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01-05-2009 |

Notas y Entrevistas - Literatura infantil

Ciudadano ilustrador

De su lápiz nació uno de los personajes más entrañables de la historieta y la cultura popular argentinas: Clemente. Y desde 1990 conduce "Caloi en su tinta", un ciclo de TV que difunde el cine de animación de autor y cuyos mejores programas fueron editados en DVD. En esta nota, Caloi repasa su extensa - y premiada - trayectoria.

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por Marisa Rojas



Caloi, el dibujante, el humorista gráfico, el guionista, el padre –y abuelo- de una numerosa familia ensamblada, trabaja de noche, hasta bien entrada la madrugada. “Soy una especie de búho. Por eso duermo hasta el mediodía, cuando todos almuerzan yo desayuno”, dirá al comenzar la entrevista. Una charla nocturna de casi dos horas durante las que Caloi, acompañado por María Verónica Ramírez, su esposa, productora y directora de Caloi en su tinta, nos recibió en el estudio de su casa, frente al Parque Lezama, en el barrio de San Telmo.


Son varios los temas y muchas las preguntas. Para comenzar, elegimos preguntarle acerca de ese bicho amarillo con rayas negras que del diario pasó a la televisión y llegó hasta las vidrieras de las jugueterías, e hizo cantar a tantos con sus pegadizos cantitos de hinchada.

¿Cuándo, cómo y por qué, Clemente, que fue originalmente un personaje secundario de la tira Bartolo -publicada por primera vez en Clarín en marzo del ’73-, se convierte en el protagonista de ésta y crece, incluso, más allá?


Yo me había propuesto hacer una tira muy libre, muy suelta, con mucho absurdo. Tenía muy presente el ejemplo de Quino con Mafalda y además quería torcer ciertos rumbos que había tenido hasta el momento la historieta. No porque yo me considerara un revolucionario del género sino simplemente para no aburrirme y no cansar al público. Las historietas de los años ‘50 y ‘60 tenían como característica personajes con una cualidad psicológica determinada, por ejemplo: Falluteli, Avivato, o bien otros que tenían un oficio fijo como Paraservis, el personaje de (Eduardo) Ferro que invariablemente rompía cuanto artefacto le llevaban para arreglar. Hacia fines de los ‘60, Quino crea una tira con varios personajes, cada uno de los cuales tenía una característica psicológica fija: Mafalda era la contestataria; Susanita era la señora gorda; Manolito, el interesado en los negocios; Felipito, el volado. Él obtenía la variedad mezclando las características de todos.


Lo que yo quería era agregarle una cuota de absurdo a estos antecedentes. Inicialmente, creí que Bartolo iba a cumplir con esto, pero me dejaba en cana de una visión un poco nostálgica de Buenos Aires. Entonces, fui favoreciendo el ascenso de Clemente porque cumplía mejor con ese objetivo. Eso se produjo más o menos a los tres, cuatro o cinco años desde que se empezó a publicar. No es que yo tuviera esto planificado de antemano, todo lo contrario, se fue dando con el tiempo.


¿Ésta condición de libertad para crear, determinó que el protagonista fuera finalmente un personaje que no pudiera definirse bajo cánones tradicionales?


Bueno, tampoco se sabía bien qué era Bartolo, tenía medio cuerpo de pájaro, usaba sombrero, conducía tranvías. Y Clemente era una especie de pajarito sin alas. En sus comienzos tenía el pico mucho más puntiagudo, el cuerpo más chiquito, las patas más pequeñas que ahora. Ha cambiado. Pero alas o brazos nunca tuvo. De manera que yo cuando me preguntan qué es Clemente digo que es un Clemente. Los Clementes son así. Podría decirse que se gastó las manos acariciando a la Mulatona (risas). Se trata de un personaje de lo absurdo que me permite entrar y salir de la realidad, y de la actualidad, y contradecirse si es necesario, sin tener que pedir permiso.

Los niños se relacionan con los personajes, de cuentos, de películas, del teatro, más allá de las calificaciones y formas que les ponemos los adultos ¿Esto explica la apropiación que el público infantil ha hecho de los personajes de historieta como Clemente?


Clemente no está pensado para los niños, es para un público adulto, el público que lee los diarios. Al ser llevado a la televisión (en el año ‘82, por Canal 7), fue adoptado por ese otro público que son los chicos. La transcripción de la tira diaria al lenguaje televisivo implicó ganancias en ese sentido. En la televisión, además de ver a Clemente en colores, cosa que en el diario sucedería mucho después, se lo vio moverse, se lo escuchó hablar y cantar. Los cantitos eran muy pegadizos, la adopción fue inmediata.

En el 2004 Clemente fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad, a él que además de futbolero, tanguero y romántico es todo un porteño, ¿qué le significó esta distinción?


Je… no lo sé. Sí sé que Clemente podrá ser patrimonio de la Ciudad pero que los derechos de autor me los tienen que seguir girando a mí (risas). Ese tipo de distinciones, como esto que me tocó a mí que ahora soy Ciudadano Ilustre, son caricias para el ego. Pero a veces los premios son más una necesidad de quien los da que de quien los recibe, uno los agradece en la medida que significan reconocimientos. Y en mi caso personal, el reconocimiento fue por la trayectoria, por lo cual uno no hace más que sentirse viejo. Yo dije en ese momento, y sostengo, que más que ‘ilustre’, me siento ilustrador, simplemente.

