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01-10-2004 |

Crianza - Madres y Padres

Abuelos y abuelas: Depositarios de la historia familiar

Son los encargados de transmitir la cultura y la historia familiar y quienes pueden compartir con sus nietos horas de juego y otras actividades sin la carga de la responsabilidad. Pero los abuelos de hoy no son como los de antes. Nuevas realidades sociales implicaron cambios en las formas tradicionales de la abuelidad que derivaron en un vínculo diferente.

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Por Ariel Saidón

 


Para un adulto mayor, ser abuelo significa la continuidad de la vida. La relación con sus nietos es una carga de energía vital y la posibilidad de reencontrarse con sus hijos desde otro lugar. Para los chicos, el tiempo que comparten con los abuelos es la oportunidad de aprender de su experiencia pero también de disfrutar. Es que al no tener la responsabilidad de la crianza los abuelos pueden compartir con ellos más libremente su tiempo.

“Como no se tienen que ocupar de la educación básica, de señalarles lo que está bien y lo que esta mal, el abuelo está ese rato para mimar, para acompañar, para compartir y, sobre todo, para disfrutar –señala la psicoanalista Nina Stein.- A mí me gusta mucho cuando veo a los abuelos paseando con los nietos en una plaza o en un shopping, o a los nietos mirándolos jugar a las bochas o al ajedrez... son momentos de compartir y de aprendizaje.”

Algunos especialistas dicen que la abuelidad es el momento de compartir el lugar de padre con otro. Pero así como padres y madres establecen vínculos diferenciados con sus hijos, las formas de relacionarse con los nietos es distinta entre abuelos y abuelas. Las diferencias de género y ciertas pautas culturales establecen normas de comportamiento para unos y otros. “En general, el abuelo se ocupa de una cosa más material y racional: le compra juguetes, le enseña su oficio, a jugar al ajedrez o a leer. Mientras que la abuela es más maternal y transmite un afecto corporal y primario. Es un dar y recibir por otro lado”, describe Stein.

Tradicionalmente la abuela era la que “ponía el cuerpo” en una suerte de actitud maternal para cuidar a sus nietos con amplia disponibilidad de tiempo y el abuelo, enseñándoles un oficio o compartiendo con ellos diversas actividades, les marcaba un camino. Sin embargo, en los últimos años, producto de los cambios que se generaron en la estructura familiar, se fueron modificando también las formas de comportamiento esperables de abuelos y abuelas.

Tal vez los cambios más importantes que se dieron en la relación abuelo-nieto los hayan protagonizado las mujeres. Producto de un nuevo reparto de poder dentro de la familia y las posiciones púbicas y privadas que han ido ocupando, al menos desde la década del ’60 en amplios sectores de la clase media, la imagen de la abuela que estaba todo el día en su casa, que tejía y cocinaba para sus nietos dio paso a una abuela más activa, que trabaja o tiene otras ocupaciones y deseos individuales.

“La abuela ya no es la ‘matrona’, señora de la casa....-observa la terapeuta familiar- El otro día recibí un mail maravilloso de una abuela uruguaya que compara a las abuelas de antes con las de ahora. Ese mail me encantó porque dice unas cuantas verdades. Dice que antes a la abuela se la llamaba Bobe o Nona, mientras que ahora se la llama Abu o preferentemente por su nombre. Antes la abuela hacía galletitas y ahora lleva a sus nietos a comer la Cajita Feliz. Antes la abuela tejía o cosía para los nietos y ahora habla de botox, lipoaspiración y todas esas cosas. Antes la abuela se ponía vestidos serios e importantes para las fiestas y ahora empieza a ir dos meses antes al gimnasio para que le entre el pantalón ajustado. Antes los nietos escuchaban a los abuelos y ahora los nietos les enseñan a usar la computadora. Antes las abuelas escribían cartas e iban al correo, ahora escriben e-mails...”

Pero más allá de estas observaciones, que la psicoanalista describe como “un cambio de look”, la diferencia está en que las abuelas ocupadas de ahora no tienen todo el tiempo disponible para la abuelidad y esto, necesariamente, genera un vínculo diferente. “En general, son abuelas que pueden estar una tarde, un mediodía o una noche por semana con su nieto”, cuenta Stein.

