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02-05-2013 |

Notas y Entrevistas - Cine para chicos

Animación con espíritu rioplatense

El ilustrador, animador y director uruguayo Alfredo Soderguit presentó en Buenos Aires, invitado al 15° BAFICI, su primer largometraje animado, "AninA". La película se exhibió en la sección Baficito y también participó de la Competencia Internacional, donde obtuvo el Premio del Público a Mejor Película Internacional. En esta entrevista, cuenta sobre la experiencia de hacer animación en esta parte del mundo.

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Por Alejandra Casal.

 

¿Cuándo comenzó tu contacto con la animación?

Desde chiquito era de ese grupo de niños que dibujan y que, de alguna manera, va quedando en ese lugar, porque es al que los compañeros de clase le piden que dibuje el caballito, el perrito o lo que sea. Muy esporádicamente, sin sentir que eso tuviera que ver con una proyección profesional o con un trabajo, pero con mucho estímulo en casa. Al principio yo era de los que creía que si podías dibujar el caballito, y parecía una foto, eras un genio. Después me di cuenta de que no, sos el que tiene la capacidad de representar cosas. Y por eso mismo, también captaban mucho mi atención los libros ilustrados y las películas dibujadas, las películas de animación. Entonces empezaba a prestar mucha atención a los trazos, a cómo se hacen las cosas, cómo se expresan los personajes, a verlo desde muchos ángulos. Y siempre me resultó muy cercano.

¿Y cómo llegaste a transformar ese interés en una carrera?

Vivía en una ciudad del interior de Uruguay, en Rocha, y me fui a Montevideo a estudiar arquitectura. Estudié 3 años de la carrera y, en paralelo, en la Escuela de Bellas Artes, y empecé a quedarme más tiempo ahí que en arquitectura. Siempre dibujando y tratando de reconocer estilos de ilustradores de libros, tratando de imitar y aprendiendo de muchas maneras, con ejercicios, copias o lo que fuera. En un momento me fui de viaje a Alemania por 6 meses. Me colgué una mochila y me llevé una carpeta de ilustraciones. Se los mostraba a cualquier persona. Un día me fui a Noruega, acompañando a una chica que iba en auto, junto a otra chica que era ilustradora de libros. Fue un viaje como de 8 horas, a través de Alemania, charlando sobre el tema, y me fuí dando mucha manija. Volví de Europa y con la misma carpeta me paré frente a un vendedor de libros y le dije: “mirá, yo hago esto”. Y me dijo: “¿sabés qué? Justo en Alfaguara están empezando a armar un catálogo para publicar autores uruguayos y les va a interesar”. Y así fue. Fui a una entrevista en Alfaguara y me fui con dos libros bajo el brazo, dos manuscritos para ilustrar. Ahí empecé a ilustrar libros de todo tipo, de autores con los que me fui haciendo amigo también.

Y un día llegó el libro “Anina Yatay Salas”, sobre la niña capicúa...

En 2003 llegó Anina Yatay Salas, de Sergio López Suárez, y fue algo muy raro, muy fuerte, de amor a primera vista, a primera lectura. Toda la ternura que nosotros intentamos expresar en la película, en el libro está exponencialmente. Desde un lugar muy serio, muy humano, muy tierno, lo tiene todo. No es una de esas típicas novelas más bien descriptivas. No había una descripción de Anina, solamente que tenía cabeza y cola grandes. Yo lo leí y pensé: “éste es el libro que estaba esperando para realmente sentir el amor por este oficio”. Me pasó eso. Antes de pensar en hacer la película, agarré el libro y dije: “estos son los libros que yo quiero ilustrar”.

¿Y cómo surgió la idea de la película? 

En realidad la idea vino enseguida. Estaba entregando las ilustraciones y ya estaba pensando: “¡qué bueno esto para hacer una película!”. Nunca había hecho nada de animación y me gustaba. Recién por esos tiempos empezaba a juntarme con un equipo de amigos a hacer pequeños proyectos más experimentales de animación. Armamos un pequeño estudio con un amigo, un animador excelente, quien hoy es el Director de Animación de la película, Alejo Schettini. Y un día me llamó Federico Ivanier, el guionista, que es autor de novelas para adolescentes, uno de los escritores más prolíficos dentro de ese rango en Uruguay. Me dijo: “Tengo muchas ganas de escribir un guión para animación”. Y yo ya estaba loco con Anina, entonces le dije: “me encanta la idea, vamos a trabajar con éste libro”. Y trabajamos durante 2 años, porque yo no tenía idea cómo hacer para hacer esa película, entonces no nos obsesionamos con eso, sino con que el guión quedara bien.

