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01-04-2007 |

Cultura - Madres y Padres

Aire para los chicos

Luis María Pescetti, Julio Calvo y Daniel Viola demuestran que la radio también es cosa de chicos. En tiempos de preeminencia de la imagen, cultura de video clip, juegos electrónicos, teléfonos con pantalla y música para mirar, estos artistas coinciden en celebrar la magia de las palabras y la fantasía del mundo de los sonidos.

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Por Marisa Rojas

 

En el cable se multiplican las señales infantiles, el cine de animación para niños crece aceleradamente, las PC's invaden los cuartos de los pequeños, los celulares ofrecen pantalla color con juegos interactivos y los discos ceden lugar a los DVD's, las imágenes se instalan así omnipresentes.

 

Sin embargo, durante el 2006, y por primera vez, la radio en amplitud modulada, esa frecuencia que se escucha en (casi) todo el país, cobijó un fenómeno bien distinto: el desarrollo y la excelente recepción de tres interesantes y divertidos programas radiales para chicos. Hablamos de: Vampiro Negro, el programa de Luís María Pescetti -musicoterapeuta, cantautor y escritor- que desde el 2002 se emite por AM 870, Radio Nacional (Sáb. 13:30 hs.); Taracatá, el ciclo de Julio Calvo -fundador e integrante de Los Musiqueros- que desde el 2005 se escucha por AM 1110 Radio Ciudad (Dom. 10 a 12 hs.); y Pororó, el ciclo que durante el 2006 condujo Daniel Viola -docente, actor y director teatral, fundador del Momusi (Movimiento de Música para chicos)- por AM 530, Radio de las Madres.


Para el semiólogo José Luís Fernández -docente de la carrera de Comunicación de la UBA, autor de Los lenguajes de la radio (Atuel, Bs As, 1994)-: “La presencia de programas radiales para públicos específicos es estimulante (y debería ser estimulada) porque contribuyen a la riqueza de la oferta y de la interacción cultural y estilística. En el caso de programas radiales dirigidos al público infantil, estos son de un interés especial pues los niños, particularmente los más pequeños, conforman un público que todavía no ha fijado demasiadas costumbres discursivas y culturales y, por lo tanto, es estilísticamente vanguardista, utiliza más opciones que las comúnmente aceptadas. Por esto es que la presencia de una oferta de sonido hacia los chicos podría pensarse como una complementariedad en el mundo de la preponderancia de la imagen en el que habitan".

Un acercamiento (necesario) a los oídos bajitos


Para Pescetti: “Los chicos no mantienen una escucha constante ni invariable. Tienen menos costumbre de escuchar radio que los adultos, ciertamente, y cuando lo hacen, prestan atención sólo de a ratos. Pero yo no pienso en poner un ‘atrapapúblicos'. Me gusta la alternativa de tiempos y momentos, y la radio (me) permite eso, alternar los frentes de atención y abrir así otros espacios. Yo por ejemplo paso música que muchas veces debe aburrir a mucha gente, pero puedo hacerlo, porque en tal caso unos escuchan y gustan de escuchar unas veces y otros otras. La radio no está obligada al vértigo en que se ahogan otros medios, convirtiendo a todo en un video clip. En la radio el pensamiento puede tener una extensión que no es posible en la televisión. De todos modos, la radio es encantadora por sí misma y no por oposición".

 

Para Viola: “La radio es un medio ideal y fundamental para el trabajo por y con los chicos porque el eje está, debe estar, puesto en la escucha. La radio obliga a la escucha, el chico tiene que poner el acento en la escucha, cosa a la que, por ese dominio de la televisión en nuestra vida cotidiana, la televisión que es ese mundo de imágenes aceleradas, pues, es una costumbre que el niño no tiene. Escuchar implica la necesidad de completar con la propia imaginación, con los propios sueños y las propias ideas eso que se dice pero no se muestra, y eso es parte de la ‘magia' particular de este medio que es muy importante presentar a los niños porque habilita el desarrollo de un montón de capacidades de comunicación".

Dime que programas


Considerando que la radio es un medio ajeno a la mayor parte del público infantil de estos tiempos, que no es el oído sino la vista el sentido más estimulado y que la medida del éxito pasa hoy por ver y ser visto, ¿cuáles son las herramientas pertinentes para trabajar propuestas infantiles a través de la radio? ¿Cómo generar la atracción para la escucha? ¿Bastan la música y las palabras? ¿Qué rol juega el humor? ¿La diversión debe estar asegurada, también, desde el éter?