Sin embargo entre las abuelas “full-time” de antes y las abuelas ocupadas de ahora no hay grandes diferencias en lo que respecta a lo afectivo. “Usen pantalones ajustados o vestidos serios, las abuelas son las abuelas y van a seguir cocinando y contando cuentos, dando un afecto distinto que el que se le da a los hijos”.

Las transformaciones en lo que podría denominarse el código de género también influyeron en el comportamiento de los hombres y algunos abuelos cambiaron la forma de relacionarse con sus nietos, en consecuencia. Hoy es habitual encontrar a algunos yendo a buscar a sus nietos a la escuela, paseando con ellos en la plaza o, incluso, reemplazando a los padres en su cuidado, tareas que hasta ahora recaían sobre las abuelas mujeres.

Claro que no todas las transformaciones que se dieron en el rol de los abuelos responden a estas problemáticas. Existen también otras situaciones que crean complejidades en la relación de los abuelos con sus nietos y con sus hijos. Las transformaciones en el seno familiar, que incluye desde el fenómeno de las familias ampliadas hasta el de las parejas de gays y lesbianas, así como diversas situaciones sociales (abuelos que deben compartir el hogar con hijos y nietos o abuelos que son el sustento económico de las familias) influyen en la relación.

De todos modos, y más allá de los cambios que generen las nuevas situaciones sociales, los abuelos siguen siendo figuras de peso para las familias. “Lo importante de los abuelos es que son los depositarios de la historia de la familia, de la genealogía, de la cultura. Ellos tienen que contar anécdotas de su infancia, transmitir lo que vivieron, contar lo que saben y, claro, decir lo que sienten”, señala Stein


Bisabuelos

Cercana a la de los abuelos, la figura de los bisabuelos también representa la genealogía y la historia familiar. Pero, sobre todo, son el testimonio viviente de la finitud de la vida.

“Aunque son muy queribles, en general los bisabuelos son viejitos y muy frágiles. Son la presencia permanente de alguien que va a desaparecer. La noción de la vida y la muerte empieza con ellos. El bisabuelo es el representante de que como seres humanos somos finitos, es transmitir y enseñarle a los chicos que la vida se acaba.”


En la plenitud de la vida

La mayoría de las personas se hacen abuelos alrededor de los 50 años. En el caso de abuelos que trabajan, muchas veces están en el pico de sus carreras profesionales. Sin embargo, muchas veces se asocia a la palabra abuelo con la vejez. Una palabra aparentemente cariñosa, que desprovista de su contexto específico implica en realidad una despersonalización.

“Es un error considerar sinónimos a las palabras abuelo y viejo. El rol que te da la abuelitud no significa que estás descartado para la sociedad, al contrario. Para el adulto que está entrando en la tercera edad, ser abuelo es la continuidad de la vida”, sostiene la licenciada Stein.


Abuelas que tienden puentes

Un caso paradigmático de abuelas que se vieron obligadas a asumir otro rol es el de las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes no sólo debieron sufrir la pérdida de sus hijos sino también la expropiación de sus nietos. La lucha en defensa del derecho a la identidad es también su lucha por recuperar la propia herencia y garantizar la continuidad de su historia. “Esta es una muestra del vínculo importante que se establece con los nietos, representan la continuación de la vida, la herencia, todo lo que se les puede transmitir. Para ellas, esos nietos son todo, la razón de su vida, su esperanza en que puede haber justicia”, dice la psicoanalista Nina Stein.

Y para los jóvenes que recuperaron su identidad, el contacto con estas abuelas les permite mantener viva la memoria de sus padres, cerrar el círculo de su propia historia. “Vivir con lo silenciado no hace bien. La memoria tiene que ser memoria activa, una memoria que se pueda decir y hablar”, señala.


Para seguir pensando

Libros:
Los Nietos nos Miran, de Juana Rottenberg, Ed. Galerna.
Testimonios de abuelas y abuelos que hablan del amor por sus nietos, sus sueños y cuestionamientos.

Los Nietos nos Cuentan, de Juana Rottenberg, Ed. Galerna
Imágenes, sabores, alegrías y dolores en el recuerdo de diferentes nietos famosos a sus abuelos.
     

     

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