Abrir la puerta para ir a jugar - Educación - Madres y Padres - Revista Planetario

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01-04-2013 |

Educación - Madres y Padres

Abrir la puerta para ir a jugar

Maratones para niños, escuelitas de fútbol, equipos de hockey y gimnasia artística: la oferta deportiva para los más chicos vive una época de auge que cada día apuesta a más. Mientras, en la escuela, la materia que no necesita libros ni cuadernos también sostiene contenidos y objetivos específicos. Un análisis sobre la relación entre los chicos y el deporte.

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Por Gabriela Baby



Aunque hay excepciones, es raro que un chico urbano, de clase media y en edad escolar no concurra a algún tipo de entrenamiento físico (o físico-artístico, en el caso de las nenas que frecuentan clases de acrobacia y danza contemporánea). Quizá por moda, o para exorcizar la culpa que a sus padres provoca el hecho de vivir en departamentos y tener hijos expertos en Internet y otras pantallas, cada vez más se multiplican las actividades en clubes, gimnasios, colonias deportivas, equipos de entrenamiento y aledaños.


Se trata de actividades organizadas -con horarios y objetivos específicos- que de algún modo vienen a reemplazar a la plaza de otras épocas y al club de barrio de infancias pasadas, cuando los juegos en la vereda, la bici y el picadito en el baldío constituían la agenda deportiva de la semana.

Actividades que a pesar de incluir acciones tan necesarias para la niñez como correr, saltar, y competir también, y todos los beneficios físicos y sociales que implica practicar un deporte, tienen un plus que es necesario observar. Porque el aprendizaje de fútbol, natación, hockey o danza a cargo de un especialista va tallando un estilo particular de entrenamiento que puede ser más o menos exigente, más o menos flexible, más o menos competitivo. Y en esa variación puede estar el límite entre el disfrute y el entrenamiento excesivo.


MENS SANA IN CORPORE SANO
En Buenos Aires las diversas cadenas de gimnasios, que han desplazado al club de barrio con una oferta de grandes superficies prolíficas en aparatos de gimnasia y con amplios horarios de entrenamiento, ofrecen programas especiales para chicos. Desde colonias bajo techo y cerca de mamá, hasta clases especiales para menores.

La sección infantil de Megatlón, por ejemplo, levanta como bandera los irreprochables beneficios del deporte: “La actividad física contribuye a favorecer un crecimiento sano y equilibrado en el chico, con notorios beneficios desde un punto de vista físico, psicológico y social”, dice el vocero de esta red. “La práctica de un deporte le enseña a cumplir reglas, le ayuda a abrirse a los demás y superar la timidez, frena sus impulsos excesivos, produce un aumento generalizado del movimiento coordinado, aumenta sus posibilidades motoras, favorece el crecimiento de sus huesos y sus músculos, puede corregir malas actitudes posturales, potencia la creación y regularización de hábitos, desarrolla su placer por el ejercicio, crea hábitos de higiene y salud, le enseña a tener responsabilidades y estimula la integración entre pares y con los profesores”, enumera. Las opciones para los chicos acompañan horarios y ofertas de clases para los adultos. Nadie queda afuera.


DIME QUÉ HACES
En definitiva, el deporte es salud y además, está de moda. Las tendencias determinan desde los lugares donde practicarlo hasta la ropa y los accesorios, atravesando incluso actitudes y posturas de los cuerpos, y cayendo especialmente sobre las elecciones del deporte o disciplina a seguir.

Juan Madueño -regente del Instituto Superior de Tiempo Libre y Recreación  (ISTLYR) y profesor en el ISEF Nº 1 y en el profesorado universitario en Educación Física de la Universidad de Luján-, dice: “Un niño debería realizar actividad física de cualquier característica que quiera, con los recaudos necesarios y controlados por profesionales que sean especialistas en el tema. En sociedades consumistas como la nuestra, las elecciones estarán influenciadas por las modas, tendencias y los modelos que se sugieran en el entorno más cercano: en los círculos familiares, de compañeros de escuela o clubes”.

Según Madueño, “los varones prefieren los deportes de conjunto: el fútbol en primer lugar; el rugby, por Los Pumas; y el básquetbol, luego de la Generación Dorada. También hay quienes eligen disciplinas individuales como la gimnasia y el taekwondo, más ahora con los resultados de los Juegos Olímpicos de Londres. El tenis también está entre los elegidos, porque tenemos siempre cuatro o cinco tenistas dentro de los cien mejores”, explica, analizando la trama de la influencia de los campeones a la hora de elegir deporte de cabecera.

Para ellas, el éxito mundial y mediático también es una razón de peso a la hora de elegir un deporte: “Las mujeres, tienen preferencia por el hockey sobre césped, producto de los reiterados logros de Las Leonas, el vóley -por Las Panteras- y el básquet en una gran paridad. Entre las actividades individuales eligen el tenis, las diversidades de la gimnasia, la natación, y los deportes sobre patín”, describe.