Fernández señala que: “Al menos hasta los 6 años, los chicos tienen gran inquietud auditiva y tratan de entender el mundo, también, a través del oído. La radio, que es un medio con características, restricciones, posibilidades y desde luego un lenguaje propios, es fuente de fantasía y correctamente explotada puede atraer la atención de los niños a través de, por ejemplo, textos de aventuras o deportivos, no necesariamente específicamente infantiles. Vale decir que un texto es infantil, en parte por su contenido, pero fundamentalmente porque construye realmente un público, más o menos extenso, pero centralmente infantil. Aunque no se lo considere un producto, esa debería ser la medida de su éxito social".

 

En Vampiro Negro y Taracatá, como también en su momento en Pororó, encuentran su espacio, al tiempo que parecerían ser las claves del ‘éxito', la denominada ‘música del mundo', la literatura infantil y juvenil más variada, los juegos de ingenio, los acertijos más incisivos y las adivinanzas más simples, las narraciones grupales y hasta ‘el otro' cine. Propuestas alternativas en un medio alternativo.

 

Al respecto, Calvo señala que: “El hecho de trabajar en radios públicas no es algo más sino casi 'fundamental' dado que al tratarse de emisoras no comerciales no debemos vender nada a nadie, los programas son cada uno en sí mismo el ‘producto', y como la radio pública está lejos de las exigencias de rating de la televisión y de las reglas de marketing del mercado, podemos trabajar tranquilos, sin presiones de auspiciantes, y evaluando cuidadosamente la calidad de cada propuesta a fin de ser coherentes con nuestra premisa de trabajo".

Todas las voces, todas


En todos los casos mencionados, y más allá de las diferencias que hacen al hacer mismo de cada conductor, la música, bien variada, parece ser el eje central. Y en ocasiones hasta pareciera haber una competencia implícita por quién pasa “la música menos escuchada" o “la canción más extraña".


“Hacer radio para chicos me permite dar a conocer mucho material. Radio Nacional es una radio que se oye donde no hay toda la música que debería haber, se trata pues de una tarea de difusión cultural importante", explica Pescetti. En el mismo sentido habla Viola, para el coordinador general del Momusi: “Siempre nos fue de mucha necesidad contar con un espacio para la difusión de la música, nuestra y de todos los artistas, más allá de disqueras, compañías internacionales y fenómenos televisivos".

 

También para Calvo la música es un eje central del ciclo: “No tenemos límites idiomáticos ni de época. Hemos pasado temas que duran más de los tres minutos habituales sólo porque nos pareció interesante que eso estuviera. La verdad es que yo personalmente no tengo ni idea si eso sube o baja la audiencia, sólo me parece importante que esté. El eje está puesto en la diversidad. Todas las voces posibles, todas las miradas posibles, todas las que yo pueda encontrar sobre cualquier tema, cualquier cosa que se nos ocurra tratar". En el 2006, Taracatá fue distinguido con el Premio Pregonero al Periodismo Radial por difundir la literatura entre los niños, pues entre sus contenidos, además de música en todos los idiomas, y porque la premisa de base es ‘la diversidad', se difunde, también, literatura de distintas partes del mundo.


Música y literatura, bien diversas ambas, son los elementos con los que las tres propuestas mencionadas trabajan para atraer los oídos chiquitos. El humor, sencillo, ingenuo y a veces hasta absurdo, podría señalarse como un tercer elemento. Y, en último lugar pero no por ello de menor importancia, la presencia de juegos, lo que no implica, necesariamente la presencia de premios. En realidad, en los casos de Pescetti y Viola, directa y explícitamente “no regalamos nada", dicen los conductores. Al respecto Calvo menciona que: “En nuestro caso, no dependemos de premios para atraer oyentes pero como muchas editoriales nos hacen llegar material para difusión, optamos por obsequiarlos a lugares donde sabemos hacen mucha falta: escuelas rurales, comedores comunitarios, bibliotecas barriales".


