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01-11-2014 |

Educación - Madres y Padres

¡Atención escuela!

Críticas, polémicas, desencuentros, demandas de más y mejor: la escuela del siglo XXI soporta los embates del contexto que parece querer de ella siempre algo diferente o novedoso. Instantáneas de una crisis, para estar alertas.

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por Gabriela Baby

 

“…el sistema escolar en las sociedades modernas es uno de los lugares donde se fabrican las personas, donde se crean las formas de pensar, las formas de actuar, en relación directa con la familia”.
Pierre Bourdieu, La escuela, 1991.


“Si hoy observamos la relación entre la escuela y la familia, detectamos ciertos fenómenos que se repiten. Por parte de los padres: quejas permanentes. Demandas insatisfechas. Defensa incondicional de sus hijos. Amenazas de retirarlos y cambiar de institución frente a mínimas situaciones de conflicto. Por parte de la escuela: acomodación a las necesidades de los padres y sensación de que nunca alcanza. Docentes que se sienten desvalorizados, no reconocidos. Enojo hacia los padres. Protestas porque las familias les demandan responsabilidades y tareas que sienten que no les competen. Todos se echan la culpa a todos. ¿Qué pasó con aquella alianza que unía a la familia y a la escuela?”,  se pregunta Liliana Maltz en su trabajo titulado “Familia- escuela  ¿Cómo pensar lo que acontece en la relación familia – escuela en tiempos alterados?”,  presentado en el postgrado en Gestión de las Instituciones Educativas de FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales).

A partir de este interrogante, la especialista abre el juego: “…sirve para comenzar a avanzar en el análisis de la escuela hoy con la certeza de que se quebró un pacto que, en su origen, le dio sustento a la escuela. Las representaciones desde las que cada parte mira a la otra ya no sirven. No son las mismas familias, no es la misma escuela, no es el mismo niño”, subraya. Y pone el dedo en la llaga al cuestionar el sentido y el quehacer educativo actual. Es que tanto padres como docentes, directivos y especialistas manifiestan al respecto un malestar preocupante.


SOLA, FANÉ, DESCANGAYADA
Así se llamó el ciclo de charlas organizado por Myriam Southwell y Dora Niedzwiecki, investigadoras del Programa Políticas, Lenguajes y Subjetividades en Educación de FLACSO, que convocó a una serie de especialistas en educación y alrededores, para compartir perspectivas y reflexiones sobre la situación de la escuela, poniendo en relevancia -a partir de este provocador título tanguero- el sentimiento de malestar: “Porque decir crisis es decir algo muy general y trillado”, dice Myriam Southwell: “ y es una idea que se viene repitiendo hace años. Nos entusiasmó convocar a pensar la escuela con sus desaciertos, sus fallas y sus errores, -fané y descangayada- para dar luz sobre algunos temas”. Las demandas de los padres, el vínculo con los maestros, la micropolítica escolar y los nuevos temas sociales que entran a la escuela rankearon entre los primeros puestos de esas preocupaciones. Siempre considerando el valor social de la escuela como algo positivo e indiscutible.

Fané y descangayada pero a la vez valiosa y efectiva, contradictoria y llena de preguntas, la escuela constituye un universo que muestra muchas y diferentes caras, que necesitamos volver a mirar.


SIEMPRE IGUAL, TODO IGUAL, TODO LO MISMO
Fernando Onetto, autor de La escuela tiene sentido. Convivir con extraños: la socialización en una cultura del disenso (Noveduc), recupera el origen histórico de la escuela para intentar explicar la crisis actual. “La escuela tal como la conocemos ahora es la que diseñó Juan Bautista de La Salle, antes de la Revolución Industrial: un grupo de alumnos, un maestro. Este esquema se impuso en Francia y de ahí pasó a todo el mundo. Y ha logrado alfabetizar a miles de millones de personas, que era uno de sus objetivos. La escuela, como institución, tiene más de 150 años y es exitosa: quiero decir, el modelo sobrevive. Además es económica: un maestro, muchos alumnos. Y aunque el contexto cambió, eso no quiere decir que se invalide la escuela”, dice el investigador de la Universidad de San Andrés y coordinador del Programa de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación de la Nación.

Siguiendo con la cronología, Onetto llega al presente: “Hoy la sociedad es mucho más diversa, la tecnología hace que el mundo se estreche mucho más, se borran las fronteras… y también el adentro y el afuera de la escuela se debilitan. A tal punto que han ocurrido hechos como que un papá entre a la escuela sin pedir permiso, encare al docente y le pegue. Antes esto era impensable”.

“Mientras que antes los padres tenían que ser convocados y entraban hasta cierto lugar de la escuela, -continúa Onetto- hoy irrumpen en ese lugar áulico, que tiene, o tenía, algo de lo sagrado. Recordemos que la escuela era el templo del saber y la maestra, una segunda madre”.


EDUCAR EN EL SIGLO XXI 
Sin embargo, para Dora Niedzwiecki, la apertura hacia el medio social permitió en épocas recientes un compromiso de la escuela con su entorno. “En momentos de crisis como el de fines de los 90’s, el sistema educativo fue recibiendo el impacto de las comunidades en las que estaba inserta y tuvo que incorporar otras funciones para las cuales no estuvo previsto… Zanjadas algunas cuestiones acerca de si esto era asistencialismo o educación -porque todo lo que pasa en la escuela es educativo-, la escuela fue pensando algunas cuestiones alrededor de qué es educar en este siglo”.