¿A QUÉ JUGAMOS?
Pero la búsqueda de reconocimiento de los pares no sólo determina elecciones personales, sino también estilos, actitudes y hasta roles en los grupos. Y en la clase de gimnasia, quedan al descubierto.

Verónica Gómez, profesora nacional de Educación Física a cargo de varios grupos en los tres niveles escolares, dice: “Hoy en día, el pibe que no juega al fútbol queda relegado. Es el raro, el que no encuentra espacio en la vida social de ese grupo. Los más cancheros son los que juegan al fútbol y, en primer lugar, los que juegan bien. Además vienen con el look: la cresta, la remera, las zapatillas, todo de marca y último modelo”.

En el caso de las mujeres, Gómez distingue excesos y falencias: “En las nenas está todo muy centralizado en Bailando por un sueño: casi todas van a danza creativa, a danza árabe, acrobacia o comedia musical y tienen el modelo de las competencias de baile de la televisión. Y también traen el look: la pollerita corta, las mallas coloridas, las medias y la pose”.

Para esta profesora, como para muchos de los que trabajan en educación física, el exceso de lo técnico tiene sus riesgos: “El problema de estos chicos es que son torpes con sus cuerpos: no saben correr, no saben saltar, no tienen equilibrio, porque están metidos en un entrenamiento técnico donde se la pasan esperando en fila para probar una patada o un tipo especial de vuelta en el aire. Y se aburren. No se divierten y no tienen ganas de jugar, y eso es grave”, dice Gómez.

Laura Urteaga, entrenadora de natación y atletismo para chicos y grandes, señala algunos vicios técnicos: “Para entrenar a un nene en atletismo hay que hacerlo jugar: mancha, escondida, ejercicios de carreras. No podés hacerle hacer pasadas de cien metros: eso no lo motiva, lo aburre y lo cansa. Además, hay que respetar los tiempos de descanso. Los chicos se reactivan solos y hay que esperar a que vuelvan a tener ganas de correr. Pero lo más importante es que se diviertan, que se muevan y que les encante moverse. Hay un grave error de los entrenadores de natación, por ejemplo, que ponen a los nenes a nadar cientos de metros, tanto de espalda como de pecho o crawl. En vez de pensar una actividad para mejorar la técnica, los profes hacen que los nenes naden muchos largos, y se agotan, se cansan. Estos profes queman etapas muy rápido y cuando llega el momento competitivo, que es a los 18 años, el chico ya no quiere ni estar en la pileta”, argumenta la entrenadora, quien además es editora de una página web con información deportiva (www.ladeportista.com.ar).


EN LA ESCUELA TAMBIÉN
Sin guardapolvo, sin uniforme, casi como una hora de distensión, pero en realidad cargada de contenidos y con un currículum muy puntual, la hora de educación física tiene un peso específico y particular en la rutina de la escuela. ¿De qué se trata esta materia que no lleva libros ni cuadernos? ¿Qué contenidos tiene o debería tener?

“Yo trato de meter la plaza en la escuela”, explica la profesora Verónica Gómez. “Porque antes, hace dos o tres generaciones, los chicos sabían trepar, saltar, hacer equilibrio, columpiarse, balancearse. Podían además resolver una caída y sabían andar en bicicleta desde chicos. Hoy son cuerpos fofos, muchas veces mal alimentados, que no saben correr. Son torpes, se tropiezan, se caen y se lastiman. Y esto es porque no tienen calle. Entonces, propongo situaciones para hacer equilibrio, para embocar, para probar puntería, para correr y frenar, para lanzar pelotas, para columpiarse. Invento pruebas con diversos elementos: plano inclinado, colchonetas, pelotas chicas, pelotas grandes. Les propongo jugar y, sobre todo, divertirse, algo a lo que no están habituados”, reflexiona Gómez.

En la misma línea, Madueño sostiene: “La escuela debería brindar posibilidades para que los estudiantes puedan aprender las habilidades motrices básicas, el correr es una de ellas; el caminar, el lanzar, recibir, rodar, también. Los docentes de educación física deberíamos enseñar en las escuelas primarias y de iniciación deportiva los movimientos corporales elementales. También deberíamos poder reflexionar sobre lo que se ve del deporte en la sociedad. Porque la escuela es el lugar donde hablar de lo oculto, lo no dicho en el fútbol profesional, por ejemplo. Cada fin de semana suceden cosas sobre las que es necesario reflexionar, más allá de lo que se muestre en los medios de comunicación. Y también debe darse visibilidad a lo que acontece en otros espacios que no son del deporte profesional: torneos zonales o escolares, donde hay grandes logros que pocos conocen”.