La historia de la película tiene una mirada muy especial sobre el universo de los niños. Hay mucha frescura mezclada con lo onírico y la reflexión constante. 

La historia maneja dos mundos: el refugio, que es la casa de Anina, donde están sus padres, donde la contienen, donde ella aterriza. Y la escuela, que es la vida social, el mundo grande, el caos, donde el individuo está más perdido en ese otro mar de niños, en el recreo, en el espacio exterior de los niños; y también el ómnibus, que hace el efecto de transición, cuando Anina piensa y se va por el espejo, fantasea. Ahí es donde ella va y viene, viene y va. Sergio López Suárez, el escritor de la novela, tomó muchas cosas de su vida cuando él era maestro de escuela; de sus amigos, cosas que sucedieron y que las transformó. Es una persona que conoce sobre lo que está hablando y eso le da mucha autenticidad a los personajes. El desarrollo del personaje de Anina y sus sentimientos tan fuertes son muy auténticos, tan sensibles, tan fuertes, que lo hace muy real.

La técnica de animación genera la sensación de estar adentro de un libro. ¿Cuál fue la búsqueda estética?

La mayoría de los que trabajamos en la película somos ilustradores de libros. Y muchos de los animadores también, son tipos que trabajan más en el mundo de la ilustración. Nos interesaba eso porque si bien la animación es buena, no hay un despliegue de recursos estéticos de animación excesivo. Tiene lo justo para que los personajes se expresen y se sienta natural. A nosotros trabajar con ilustradores que también animan nos daba esa confianza, de personas que con muy poquito pueden lograr la expresividad, un gesto, la mirada, un movimiento simple y podían lograrlo de manera sencilla en un personaje. Creo que eso marca mucho la imagen visual de la película, y obviamente fue una opción. Queríamos que se viera así. Ajustamos las técnicas de animación para que pudiera verse así. Por ejemplo, todo lo que es fotografías o imágenes está dibujado así como si fuera a mano.

Con el boom de las películas de animación en 3D ¿evaluaron la posibilidad de que AninA tuviera ese formato? 

El 3D de modelado de personajes, más tipo DreamWorks o Pixar, una vez lo probamos porque queríamos ver qué pasaba si la apariencia era más cercana a la de una muñeca de trapo, más buscando un código de belleza, pero finalmente elegimos la apariencia del papel y no la del volumen. Respecto al 3D estereocópico, es agua con azúcar, es simplemente un boom comercial. Desde mi punto de vista no le aporta nada al cine; a mí me duele la cabeza cuando veo las películas en 3D, porque intentás hacer foco donde no hay foco; se cansa más la vista. Es falso, porque hay 3D ya en el cine plano, sin lentes, porque hay profundidad como hay en la fotografía. Y además revela una especie de truco: se ven los piolines, como en el teatro de marionetas. Si el recurso está en función de algo narrativo, me parece bien. Pero el hecho de solamente ponerse los lentes para ver capas como si fueran cartoncitos uno arriba del otro, para mí no tiene sentido. Y en la mayoría de las películas pasa eso.

La película se proyectó en el Festival de Berlín y también en Colombia, ¿cómo fue la experiencia de recepción en otros países? 

Creo que la esencia de la película funciona igual. Al que le gusta, no le generan ningún tipo de inconvenientes los códigos locales. Lo esencial, la historia, lo importante, la emoción, está. Algunos niños chiquitos, por ahí, se asustan en la parte de las pesadillas de Anina, pero igual la quieren ver. La gente se ríe más o menos en los mismos momentos. Capaz que en Montevideo se rieron más que en Alemania, y en Cartagena también, pero por el idioma, supongo. En Alemania a los chicos les interesaba, y sobre todo a los adultos que buscan ver este tipo de películas, se iban muy contentos. En Berlín, al final de las funciones por ahí preguntaban: “¿por qué son tan raras las casas?”, es una pregunta de niños muy chicos, veían las casas post-coloniales, esos barrios chiquitos, y les parecían raras. O “¿qué es lo que comen?”, por las tortas fritas que hace la mamá. Se interesaban por esas cosas que para ellos eran rarezas. En Cartagena no hubo ese tipo de preguntas; a nadie le parecía raro ni extraño, aún con la diferencia de acento. La última función allá, una sala 1400 espectadores, el 90% eran niños de escuela, y gritaban como si estuvieran en una tribuna de fútbol. Estuvo buenísimo. Ahora la participación en BAFICI, para nosotros, es súper importante por la idiosincrasia también. La película tiene una esencia tan rioplatense que acá es como el gran espacio.