En ese sentido, que la escuela dé lugar a preguntas que vienen del afuera es un valor positivo para la especialista. “Porque aunque hay cuestiones que ya están discutidas en la sociedad, siguen siendo una novedad para la escuela. Por ejemplo, toda la nueva perspectiva de derechos que viene regulándose en nuestro país y que tiene que ver con la igualdad de género, el matrimonio igualitario y la educación sexual”, dice Niedzwiecki. Y dispara: “¿Qué pasa cuando un docente o un director asume una identidad de género que pone en jaque a toda la comunidad? ¿O cuándo se presentan los padres de igual género de un alumno? ¿Qué pasa con las alumnas embarazadas o madres durante los últimos años de la escuela primaria o la secundaria? Quiero decir, hay una serie de cuestiones que aún hacen pregunta en la escuela. Y las escuelas están alojando estas preguntas”, ejemplifica la investigadora.

Sin excluir a las preguntas que provee el contexto social, Fernando Onetto apunta a definir el valor específico y la finalidad de la institución escolar: “Es el lugar donde el conocimiento de la Humanidad pasa de generación en generación, y es también el lugar de conocimiento y convivencia con el otro. Es cierto que todo el saber de la Humanidad está en Wikipedia: puede haber más saberes allí que en la cabeza de cualquier persona. Pero es necesario ordenar, dar sentido, organizar esos saberes. Y ahí está el maestro. Y, por otro lado, la escuela obliga a cada uno a convivir con otros. El sentido de la escuela justamente es esta convivencia con extraños. La escuela es el lugar del otro inevitable… lo tengo ahí y no tengo más remedio que interactuar”, resume Onetto.


PADRES QUE PIDEN MÁS Y MÁS
Y sin embargo, queremos más. Porque del lado de los padres, existe una activa demanda de calidad, eficiencia, novedad, modernidad, inteligencia y otros etcéteras a la escuela. Que tiene su razón de ser y que también genera en el cotidiano relaciones entre adultos de cierta rispidez y tensión. “A partir de la construcción de una subjetividad demandante, que en las últimas décadas se vio favorecida por el incremento, al menos en medios urbanos, de la gran oferta de la escuela privada, se armó un territorio de puja complicado entre la escuela pensada como una empresa, corrida de su eje de lo público cuya ejecución y ética viene dada de un mandato de política pública”, dice Niedzwiecki.

De este modo, las tensiones y demandas cruzadas entre padres y docentes se actualizan día a día. Para Onetto, el ruido en la comunicación se da por un problema de entrenamiento. “El maestro no está preparado para dialogar con adultos, y eso es algo nuevo que el maestro debería aprender”, dice el especialista. Y puntualiza: “el docente debería dedicarse más a preparar las reuniones de padres, armar blogs donde se informen las novedades a los padres o generar listas de mails, por ejemplo”.

Aunque los padres tienen también su cuota de responsabilidad, señala Onetto, ya que “deberían ponerse a trabajar con el maestro, y no en contra”. “Los padres deben colaborar y enviar a sus chicos en situación de educabilidad a la escuela y no, como pasa a veces, que van sin los útiles o sin dormir, por ejemplo. Muchas veces, no pueden controlar o poner límites a su hijo y pretenden que el maestro lo haga, cuando en realidad no es su función”, concluye.


EN BUSCA DE UNA MEJOR ESCUELA
Trabajar en equipo teniendo en cuenta las funciones de cada quien y plegarse a las normas escolares podría ser una fórmula de saneamiento del vínculo entre las familias y la escuela. “Porque, por otra parte, en cada escuela, el director o la directora ejerce una micropolítica, es decir, toma decisiones que van orientando el recorrido de su escuela. Y es interesante observar de qué manera, con las mismas herramientas y a partir del mismo punto de partida (el estatuto y las leyes) una escuela se plantea un proyecto y otra escuela sigue otro camino. Entonces aparece la más prestigiosa del barrio, la menos exigente, la más desordenada, la de la indisciplina, etc. Esto se debe a las decisiones cotidianas y diversas que vaya tomando la comunidad escolar, principalmente sus directivos, pero también los maestros y los padres en conjunto”, dice Niedzwiecki.  Y esto dignifica el diálogo abierto y sincero entre maestros, padres y directivos. Que irán delineando estilos, decisiones, experiencias, formas de enseñar y aprender cada día. Un ejercicio cotidiano que apunte a dar con la mejor escuela.

Pero, ¿cuál es la mejor escuela? Para Myriam Southwell la respuesta es muy clara: “Una buena escuela es aquella en la que todas las culturas estén incluidas. No toda la cultura, porque eso es imposible, sino las culturas, las distintas experiencias vitales que puedan estar alojadas allí, plenamente, no subsumidas ni subalternas. En ese sentido, hacer que eso se haga carne cotidiana supone que la escuela sea un poco de todos. Que sea del barrio, de un Estado, de esos chicos que van allí cada día, de los maestros y de los directores”.

Cerrando bordes en una apertura a nuevas experiencias y más preguntas. Un, dos, tres ¡click! esta podría ser una foto de la escuela actual. Continuará…



Para seguir pensando:

- Onetto, Fernando. La escuela tiene sentido. Convivir con extraños: la socialización en una cultura del disenso (Noveduc).

- La educación prohibida. Película documental argentina realizada por un grupo de jóvenes que se propone cuestionar las lógicas de la escolarización moderna y la forma de entender la educación, visibilizando experiencias educativas diferentes, no convencionales que plantean la necesidad de un nuevo paradigma educativo. Se puede descargar y/o ver online en el sitio http://www.educacionprohibida.com

 

 

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