Si de movimientos esenciales se trata, las propuestas pueden multiplicarse durante todo el año y con los distintos grupos de chicos. Gómez enumera algunas experiencias: “Yo hago hamacas con maderas y sogas que cuelgo de unos balcones internos que dan al patio de la escuela y practicamos equilibrio. También he probado jugar al vóley con pelotas gigantes, y es divertidísimo. He llevado patinetas al colegio para que prueben distintos modos de andar. Y llevé paletas y pelotas de ping pong. A veces, a los chicos les cuesta engancharse, se ponen críticos. Pero una vez que prueban, se entusiasman. Lo importante de la hora de educación física es compartir, es lo grupal, es el despliegue de cada uno como parte de un grupo. No me importa que sean genios, cracks o campeones de nada”, dice Verónica Gómez resumiendo el ABC de los contenidos indispensables de su materia.

Porque más allá de los cuerpos en acción -o más acá- están los individuos que intercambian experiencias, acciones, conocimiento, vivencias y pasiones en una etapa tan determinante y vital como es la niñez.


APRENDER, PARA PODER JUGAR
En La formación docente en educación física, los autores Silvia Ferrari, Nidia Corrales, Jorge Gómez y Gladys Renzi (Ed. NOVEDUC) señalan: “El juego es una actividad espontánea, placentera, libre de una utilidad concreta, que guarda un cierto orden dado por reglas, que se constituye en el principal hacer de la vida infantil. También es creación, tolerancia, respeto, compromiso y su enseñanza permite la apropiación de valores democráticos. El juego es el resorte que posee el niño para impulsar por sí mismo su desarrollo y crecimiento, independientemente de estímulos externos. Por ese motivo, el juego es enormemente motivador, porque logra que el niño se entregue plenamente y sin reservas a la acción que entraña el propio jugar. A partir de reconocer estos valores intrínsecos en el juego, es que se lo considera como un contenido socialmente significativo y se lo incluye como uno de los medios con los que la educación física interviene en los procesos de enseñanza y aprendizaje”.

El texto despliega algunas perspectivas sobre la enseñanza de la educación física y propone alternativas para revalorizar el juego. Para los autores, el docente de educación física debe: “presentar propuestas de juego en las que realmente exista la posibilidad de disfrutar de la oportunidad de jugar con otros. Necesitamos dejar de pensar qué se puede enseñar a través del juego y, en cambio, reflexionar sobre qué es lo que los alumnos precisan saber para poder jugar con otros. Necesitamos revisar la didáctica del juego y del jugar”.

Lejos de la técnica, de las modas, de las exigencias. Porque se trata solamente del gusto por el movimiento y del placer de compartir. ¡Y que siga el juego!

 


 


¡ATENCIÓN, CAMPEONES!

“La motivación y la presión están separadas por un hilo muy delgado”, dice Marcelo Roffé, psicólogo especialista en deporte, en su libro Mi hijo el campeón (Lugar Editorial). Roffé, presidente de la Asociación de Psicología del Deporte de Argentina y autor de varios libros, trabaja sobre esa delgada frontera en la que el entusiasmo de padres y madres por el deporte que practica el hijo puede atravesar cierto límite saludable y convertirse en un elemento nocivo. “Todos los beneficios de la actividad física no son automáticamente transmitidos por la mera participación en el deporte sino que deben ser cuidadosamente planificados y reforzados por los adultos. Esto es posible cuando el entorno, ya sea padres, maestros o entrenador, respetan la natural maduración del niño, los intereses y las capacidades. En cambio, cuando los padres o el entrenador están movidos por otros intereses, como ver a Mi hijo el campeón, es decir, buscar el triunfo a cualquier precio, porque creen que ganar es lo más importante o lo único, los tiempos y la evolución natural se aceleran y aparecen las presiones”.

En este sentido, el texto de Roffé es claro: “Se presiona a un chico cuando se le exige más de lo que puede dar. Por ejemplo, cuando dice que está cansado y el padre le pide que vaya a su clase de deporte o a entrenar igual. El niño se agota y empieza a sentir que es inútil, ya que no está preparado para responsabilizar a los padres o al entrenador por sentirse cansado o agotado, porque ve a los mayores que lo conducen como perfectos o dueños de la verdad, con lo cual ‘el malo' es él. Otro ejemplo es cuando tenemos un chico tranquilo al que no le gusta practicar el deporte preferido de su padre pero sí ir a la pileta, por ejemplo, cosa que el padre no acepta y lo presiona para que practique aquel deporte. También tenemos un caso de presión cuando se descubre una promesa, un chico muy talentoso por ejemplo en el fútbol, al que no le interesa desarrollarse competitivamente sino tomar el deporte como un pasatiempo y sus padres o entrenadores insisten y le hablan de su talento a cada momento. También hay padres con doble mensaje, que le dicen al hijo que debe ser buen compañero y portarse bien y en la cancha le piden que sea agresivo, que le dé con todo al contrincante”.

 

 

Tags: juego

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