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01-08-2001 |

Cultura - Madres y Padres

Astronomía: Los chicos miran al cielo

La inmensidad del cielo despierta un sinnúmero de sensaciones. Mediante el estudio sistemático de lo que observa, la astronomía saca dudas, calma temores y alimenta todo tipo de pasiones. A través de cursos y observaciones por telescopio, en el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires y en el Observatorio de la Asociación Amigos de la Astronomía los chicos tienen la posibilidad de acercarse a esta ciencia.

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Por Ariel Saidón



La astronomía es la ciencia que estudia al universo y los elementos que lo componen: los astros y los objetos celestes. Según los propios cientistas, es la disciplina más antigua y rastrear su origen nos llevaría a los comienzos de la humanidad. Desde los tiempos más remotos, el cielo nocturno despertó las más profundas intrigas y temores. En la antiguedad, mitos y leyendas intentaban explicar todo lo que se veía en el cielo -o lo que venía de ahí-.

Los chicos, por su parte, casi espontáneamente tienen un destacado interés por la astronomía y se hacen (nos hacen) infinidad de preguntas acerca de lo que ven. El licenciado Mariano Ribas, coordinador del Area Astronomía del Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei, observa que “hay dos temas que a los chicos le fascinan: la astronomía y los dinosaurios”. “Los dinosaurios, por su tamaño, parecen monstruos -continúa- y la astronomía, desde otro punto de vista es también monstruosa.”

Alejandro Blein, director del Observatorio de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, dice que los chicos comparten con el hombre primitivo sus dudas y temores. “Los chicos pueden compararse con las personas de la antigüedad, no tienen conocimientos ni estrucuras de pensamiento y se inventan historias, pequeños cuentitos de lo que es el espacio”.

El Planetario Galileo Galilei es el lugar tradicional en el que los chicos tienen su primer contacto con los astros. Todos recuerdan haberlo visitado al menos una vez en su infancia, aunque sea como parte de un paseo escolar.

Otro de los lugares al que los chicos pueden acercarse para conocer los planetas es la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, una agrupación de aficionados a esta ciencia. Algo así como un club que en vez de canchas de fútbol y paddle tiene un observatorio, una biblioteca y el instrumental necesario para la observación y la investigación. En su sede de Parque Centenario dictan cursos, a los que concurren personas de todas las edades y profesiones, desde los 10 años. Los viernes y sábados por la noche organizan observaciones por telescopio abiertas al público en general y los días de semana reciben visitas de escuelas.

La tarea de los aficionados es de vital importancia ya que son ellos los que realizan la observación directa y los que la confrontan con la teoría. Como a ellos les gusta decir, “la parte romántica de la astronomía”. Los astrónomos profesionales, en cambio, están más dedicados al desarrollo de teoría y al cálculo. En todo el mundo hay clubes como este que periódicamente intercambian información con los profesionales.

Blein sostiene que el interés del hombre por lo que sucede tan lejos allá arriba es algo innato, como una orden genética. “Hoy podemos saber que todos los átomos que forman nuestro cuerpo y, en general todas las sutancias y elementos que vemos en la tierra, se tienen que haber sintetizado en el núcleo de una estrella. O sea que cuando miramos el cielo, nos estamos mirando a nosotros mismos.”, dice.

Este interés casi natural por los cuerpos celestes es alimentado, además, por los programas de divulgación que pasan algunos canales de cable y que dan mucha información pero no los elementos para comprenderla y, por lo tanto, generan más preguntas que respuestas.

Blein percibe ese clima cada vez que recibe grupos de chicos que visitan el Observatorio con su escuela. Además de preguntas básicas del tipo ¿por qué flota la Luna? o ¿por qué son redondos los planetas?, hacen otras más específicas como ¿por qué Jupiter tiene 20 lunas?

La duda que más intriga a la mayoría, y no sólo a los chicos, es si puede haber algún tipo de vida extraterrestre. Pero, “aunque la astronomía lo toque de costado, ese no es un tema específicamente astronómico”, aclara Ribas.

El astrónomo del Planetario cuenta que el estudio de los astros comenzó a sistematizarse hace dos o tres mil años, cuando se reconocieron las constelaciones, conjuntos de estrellas que permitieron dividir el cielo en partes.

En realidad, las constelaciones no existen como tales y las estrellas que la componen no tienen nada en común unas con otras, incluso están a distintas distancias de la tierra. Son construcciones imaginarias que se forman uniendo con una línea -como en esos juegos de unir puntos con una lapicera- las estrellas que se ven en el cielo. La Cruz del Sur, es la más famosa, pero también hay constelaciones con formas de león, una cuchara o dos gemelos.

La astronomía estudia desde lo más cercano hasta lo más lejano. Comenzó por el sistema solar, siguió por las galaxias, los cúmulos de galaxias y el universo en su totalidad. Actualmente, los científicos tratan de determinar las fronteras entre los cúmulos de galaxias, buscan planetas extrasolares (ya se encontraron más de 50) y se preguntan por el destino del universo. “Se sabe que el universo nació a partir de una gran explosión, el Big Bang, y que actualmente se está expandiendo. La duda es si va a seguir expandiéndose eternamente o si algún día va a frenarse y va a comenzar a contraerse”, explica Ribas.

Pero la astronomía, está más cerca de la vida cotidiana de lo que el común de la gente cree. La observación del cielo sirvió a los primeros expedicionarios, y sirve actualmente a los navegantes, para orientarse. Además, todas las medidas de tiempo están basadas en fenómenos astronómicos. El día es el tiempo en que la tierra gira sobre sí misma, el año es lo que tarda en dar una vuelta alrededor del sol y los meses están en relación con las fases lunares.

Desde octubre del año pasado, una nueva gestión en el Planetario encabezada por el licenciado Leonardo Moledo impulsó las tareas de divulgación que tradicionalmente se realizaban allí. Se mantuvieron las funciones para grupos escolares, se agregaron funciones los fines de semana, compraron telescopios y se implementaron programas para acercar la ciencia a nuevos sectores de la sociedad. “A veces al Planetario se lo asocia con un paseo para chicos, como el zoológico. -dice Mariano Ribas- Pero la astronomía es una ciencia profunda, se pregunta nada menos que por el origen de la vida y el destino del universo. Nosotros queremos que el Planetario se convierta en un lugar de paseo habitual, queremos que la astronomía pase a ser algo más en la vida cotidiana de la gente”.

El objetivo de estos lugares es mantener vivo el interés por la astronomía y que no sea algo pasajero que se olvide durante la adolescencia. Porque, como dice el director del Planetario, “un chico que mira al cielo por primera vez, es otra persona a partir de ese momento”.

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