Es la primera vez que ocurre en un BAFICI que una película está en el Baficito y en la Competencia Internacional al mismo tiempo...

Obviamente nos pone muy contentos que la película participe en dos secciones. La oportunidad que nos dio BAFICI de estar en ambas secciones para nosotros es alucinante porque también le da mucha importancia a la película, un respeto que, si bien Baficito está genial, me parece que competir en la sección internacional la proyecta a otras zonas que a nosotros nos interesa y nos gusta que vaya. Está bueno ir generando ese cambio; romper un poco el hielo, que caigan un poco los prejuicios con la animación, y que una sección apoye a la otra. En Colombia la película compitió en una sección de cine con películas muy buenas y perfiles absolutamente distintos; había más intelectuales, documentales, competían todas. Y AninA ganó a Mejor Película porque el Jurado se conmovió, se divirtió, aplaudió.

¿Cómo ves el panorama de la animación en Latinoamérica?

Creo que hay una situación muy singular, no solamente en Latinoamérica, si no en todo el mundo: la animación de corte independiente y de autor es algo que se está explorando, con irrupción de técnicas nuevas y posibilidades de hacer a menos costo, cada vez hay más gente que se dedica a hacer más animación. Hay una búsqueda de desarrollar una industria, con posibilidad de desarrollar comercialmente ciertos productos, con distintos tipos de calidades. Por un lado está esa visión de que la animación tiene mercado, de que las películas para niños son taquilleras. Existe esa modalidad y, por otro lado, existe lo que siempre estuvo, capaz en Alemania, Canadá y Francia, y que acá es más nuevo, que es la producción independiente. Veo un incipiente mundo de la animación independiente, de hace 10 años a esta parte, y con algunos ejemplos históricos que han ido marcando un camino, y por otro lado ese vaivén entre intentos y posibilidades reales de generar una industria de la animación, sobre todo por los costos que tiene.

En Uruguay ha habido algunos proyectos, que todavía no se han llevado a cabo, y se ha incentivado mucho la producción de cortos de animación desde el Instituto del Cine. Se nota una intención de estimular la inclusión de la animación en el mundo del cine.

AninA tuvo estreno comercial en Uruguay... ¿y en otros países?

En Argentina no sabemos si tendrá estreno comercial; es una de las cosas que puede llegar a surgir luego de estar en BAFICI. En Colombia seguro, a mitad de año, y también estamos hablando con algunos países en Europa, como Francia.

 

 


PLANETA SODERGUIT


Alfredo Soderguit nació en Rocha, Uruguay, en 1973. Desde 1998, ha ilustrado casi cuarenta libros infantiles, tanto en su país como en Argentina y Noruega. En 1999 fundó el colectivo artístico SO (Symbolic Operation), y en 2005 el estudio Palermo Animation junto a Alejo Schettini. AninA es su primer largometraje como director.

+info: http://www.palermoestudio.com/



Sobre la película

AninA (2013) es un largometraje animado co-producción Uruguay-Colombia, dirigido por Alfredo Soderguit y basado en la novela “Anina Yatay Salas”, de Sergio López Suárez. Amparada por la magia de su nombre capicúa, Anina –en primera persona- relata cómo afronta las contrariedades que la vida escolar y familiar le proponen diariamente.

La película ha sido proyectada en la sección Generación de la Berlinale 2013, en Alemania; ha participado del FICCI (Festival Internacional de Cine de Cartagena) en Colombia, donde obtuvo los premios a Mejor Película y Mejor Director. Recientemente fue exhibida en la 15° edición del BAFICI en Buenos Aires, en las secciones Baficito y en la Competencia Internacional, donde obtuvo el Premio del Público a Mejor Película Internacional.

+info: http://anina.com.uy/


Podés ver el trailer de AninA haciendo click aquí

 

 

 

 

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