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01-09-2008 |

Cultura - Madres y Padres

Aprender a mirar

La especialista en arte y educación, Vali Guidalevich da las claves para entusiasmar a los chicos frente a un cuadro, una escultura o una fotografía. Experiencias para compartir en familia.

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Por Gabriela Baby

 

¿Hay un modo de enseñar a mirar un cuadro?


Me gustaría ampliar la palabra cuadro a cultura visual. Cultura visual incluye pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones, diseño, producciones de los chicos y chicas, videos, publicidad. Los estudios de la cultura visual producen relaciones y cruces entre distintas disciplinas como la historia del arte, la antropología, la estética, la literatura, la comunicación, la filosofía y la sociología. Entonces, estar frente a una obra implica poner en relación muchos aspectos: personales y culturales también.

Desde el punto de vista de la enseñanza, pienso que hay muchas maneras de enseñar a ver una imagen y también muchas maneras de aprender a verla. Porque es muy diferente lo que creemos que enseñamos de lo que realmente se aprende.

Entonces, ¿enseñar es dejar aprender o hay un camino dado, según el grado de complejidad de una determinada obra?

Hay algo que tiene que ver con los tiempos. Porque cada uno tiene distintos tiempos en el aprendizaje. Puede ser que un chico (o un adulto) crea que hay ciertas cosas que aprendió y luego de un determinado tiempo se dé cuenta que se las olvidó. Y otro que pensó que no pasó nada pero que después encuentre situaciones que puede conectar con esas cosas que creía ignoradas. Con esto quiero decir que no sólo hay una distancia entre lo que uno piensa que va a enseñar y lo que realmente enseña, sino también entre lo que uno cree que enseña y lo que cada uno aprende. Porque cada uno aprende de una determinada manera: su manera personal de construir el aprendizaje.

¿La práctica del taller de artes plásticas o de pinturas induce a quien lo realiza a poder disfrutar de las artes visuales?

Puede ser a que un chico le interese el hacer y producir del taller de plástica pero no le guste ir a un museo. Para construir el interés, el disfrute y esas ganas de plantarse frente a una producción visual se puede trabajar de diferentes maneras. El juego es una entrada fundamental. Por ejemplo, en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires), donde coordinaba las visitas guiadas para chicos, armé un cuadernillo para que los chicos con su familia recorrieran el museo. Había pistas para encontrar determinadas obras y consignas para hacer. Recuerdo una: “Busquemos un personaje que tiene un enorme pie”, en referencia a una obra de Tarsila do Amaral. O “busquemos un personaje que se quedó dormido”, y encontraban a Juanito dormido, de Antonio Berni. A partir de ese paneo por las obras, cuando descubrían cada una, había una guia de actividades para que uno pudiera hacer con su hijo. Y después, había propuestas para hacer en casa, que no necesariamente eran de plástica: podían ser inventar un cuento o una canción o un baile en relación con esa obra.

Otro hecho que ocurre frecuentemente con la salida al museo o a la galería de arte es que muchos padres quieren verlo todo: aprovechar la salida. Recorren el museo de una punta a otra y para el chico es agotador; la experiencia resulta contraproducente. Yo propongo ver una parte, divertirse, reflexionar y dejar algo para ver otro día. Salimos entusiasmados con eso que vimos y sabemos que queda más por ver.

¿Cómo se acompaña al chico para que valore una pieza de arte en el contexto que fue hecho?

Con valorar suponemos que esa obra, por lo menos, tendría que resultar interesante. Entonces plantearía una pregunta: ¿qué relación tiene esa imagen con el chico y el chico con ella?, y ¿con otras imágenes? ¿Qué podemos aprender de esa obra? ¿Qué tiene que ver esa obra con esta persona que la mira en particular?

La idea es incluir en los análisis de las obras problemas locales, cuestiones que se puedan conocer, identificar, cuestionar; y así el arte permite este viaje a la vida cotidiana que le dio contexto y también la vida cotidiana se enreda con el arte.

Por ejemplo, nosotros realizábamos un trabajo con la obra de Antonio Berni. Y dentro de este trabajo había diversas actividades y algunas preguntas. Se le preguntaba a los chicos: ¿por qué Berni pinta manifestaciones? ¿Qué pasaba en esa época? ¿Y ahora cómo se manifiesta la gente? ¿Necesitan pan y trabajo también? Y ustedes, chicos, si pudieran hacer una manifestación: ¿qué querrían pedir? ¿A quién?

