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01-06-2006 |

Crianza - Madres y Padres

Únicos en la crianza

Para cualquier papá, cada uno de sus hijos es único. Aunque parecidos, nunca un niño es igual a otro. Sin embargo, hay muchos hogares donde la 'unicidad' es una característica todavía más real, aunque siempre distinta. Entre mitos, estigmas y temores varios, los hijos únicos suman cada vez más.

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Por Marisa Rojas

 

A comienzos del siglo XX las familias argentinas estaban compuestas, en promedio, por mamá, papá y cinco niños. Hoy, a principios de siglo XXI, las parejas tienen, en promedio, dos hijos. No obstante, y aunque la 'familia tipo' sigue siendo el patrón cultural de referencia, las familias con un solo hijo también son un número importante: alcanzan un 12 por ciento del total de hogares del país, es decir, un millón doscientas mil casas. En tanto, en el mundo el porcentaje de parejas con hijos únicos oscila entre un 20 y un 30 por ciento. Y en todos los casos, la tendencia va en aumento.

Tradicionalmente las parejas con un único hijo debían tal situación a algún impedimento físico de uno o de ambos padres para engendrar más niños y, aunque de modo excepcional, a políticas demográficas (como las que en 1948 y a finales de los ´70 instauraran los gobiernos de Japón y de China, respectivamente). Sin embargo, en el nuevo siglo son otras las razones por las que las familias con un sólo hijo son una realidad cada vez más difundida. Entre otros factores, el desarrollo profesional de las mujeres, el retraso en la edad en que las parejas deciden tener hijos, mayores exigencias económicas, así como una conciencia crítica respecto a las responsabilidades que implica la crianza de un niño, han confluido para que hoy tener sólo un hijo sea la decisión de muchas parejas. No obstante, y aunque se trata de familias con las mismas alegrías y tristezas que las 'familias tipo', estigmas y mitos varios continúan rodeando la vida de las familias de tres.


Decisión tomada


"Las familias con un solo niño son cada vez más frecuentes, no obstante el tema del hijo único despierta inquietud porque culturalmente se ha privilegiado el núcleo familiar formado por el matrimonio y dos o más hijos.", señalan las psicólogas María Elena López y María Teresa Arango, en su libro El Hijo Único.


Para la licenciada María Ester De Palma, miembro de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (SATF): "Tener un niño es una gran responsabilidad, los chicos requieren de mucho tiempo de la vida de sus padres. Por eso, se trate de hijos únicos o no, lo importante es que los papás estén de acuerdo en que así sea, que vivan con alegría su 'ser padres'. La presión social sobre los padres siempre está, por cuántos hijos tienen o por cómo los crían, lo importante es poder ser concientes de su realidad y vivirla en plenitud, ya sea porque no pueden engendrar más niños o porque han decidido no tener más hijos".


En relación al sentimiento de 'culpa' que manifiestan atravesar los padres de hijos únicos, el licenciado Hugo Pisanelli, presidente de Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires, señala que: "Se cree tener culpa porque se está haciendo algo que el contexto dice que no se debe hacer, pero en realidad se siente culpa porque ese hijo -único- demanda cosas que los padres no le pueden dar. Cuando un chico dice: 'Me aburro', el padre y la madre pueden atender a ese aburrimiento un tiempo pero no siempre. Y entonces los padres terminan pensando que si le hubieran dado un hermanito su hijo no se aburriría. La culpa real pasa por la decisión tomada o por el impedimento para tener más hijos. Las parejas deben saber que no es obligatorio tener hijos, y los padres, que no es obligatorio tener más de uno. Vale la felicidad con que se es, por ejemplo, padre".


Por su parte, y ante las presiones de la sociedad, López y Arango ponen énfasis en destacar que: "Tener un solo hijo no es mejor ni peor que tener varios hijos, puede ser un hecho positivo o negativo dependiendo del entorno familiar tanto como del modelo de crianza. Es muy importante, para poder vivir plenamente la crianza del hijo único, entender que, aunque ciertamente es diferente, ese hijo no es 'anormal'. Los hijos únicos no están obligados a desarrollar ningún tipo particular de comportamiento porque crezcan sin hermanos. Cuestiones como que los niños sean en extremo dependientes de sus padres, que se los complazca en todos sus deseos, que resulten introvertidos o que actúen egoístamente no son características propias ni exclusivas de los hijos únicos. Cuando estas actitudes se presentan en un niño se deben más bien a la manera como los padres los educan e imparten en ellos disciplina".

 

Se dice de mí


No obstante, los mitos que históricamente han rodeado a los hijos únicos, permanecen. Se dice de estos niños que son sobreprotegidos, consentidos, malcriados y que esto los vuelve egoístas y manipuladores, que les es difícil compartir actividades con otros niños y hacer amigos fuera de casa, que prefieren más que otros chicos la soledad. También se habla de una sobrexigencia por parte de los padres de hijos únicos respecto del desempeño de estos.