Cerca, sobre la base, pero lejos de las tradicionales propuestas para chicos de radios escolares, fm barriales o comunitarias, Pescetti, Calvo y Viola, como alguna vez hace ya muchos años María Teresa Corral, lograron hacer del éter un lugar para ser escuchado, también, por los chicos… ¿Cómo? “Jugando, divirtiéndonos, ese es el único modo de hacer serias y buenas cosas para chicos en cualquier ámbito, no sólo en la radio. Yo hago Taracatá con la misma herramienta que desde Los Musiqueros hacemos música para pibes, es decir, intentando jugar y divertirnos lo más posible", explica Calvo. Para Viola: “La herramienta fundamental es el asombro, el asombro propio de ese niño que fuimos, bucear en él y revivirlo y presentarlo a esos otros niños que están ahí del otro lado, para que eso les permita sumarse y saber que hay adultos que no queremos enseñarles nada, queremos simplemente acompañarlos".

A través de las propuestas de Pescetti, Calvo y Viola, y contra todo pronóstico del mercado, es bueno escuchar que cuando se trabaja con seriedad también la radio es un espacio necesario para los niños, pues, como alguna vez escribió Pescetti: “Hacer radio para niños enfrenta dos situaciones distintas, una es la propia del destinatario, es decir todo lo que tenemos que reflexionar cada vez que hacemos cosas dirigidas a los niños, ya sea en literatura, en danza, en filosofía, etc. El segundo punto es, obviamente, el medio. ¿A quién convencemos de hacer un programa de radio para niños? Pensar en conseguir anunciantes para un programa infantil de radio es muy difícil, y esto siempre y cuando hayamos convencido a la radio de que conceda un espacio dedicado a temas infantiles. La escasa valoración de la producción para niños es un problema generalizado. Hay dos ideas muy instaladas, y que no se han revisado debidamente. Una es: los niños no leen o leen cada vez menos; y la otra: los niños no oyen radio. Esto desemboca en que el medio ideal sea la televisión (…) Dentro de este panorama no es fácil encontrar quién quiera apostar por programas infantiles de calidad. Da la impresión que anunciantes, agencias y medios, viven muchas veces dentro de una burbuja que ellos se solazan en inventar y confirmar, pero nadie tiene derecho a limitar la oferta que recibimos".

 


Una sintonía mágica

por Carlos Ulanovsky*


“Cuando no existía la televisión, la radio atendía verdaderamente a los chicos, con infinidad de propuestas. No había emisora que no tuviera una cantidad de ciclos destinados a ellos, con personajes inolvidables como Victrolita, Tatín o los muñecos que creaban para chicos Los 5 grandes del buen humor o Niní Marshall. Pero lo más notable eran los espacios de ficción en los que en clave de radioteatro se recreaba la aventura: desde Sandokán a Poncho Negro hasta Peter Fox lo sabía y quienes fueron mis héroes para después de la escuela: Tarzán y Tarzanito (Iban de lunes a viernes de 18 a 18:15 hs. por Radio Splendid). Había también elencos de niños, que funcionaron como verdaderos semilleros de actores y actrices, como fueron La Pandilla Marilin o el grupo de Juancho. Lo que escuchábamos por la radio en nuestras casas luego lo reproducíamos, como juegos, en la calle de cualquier barrio. Después llegaron la tele y los dibujos animados y la radio quedó postergada para el público infantil durante muchos años. Julia Bowland con su inolvidable Chic Chac fue el intento que, sobre la base de la calidad, la imaginación y el talento, ayudó a recuperar el género en la década del ´80. En los últimos años los gustos radiales del público infantil vinieron demasiado pegados a la televisión, a la industria del disco o al negocio de moda. Para armar un clima infantil parecía bastar poner un disco de Carlitos Balá, de Gaby, Fofó y Miliki o de Pipo Pescador. Sin embargo, en los tiempos en que, sin apagar ninguno de los televisores de la casa, los chicos además manejan computadoras, MP3 y celulares, creadores notables como Julio Calvo y Luís Pescetti acometen el milagro de volver a sentar a los niños ‘adultizados’ de hoy al lado del receptor, retomando una sintonía de inventiva, ilusión y magia".

*Carlos Ulanovsky es periodista y escritor. Agudo analista de los medios de comunicación, publicó, entre otros, Días de radio (Varias ediciones), un libro donde a modo de homenaje repasa la historia de la radiofonía argentina.


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