¿Y para que aprecie las técnicas o escuelas específicas?

En cuanto a lo formal, se puede pensar en las dimensiones que usa Berni y en el movimiento muralista de entonces. Además, pinta sobre arpillera. Todo esto nos ayuda a ver ese cuadro. Se trata de ver algo más que el nombre del artista, el año en que lo pintó y la técnica: eso es pura información que a un chico no le interesa.

Por el contrario: una imagen son diferentes capas a develar. Para esto no hay que ponerse en un lugar de saber, -“te explico esta imagen”-, sino desde un lugar que invite a participar: miremos y veremos qué significa para nosotros. Si el chico o la chica puede jugar con estas imágenes y ver qué tiene que ver con él o con ella, probablemente va a tener más ganas de ir a un museo.

¿Qué les suele gustar más a los chicos a la hora de mirar plástica? ¿El color? ¿Las obras abstractas? ¿Los cuadros de gran tamaño?

No hay un gusto generalizado porque hay variedad de chicos y variedad de obras. A mí me interesa particularmente el arte del siglo XX y contemporáneo argentino y de Latinoamérica, como posibilidad de interpretar nuestro espacio social y nuestra manera de ver.

¿Saber mirar o leer una obra visual forma parte de la alfabetización contemporánea?


Si antes ser alfabetizado tenía que ver con saber leer y escribir, ahora se puede pensar en multialfabetismos. Entre los que se incluye el acceso a los medios visuales, a los textos visuales. No quiero decir no a lo escrito, sino lo contrario: que estos textos se puedan combinar, relacionar, articular. Y que genere preguntas: qué es lo que esta imagen tiene para mostrar y qué es lo que no muestra. Cuáles son las imágenes que sí se muestran: ¿las que permite el poder?, ¿el espacio de ese museo? Porque hay otras imágenes que no entran en ese museo. Por eso insisto en ampliar lo que es el arte a lo que se entiende como cultura visual. Vivimos en un mundo rodeado y bombardeado por lo visual. Entonces es necesario saber comprender las imágenes diversas para ver qué nos dicen sobre el mundo que habitamos. Y sobre nosotros mismos.


Guidalevich dixit

Mirar, interpretar, crear pensamiento crítico
“La apreciación de una obra de teatro, de un paisaje, de una película, de una escultura, está relacionada con nuestros recuerdos, experiencias, conocimientos, maneras de pensar, de hacer, de sentir y con nuestra manera de ver, de entender el mundo y de vivir la vida. La experiencia estética, nos abre la posibilidad de desarrollar una mirada crítica, expresar nuestras ideas, disfrutar y apropiarnos de la diversidad artística. Como así también, hablar, debatir, cuestionar nuestras actitudes sobre diferentes problemas cotidianos: la violencia, la discriminación, la injusticia.

Una obra de arte nunca cierra la posibilidad de modificar su sentido. Siendo un objeto social, siempre se encuentra sometida a una re-interpretación y está en un constante ajuste. La cultura visual ofrece variedad y diversidad de lectura e interpretación: nos abre la posibilidad de tener un conocimiento plural y creativo, distintas miradas, diferentes ideas frente a lo que vemos, escuchamos y sentimos.”



Planeta Vali

Vali Guidalevich es doctoranda en Arte y Educación (Universidad de Barcelona) especialista en Gestión Educativa (FLACSO), egresada de la carrera de Diseño textil, en la Facultad de Diseño y Arquitectura de la UBA donde además hizo el Posgrado de la Carrera Docente. Fue la creadora y coordinadora del Programa Educativo “Arte para Chicos”, en el Centro Cultural Recoleta hasta el 2002 y en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) entre el 2001 y el 2003. Actualmente, dicta cursos de perfeccionamiento docente en arte en el CEPA (Escuela de Capacitación de la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y coordina el Programa Educativo en la Fundación Esteban Lisa, una escuela integral de arte para chicos. Es autora de la colección Arte para chicos. Libros sobre artistas argentinos, que publicará Editorial Albatros en noviembre próximo.


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