Para Pisanelli: "Una atención absoluta y exclusiva enferma a todo niño, hijo único o no. Cuando se trata de un solo niño recibir todos los mimos suele ser más pesado aún porque de algún modo implica cargar con la responsabilidad de ser la alegría del hogar, pero en realidad el hijo único puede ser tan consentido como cualquier otro niño al que no se le pongan límites o no se le sepa decir 'no'". Por su parte, De Palma comenta que: "Es cierto que los papás de hijos únicos suelen exigir a sus niños más que otros padres. Sucede que todas las fantasías del padre y de la madre están puestas en una sola persona mientras que cuando hay más de un hijo las expectativas se reparten. De todos modos, es algo relacionado más con el grado de madurez de los padres que con el hecho que el niño sea hijo único o no".


Para López y Arango, y en relación al estigma que habla de los hijos únicos como tímidos o poco sociables, "Crecer sin hermanos no es necesariamente un problema, no significa que no se puedan experimentar sentimientos que generalmente surgen en la relación fraternal o que uno no se pueda socializar. Los mismos sentimientos pueden surgir con un primo, un compañero de colegio o un amigo del barrio. Sí es importante abrir a los hijos únicos las oportunidades de socialización desde los primeros años".


¿Me regalás un hermanito?


Y aunque no haya reglas para la crianza y cada familia sea particular, sí existen algunas situaciones comunes en la vida de los hijos únicos sobre las que los entrevistados pueden dar algunas pistas para andar. Una instancia muy particular en la vida de los hijos únicos es el momento en que, como todos los niños alguna vez, piden 'un hermanito'. Para De Palma: "Es una instancia en la que es fundamental decir al niño la verdad en un lenguaje adecuado a su edad y que él pueda comprender, ya sea que se haya elegido no tener más hijos o que no se pueda tenerlos. Es muy importante también remarcar los recursos con los que sí se cuenta, por ejemplo: 'Decidimos tenerte sólo a vos y estamos felices con esa decisión, con quién sos y con la hermosa familia que formamos. Vos vas a la escuela, tenés muchos amiguitos, están tus amigos de la colonia, etc', es decir, tratar de no invitar a la frustración al chico"

 

Todos únicos


Pero no sólo crecer sin hermanos define la condición de hijo único de un niño. Aunque suene extraño, la unicidad presenta múltiples formas. Hay hijos únicos de madres solteras, hijos únicos de papás separados, hijos únicos de padres divorciados que forman nuevas familias con señoras o señores que tienen sus propios hijos, así, hay hijos únicos con hermanastros y también con medios hermanos, con hermanos por parte de mamá, de papá… o de ambos. Y hay hijos mayores que tienen hermanos luego de un largo tiempo, así como hijos menores que nacen muchos años después que sus hermanos y entonces, esos niños crecen siendo hijos únicos. Pero como señala el refrán popular: "cada casa es un mundo", y como destacan, en coincidencia, los profesionales: "no existen recetas, se trata de que cada familia encuentre su particular forma de criar a sus hijos".

En tanto, entre lo distinto y particular pero cerca también de lo por todos compartido: el amor de papá, las caricias de mamá, los consejos del abuelo, las tortas de la abuela, crecen nuestros hijos únicos.



Cuestión de límites


Establecer límites siempre resulta inquietante. En el caso de los hijos únicos, que crecen sin hermanos con quien medir responsabilidades o dividir atenciones, donde la permisividad y la satisfacción de todos los deseos parecerían ser un riesgo mayor que en los casos de familias con más hijos, el tema adquiere una relevancia particular: "Cada hijo único necesita saber lo antes posible que él no es el centro del universo, que las personas no están a la espera de sus órdenes (…) Es importante hacer entender al niño que cualquier trato, condición u objeto que se le dé tiene un límite (…) La ausencia de reglas es lo que contribuye a aumentar las probabilidades de que ese niño desarrolle comportamientos inadecuados y termine volviéndose ese ser rebelde, intransigente y dependiente que tanto temen formar los padres de hijos únicos", escriben López y Arango en su libro. En tanto, para Pisanelli: "El problema de poner límites es un problema de los padres que no varía si los chicos son hijos únicos o no. Padres con dificultades para establecer límites a un hijo único también encontrarán difícil hacerlo con más hijos. Hay que poder definir cauces en la vida de los niños. No hay que consentirlos en todo. Muchas veces los padres de hijos únicos viven bajo la culpa de no haberle dado un hermano a su niño y por eso le ofrecen cosas materiales todo el tiempo pero así lo único que logran es que ese chico crea que puede tener y hacer todo, y así el pibe termina no deseando nada en particular porque no tiene necesidad de nada en especial".

También De Palma sostiene que el problema de los límites es una dificultad propia de los adultos que no tiene que ver con la condición de unicidad de los hijos: "Poner límites inquieta porque los adultos no tienen la claridad suficiente para comprender que a los niños se les puede, y debe, decírseles que 'no'. Hay que ayudar a que todos los hijos moderen su espíritu y a que aprendan a tolerar las frustraciones, el niño que por ser hijo único no 'compite' con un hermano por un juguete deberá de adulto competir por un trabajo o aprender a compartir espacios con amigos o con su pareja y es importante que tenga conciencia de esto desde pequeño".

 


Para seguir leyendo:


El hijo único, María Elena López y María Teresa Aranombia.
Bogotá, Colombia, 2002.


Por mayor información:

Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires.
4826-9614. www.ppba.org.ar
SATF (Sociedad Argentina de Terapia Familiar).
4962-4306 / 4966-1333. www.terapiafamiliar.org.ar

Producción Periodística: M.R.

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