Hablando de premios, hay uno, en la larga lista de distinciones que le han otorgado, que nos llamó especialmente la atención: el que le dieron en el año ’84 en el Salón del Humor del diario Shinbum en Tokio, Japón. ¿Cómo un humor tan porteño, tan localista, se extiende, se entiende, se comparte y se premia al otro lado del mundo?


Ese premio lo obtuve por las publicaciones de los domingos, las de la revista de Clarín. En China ha salido un libro con dibujos míos que se ha agotado, y a mí eso me hace mucha gracia. Están traducidos al chino hasta los chistes tangueros. También hay una versión en francés de un dibujo que hice donde hay un tipo haciéndole el verso a una mina, una situación bien nuestra. Yo no sé qué pueden entender de eso, pero ahí está.

Ha de haber algo en su propuesta artística que traspasa barreras culturales como las del lenguaje…


Mirá, yo creo que los franceses deben decir “Qué raro…” ¿Viste que en el cine francés “qué raro” es sinónimo de qué interesante o qué lindo? Y los chinos… no sé. Bueno, sí, hay una clave universal en el humor gráfico, en el dibujo, que lo hace accesible y entendible en todas partes. Es un lenguaje universal a pesar de que tiene toda una clave que hay que descifrar. Esta resolución de la realidad en líneas significa una especie de abstracción que hay que entender. Y después están los códigos de la historieta, como por ejemplo que un texto encerrado en un globo con una colita apuntando a un tipo es lo que ese tipo está diciendo; y si ese globo en lugar de tener las líneas redonditas tiene forma como de nubecitas y en lugar de esa colita tiene otros redondelitos, quiere decir que está pensando; y si ese globo es más nuboso, que eso se está soñando. Todos son códigos que son de muy fácil acceso y que hacen que el humor gráfico sea un lenguaje esencialmente popular y para mí esa es una clave fundamental.

Se habla de la historieta, y en lo que al uso que de la misma hacen los niños, como puerta de acceso a la literatura, ¿concuerda usted con esto?


Sí, claro. Cuando yo era chico la televisión era incipiente y lo que nos alimentaba eran las historietas. Era la época de oro de las historietas. Estaban (Arturo) Prat, (Enrique) Breccia, (Francisco) Solano López, y los guiones de (Héctor) Oesterheld. Un montón de artistas de la historieta seria, digamos. Y estaban también los humoristas concentrados en las revistas Rico Tipo y Patoruzú. Pero sobretodo la historieta seria trabajaba con algunos clásicos de la literatura. Un poco presuntuosamente muchos llaman a la historieta “literatura dibujada". Creo que el mejor ejemplo de esto ha sido el “Negro” (Roberto) Fontanarrosa que es el creador de un puente precioso entre la una y la otra, porque así como él usó la historieta para llegar a la literatura, le permitió a mucha gente que a lo mejor no estaba acostumbrada a leer cuentos o novelas, atravesar ese puente y desembarcar en un mundo realmente muy atractivo.

Se define como un ‘dibujante de humor’. Para cerrar esta charla, ¿cómo fueron sus comienzos en este oficio?


Yo soy un dibujante de humor o humorista gráfico, que es lo mismo. En realidad, si te fijás en la historia personal de casi todos los dibujantes te vas a encontrar con pibes más bien tímidos de esos que son observadores, que están atentos a lo que pasa aún cuando no tengan una participación directa. Esos son los tipos que después desarrollan en su laboratorio, que es su tablero de dibujo, ese mundo que ven. Y esas son las características que yo tenía de pibe también. Era un pibe que miraba y dibujaba, siempre, como un juego. Yo tuve una infancia normal, de fútbol, bolitas, barrilete. Me crié mucho en la calle, que no era esta calle peligrosa y acechante de ahora sino que era una especie de continuidad de la casa de uno, pero siempre me hacía el espacio para dibujar, inclusive incorporaba al dibujo a los otros pibes del barrio. Dibujábamos en cualquier parte. Lo que hice con el tiempo fue profesionalizar eso. En la escuela primaria me llamaban para hacer los pizarrones en las efemérides; y en el secundario mis carpetas circulaban por toda la división porque eran como revistas de historietas, los personajes eran caricaturas de mis compañeros o los profesores. Esas mismas cosas se las llevé a Landrú en el año ‘66 a la redacción de Tía Vicenta, yo tenía 17 años y todavía iba al colegio. Desde ahí, empecé a publicar y profesionalicé, digamos, eso que venía haciendo desde que era chico.



