fundamental importancia la vivencia de la misma. “En realidad, si no tiene la vivencia no entiende el para qué, porque no lo pasó por su propio registro”.

También cuestiona que la formación que los chicos reciben en el jardín de infantes no se continúe en los otros ciclos. De las disciplinas que trabajan el aspecto motriz, la educación física es la única que está presente en todos los niveles educativos “La educación física le permite al chico desarrollar sus capacidades y habilidades motrices pero no le da la posibilidad de desarrollar lo expresivo” -opina- “Nuestra propuesta es que, teniendo como base lo que aprendió en el jardín, se le ofrezca la posibilidad de elegir una orientación hacia lo teatral o hacia un tipo de danza específica.”

Claro que el trabajo que hacen las maestras no es el mismo que el que se realiza en un estudio privado de expresión corporal. Por un lado, en el jardín, si la disciplina está integrada al proyecto institucional, tiene que contemplar todo lo que el chico aprende y atravesar los contenidos de las otras materias. Pero además los grupos son más numerosos y los intereses de los chicos variados.


Sin restricciones

La necesidad y la potencialidad de expresarse corporalmente pertenecen al ser humano como especie. Desde este punto de vista, queda claro que no es excluyente de edades, sexo o cultura. Sin embargo, en la práctica, son las nenas mayoritariamente las que concurren a las clases de expresión corporal. Etchebehere piensa que se trata de una cuestión de imagen. “Cuando uno piensa en una disciplina que tenga que ver con lo corporal surge la imagen estereotipada del tutú con la mallita rosa. La danza, en ese sentido, adquirió una imagen que deja afuera a los varones. Pero expresarse es un montón de cosas más. Expresarse significa también manifestar el dolor, la agresión, la bronca a través del movimiento.”

Perla Jaritonsky lo explica de esta manera: “La expresión corporal contempla al hombre y a la mujer, con sus diferencias y sus similitudes. Porque no es lo mismo el cuerpo de un varón que el de una nena”. Las diferencias entre los sexos no son sólo físicas, sino también culturales. “A los varones les interesa patear la pelota y a las nenas, hamacar una muñeca. -continúa- Nuestra tarea es convertir ese interés en algo que tenga que ver con el lenguaje del movimiento”.

Tampoco la contextura física es un impedimento para la expresión corporal. “A nosotros no nos importa si es varón o mujer. Tampoco importa si es gordo o es flaco porque todos tienen la necesidad y la potencialidad de manifestarse”.

El objetivo de la actividad no es la formación de bailarines, sino personas capaces de construir un lenguaje expresivo en movimiento, “que piensen, elaboren y estructuren sus propias danzas, con placer y disfrute por esta producción”. “Lo importante -concluye- es poder comunicar una sensación, una idea de la manera que a uno le surja, quiera o pueda.”

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