Tinta animada


Además de la historieta y el dibujo, Caloi es un apasionado por las artes plásticas y el cine de animación. “Los animadores no son lo mismo que los humoristas gráficos pero son primos hermanos. Lo primero que conocí de animación fue la actividad de Oscar Grillo, que es el animador más importante que produjo la Argentina y que está radicado en Londres desde hace muchos años. Pero yo me enteré más de todo este mundo cuando en el ‘78 o en el ‘79, viajamos con el “Negro” (Roberto) Fontanarrosa a Lucca, en Italia, donde se hacía una especie de congreso de humor y de historieta en el que había un festival de películas de animación. Todavía tengo grabado en la retina, muy fresco, las imágenes de El señor Pascal, una película magistral de Alison De Vere, una inglesa muy talentosa. Para mí eso había sido un gran descubrimiento. Entonces pensé, sin demagogia, que si acá, en Argentina, el público era tan receptivo con lo que nosotros, los humoristas gráficos, producíamos, el cine de animación tenía que ser también muy bien recibido. En ese entonces empecé a soñar con hacer un programa de televisión para poder mostrar ese material. Y eso lo concretamos con María once años después”.


Con producción y dirección de María Verónica Ramírez, en 1990 Caloi llevó a la pantalla de ATC un programa dedicado a la difusión del cine de animación de autor. Pionero en su rubro, Caloi en su tinta fue la puerta de entrada para que muchos argentinos descubrieran un arte exquisito de gran producción en el mundo entero. El ciclo, que tuvo como objetivo, además, estimular la producción del cine de animación local a través de importantes concursos de carácter nacional, y que recibió premios en el país y en el exterior, estuvo en el aire de manera ininterrumpida durante diez años, hasta finales de los ‘90; en el 2001 y hasta el 2003 se emitió por Canal à y en el 2005 volvió a hacer temporada en Canal 7. Ahora, una selección de los mejores programas llega en una serie de tres DVD’s, editados por SBP. “Desde que comenzamos con el programa de televisión hubo todo un público muy fiel y ‘fana’ de la animación, de estos realizadores que trabajan con tanta libertad y que construyen estos mensajes universales que son los cortos de animación. Esa gente fue siguiéndonos y permanentemente nos han pedido tener esas películas. Así que después de casi 20 años de comenzado, desembarcamos en los DVD. Es un broche lindo porque el programa de televisión es un poco efímero, y con esta colección posibilitamos que el material quede en las videotecas, en las casas, en las escuelas”, explica María. Y agrega: “La animación es un arte al que debe prestarse especial atención, sin distinción de edad, dada sus múltiples posibilidades no sólo de entretenimiento sino también formativas. El formato del cortometraje, que es el que abunda en el cine de animación, obliga a una síntesis y al uso de recursos que el cine en general deja de lado, como la metáfora por ejemplo. El lenguaje del corto, sumado al lenguaje de la animación, es muy completo. La animación permite inventar un mundo. Se inventan los personajes, el mundo en que viven, las historias que tienen, todo. Al mismo tiempo abre la fantasía, porque permite que cada espectador complete esos mensajes con sus propias experiencias, con sus propias lecturas. Por eso es un material que los docentes pueden aprovechar porque realmente es muy rico. Y es original, es entretenido”.

 

 

Planeta Caloi

Carlos Loisseau –Caloi-, nació en la provincia de Salta, en el Norte de la Argentina. Su mamá era sanjuanina, y su papá un bonaerense nacido en Ensenada que trabajaba en YPF, razón por la cual supo de traslados varios y por la que Caloi dice “podría haber nacido en cualquier punto del país”. Poco antes de cumplir un año ya vivía en la Ciudad de Buenos Aires en el barrio de Núñez, aunque las calles de su infancia fueron las de la Zona Sur del Gran Buenos Aires, puesto que entonces la familia se mudó a Lomas de Zamora; también vivió en Rosario, en la provincia de Santa Fe. Hoy, es vecino del sur de la Ciudad, vive con una numerosa familia frente al Parque Lezama, en San Telmo. Cursaba aún el 5º año del secundario cuando en 1966 comenzó a publicar sus dibujos en Tía Vicenta; también publicó en María Belén, Siete Días, Satiricón, Primera Plana, Análisis y El Gráfico, entre otras revistas. Desde 1973 publica en el diario Clarín la tira diaria "Clemente" -"Bartolo", en sus orígenes-, y también dibuja para la revista Viva. Sus obras se reproducen en países de Latinoamérica, Centroamérica y Europa. En el interior del país, y en el exterior, ha realizado exposiciones individuales y colectivas; también da charlas y conferencias. En museos de Estados Unidos y Europa se exhiben originales y reproducciones suyas. Ha sido jurado en concursos de dibujos infantiles, de humor gráfico y caricaturas. Creativo publicitario, sus dibujos ilustraron campañas de diversas firmas desde finales de los ´60. Guionista de televisión, en 1982 llevó a la TV su más famosa creación, Clemente. Desde el año ´90 conduce el ciclo de TV Caloi en su tinta, un programa dedicado a la difusión del cine de animación de autor. Publicó más de una treintena de libros donde recopila sus trabajos y recibió importantes premios en Argentina, en Italia, en Finlandia y hasta en Japón. En el mes de marzo, fue nombrado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”.


Más info en: www.caloi.com.ar

Autor: Ciudadano Ilustrador

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